DISCURSO DE HITLER EN LA INAUGURACIÓN DE LA :
"SEGUNDA EXPOSICIÓN ALEMANA DE
ARQUITECTURA Y ARTES APLICADAS"

Al igual que en otros países, también en Alemania las exposiciones de arte eran antes un fenómeno muy frecuente, pero se trataba, sobre todo, de muestras dedicadas a las obras plásticas y pictóricas. Muy raramente se visitaban muestras en las que se expusieran proyectos arquitectónicos. Solían ser proyectos para concursos que, generalmente, nada tenían que ver con objetos efectivamente proyectados para la realización.
A partir de este año, exponemos en Alemania obras de arquitectura y de artes aplicadas. Pero estos trabajos no son expuestos con la intención de deducir del juicio del público elementos útiles respecto a la oportunidad de su ejecución; pretenden en cambio, mostrar al pueblo, es decir, al artista, al comitente y a las masas en general, las obras cuyo proyecto está ya en fase ejecutiva.
El éxito del público de la primera exposición que tuvo lugar este mismo año fue extraordinario. Sin embargo, no es esto lo más importante.
En primer lugar, el pueblo debe ver qué se construye y cómo se construye. Esperamos con ello que también el ojo del pueblo llegue a comprender qué infinita diligencia e inmenso trabajo se despliegan en estas construcciones.
Con anterioridad, muchas personas se sentían en mayor o menor medida autorizadas a ejercer ante tales obras una crítica que puedo sin más calificar de apresurada y superficial. Esta crítica ha atormentado a muchos grandes e importantes arquitectos y, en algún caso, les ha llevado incluso a la muerte.
Esto se halla en estrecha relación con el hecho de que a las masas sólo en una mínima proporción les es permitido volver la mirada hacia la desmesurada cantidad de trabajo que tales construcciones entrañan, con el hecho de que estas masas azuzadas por pedantes críticos profesionales, caen con demasiada facilidad en el error de criticar, sin reparar en la inmensa carga de trabajo, de esfuerzos y penalidades que pesan sobre aquellos a quienes debemos estas obras.
El pueblo debe ver con sus propios ojos, a través del desarrollo de estas obras, qué inmensa diligencia se requiere para proyectar obras tan poderosas y llevarlas a término con escrúpulo y cuidado hasta en los más mínimos detalles. Entonces él se detendrá con devoción y reverencia ante estas monumentales creaciones colectivas y será además educado en nuestras específicas concepciones artísticas.
Pero el segundo motivo es el de permitir a los propios artistas aprender.
Puesto que generalmente el artista tiene una idea sólo de lo que está ya construído.
Si se quiere imprimir a una determinada época una impronta estilística unitaria, es importante que los artistas puedan conocer recíprocamente las obras ya in fieri, para así aprender los unos de los otros. Porque en el campo artístico no pueden existir patentes. Obviamente, debe constituir un motivo de orgullo para todo artista lograr enriquecer el contexto cultural con elementos propios. Sin embargo, es importante que esto no suponga una confusión, sino que resulte un conjunto coordinado, del mismo modo que el cuerpo de la Nación puede y debe representar una estructura unitaria.

El arte de nuestro nuevo Reich debe caracterizarse por una homogeneidad tal que en los siglos por venir se pueda reconocer sin la menos vacilación que se trata de una obra del pueblo alemán y de esta nuestra época. Pero para que esto ocurra es necesario que los artistas se dejen influenciar y enriquecer por las obras de los demás ya desde la concepción de las mismas, de forma que su visión se ensanche y alcancen a calibrar la grandeza de las tareas que esta época exigen en base a las soluciones ya existentes y al modo con que los demás las han afrontado.
En tercer lugar, ¡incluso el comitente sacará sus enseñanzas ! También él podrá extraer una orientación y podrá sin duda verse enriquecido, gracias a estas exposiciones podrá hacerse una idea de cómo pueden ser concebidos y llevados a término grandes objetivos.
A este respecto alguien podría objetar: ¿pero es verdaderamente posible construir hoy? Ciertamente, queridos compatriotas, es indudable que nuestra actividad constructiva, como todo lo que realizamos en nuestro Reich, no está sólo determinada por la oportunidad específica, sino que, está sometida también a ineluctables exigencias generales.
Este año, por ejemplo, para asegurar la paz en nuestro Reich, ha sido necesario sustraer muchos centenares de miles de trabajadores de las canteras del interior del Reich para emplearlos en la construcción de nuestras fortificaciones del oeste. Ello ha comportado ciertas dificultades en algún caso. Pero se trató de un hecho transitorio. La fuerza de trabajo actualmente empleada en las grandes construcciones militares, cuarteles y fortificaciones refluirá y quedará totalmente disponible para los demás trabajos.
Lo que en verdad importa es que nuestra actividad constructiva y el desarrollo de nuestras ciudades sean, antes que nada, escrupulosamente meditadas y planificadas. En las obras aquí expuestas no debéis ver el resultado del trabajo realizado entre la exposición precedente y la actual; en ellas se concreta el trabajo de mucho, muchos años, proyectos que, en lo que a mí respecta, pueden incluso remontarse a decenios de actividad y, en lo que concierne a su concreta elaboración, pueden abarcar años de cuidadísimo trabajo. Puede ocurrir que los modelos expuestos deban sufrir ciertas modificaciones que apenas se podrán realizar a escala 1/1, o bien que sea necesario introducir correcciones en la fase final de los trabajos.
Lo que estáis viendo aquí no es, pues, el fruto de un día de trabajo, sino de un año de plena dedicación, en el que se han estudiado los problemas hasta el más mínimo detalle. Debemos decírselo abiertamente a los supercríticos que, sin conocimiento de causa, pretenden emitir apresurados juicios.
Cuán necesario es elaborar en profundidad los grandes objetivos urbanísticos e algo que deberían tener muy presente ciertas administraciones locales y ciertas empresas privadas que declaran poder elaborar unos planos, pero que no están en condiciones de iniciar  las obras correspondientes. Hay que responderles: "Vuestros planos no están todavía en condiciones de ser iniciados, debéis elaborarlos primero durante dos o tres años. Haced ante los modelos oportunos y no penséis que vuestros primeros modelos bastan para pasar a la ejecución. Ni siquiera las obras de los más grandes maestros nacen en un día".
Si nuestras autoridades públicas y nuestras empresas privadas estudian en profundidad los problemas constructivos, y si el tráfico urbano es analizado y resuelto correctamente transcurren años antes de que se concreten en proyectos verdaderamente dignos de ser realizados. Creedme. Una vez estos proyectos sean considerados dignos de ser realizados, podéis estar seguros de que no faltará ni mano de obra ni materiales para su ejecución.
¡ También nosotros hemos trabajado en ello ! Deseo citar sólo un proyecto: el del nuevo teatro de la ópera de Munich. Durante muchos años se ha trabajado en él y ahora va adquiriendo gradualmente forma y estructura. Mas todavía falta mucho hasta que esté definitivamente listo para su ejecución. Y esto es igualmente válido para los grandes edificios de Berlín y para los proyectos de las restantes zonas del Reich.
¡ No olvidemos jamás que nosotros no construimos para el presente, sino para el futuro !
Por ello, hay que construir de una manera que sea grande, sólida y duradera y, consecuentemente, digna y bella. El cliente o el arquitecto a los que en un momento dado, una tontería arquitectónica les pueda parecer sobresaliente o interesante, deben pensar si su proyecto puede resistir la crítica de los siglos. ¡ Esto es lo importante !
Decirlo es fácil, pero de hecho existen innumerables ejemplos de trabajos en los que no se ha pensado en ello, trabajos que no corresponden  al fín asignado y que, por tanto, no satisfacen el objetivo propuesto ni mucho menos lo podrán satisfacer en un futuro lejano.
También ahora voy a limitarme a un solo ejemplo. En Alemania hay aproximadamente 40 millones de protestantes. Estos protestantes han construido en Belín una catedral que sirve de iglesia central en la capital del Reich Alemán para los tres millones y medio de practicantes que allí residen.
La catedral tiene una capacidad de 2450 asientos, numerados, para las más eminentes familias protestantes.
¡Compatriotas ! Y esto sucede en la época del llamado desarrollo democrático. ¡Tanto más democráticos tendrían que ser las iglesias que se ocupan de las almas y no de corporaciones o clases ! Resulta muy difícil comprender cómo una iglesia central con 2450 asientos puede atender las necesidades espirituales de tres millones y medio de personas. Las dimensiones de este edificio, compatriotas, no están condicionadas por la técnica constructiva. Este edificio es el resultado de una concepción arquitectónica tan mezquina como irreflexiva. En realidad esta catedral debería poder acoger a 100.000 personas. Seguramente se me objetará, ¿creéis que se llegarían a congregar en ella 100.000 personas?.
Contestar a esto no es una cuestión mía, sino de la Iglesia. Pero comprendereis que nosotros, que constituímos un auténtico movimiento popular, debemos tener en cuenta al pueblo en nuestros edificios, debemos construir salas que puedan albergar a 150.000 ó 200.000 personas. Es decir:
Debemos construir edificios tan grandes cuanto las posibilidades técnicas actuales lo consientan, y debemos construirlos para la eternidad.
Otro ejemplo, esta vez referido al teatro. Una pequeña ciudad de 15-20.000 habitantes, erige hacia 1800 un teatro con capacidad para 1200 personas. Posteriormente, interviene la policía encargada de la seguridad de los edificios y comienza a limitar, por motivos de seguridad, el número de espectadores. Pero en el mismo período el número de habitantes se eleva a 100 ó 150.000, con lo que el espacio hábil para los espectadores disminuye mientras que el número de habitantes crece incesantemente. En un determinado momento surge la necesidad de construir un nuevo teatro y he aquí que el nuevo teatro para esta ciudad de 130.000 habitantes tiene una vez más capacidad para 1000-1200 personas, exactamente la misma cantidad que hace cien años podía albergar el viejo teatro.
Pero se olvida que entretanto nuestros compositores - citemos por ejemplo a Richard Wagner - han aumentado el número de instrumentos de 15 a 60, que con coro y comparsas han crecido también, y sobre todo que los dispositivos técnicos requieren muchas más personas, de modo que hoy este teatro cuenta con 450 ó 500 personas entre mayoristas, coristas, solistas, bailarines y bailarinas, en total 450 ó 500 trabajadores, ¡ y mil personas para ver el espectáculo ! Esto significa que, ¡ cada dos espectadores deben costear a un ejecutante ! Una cosa así quizá fuera concebible en una época capitalista. Entre nosotros, esto no es posible, porque debemos mantener nuestros teatros con los medios del pueblo.
Si es, pues, necesario que nuestras masas entren en nuestros teatros, éstos deben tener una dimensión adecuada.
¿Cómo, se puede objetar, queréis construir un teatro de la ópera con 3000 asientos ? "Ciertamente, podremos aumentar esta capacidad porque queremos que la participación popular pueda expresarse a través de miles y miles de personas".
Esto mismo es válido para otros edificios. Hoy oímos decir a menudo a propósito de edificios estatales, edificios comunales, etc. que apenas el edifico esté terminado, ya será demasiado pequeño. Señores, es necesario reflexionar sobre este punto, reflexionar desde el principio sobre las necesidades que se presentarán en un futuro humanamente previsible para así adoptar medidas justas.
A este propósito quisiera recordar que una actividad constructiva verdaderamente monumental comporta una sagaz y útil limitación del crecimiento de las instituciones públicas, que de otra forma provocaría en breve una proliferación cancerosa. Cuanto más monumentales son los edificios, cuanto más grandiosa es su concepción, tanto más imponen por sí mismos un límite a la extensión de la administración.
No hay nada peor que la competencia entre las administraciones a propósito del número de despachos. Así una administración declara: "¡ Nosotros tenemos 2300 en nuestro ministerio!", y en seguida, la vecina afirma: "¡ No podemos de ningún modo tener menos de 2600!". Esto depende del hecho de que se confunde el significado de estas instituciones, que asumen, estoy seguro, una función espiritual central, con el de sedes administrativas primitivas que no tienen nada que ver con la función de guía.
Es, pues, necesario que en el momento del proyecto se reflexione a fondo, sobre todo esto, que en nuestras ciudades no se trabaje sin planificación y en la confusión, sino que todos los problemas sean examinados unitariamente y así, lógicamente resueltos, es decir, que no se permita construir aquí y allá en el espacio urbano sin una planificación previa y sin finalidad, sino que todos los proyectos constructivos estén dispuestos según un orden.
Porque se puede construir de dos modos: en base al primero, cada uno construye como quiere y donde cree oportuno, en base al segundo se procede según una planificación, y este segundo modo de proceder proporciona soluciones arquitectónicas grandiosas y admirables.
Otra objeción es "¿Precisamente ahora debemos construir tanto?" ¡Ciertamente! Debemos construir ahora más que nunca, porque antes de nosotros no se ha construido nada en absoluto, o se ha construido a un nivel verdaderamente indecoroso.
Y no olvidemos que nos encontramos hoy en una época de gran renovación del pueblo alemán. Incluso quien no quería convencerse de ello, se ve obligado a admitirlo. Así es, en efecto. Para la posteridad, los años 1933, 1934, 1935, 1936, 1937, 1938, tendrán un valor muy superior al que hoy les es atribuido por algunos contemporáneos retrógrados.
Esta época será designada como la de más grande resurrección del pueblo alemán, la de la fundación de un potente, grande, fuerte, Reich. Estos años serán un día designados como los años de la exaltación de un movimiento al que se asignará el mérito de haber fundido ese conglomerado de partidos, categorías y confesiones que constituían el pueblo alemán, en una unidad de espíritu y de voluntad.
Una época semejante tiene no sólo el derecho, sino también el deber de perpetuarse en tales obras.
Si alguno pregunta: "¿Por qué construís hoy más que ayer? ". Yo sólo puedo responderle: "Construimos más porque somos más de los que éramos ayer".
El Reich actual es algo distinto del que hemos dejado atrás. No será un fenómeno efímero, porque no estará gobernado por individualidades, pocas personas o determinados intereses. Por primera vez en su historia este Reich alemán será gobernado por la conciencia y la voluntad del pueblo alemán.
Por ello merece plenamente que se le erijan esos monumentos que un día hablarán aunque los hombres callarán.
Además, esta arquitectura fecunda también a las demás artes, escultura y pintura. La verdad de esta afirmación la podéis sencillamente constatar en dos maravillosas esculturas aquí expuestas. Representan al partido y al ejército, y pertenecen, sin duda, a cuanto de más bello se haya creado nunca en Alemania.
También las artes aplicadas reciben de ella un gran impulso; por ello hemos asociado a la Exposición de Arquitectura Alemana la "Exposición de las Artes Aplicadas Alemanas".
Hoy quisiera dar las gracias en particular a aquellos artistas que, aunque no es posible citarlos individualmente, se han dedicado con infinita aplicación y con fervor inigualable a estas tareas. Existen innumerables personas que tienen una jornada laboral de ocho o diez horas, que cada día producen un determinado trabajo en un determinado tiempo.
Esto le es imposible al artista. El trabajo del que está preso no le abandona nunca, le persigue hasta el sueño. Está poseído por su trabajo y no se puede separar de él.
No podemos juzgar aisladamente todo lo que estos innumerables artistas alemanes han producido con una aplicación verdaderamente infatigable y con una fanática dedicación. Pero si el pueblo alemán no puede agradecerles uno a uno todo esto, yo, como portavoz del pueblo, quiero expresar esta gratitud.
Naturalmente, la gratitud eterna reside en la obra misma. De este modo el artista se asegura el camino a la inmortalidad. Muchos artistas se encuentran hoy en este camino, que un día lo encontraron y que prosiguen en él, os lo mostrará la exposición que yo ahora tengo el honor de abrir.