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15.- Los hombres no deberán preocuparse más de la selección de perros, caballos y gatos, que de levantar el nivel racial del hombre mismo.
16.- El matrimonio deberá hacerse posible a una más temprana edad y han de crearse los medios económicos necesarios para que una numerosa prole no se reciba como una desventura
17.- El Partido permitirá al niño más pobre la pretensión de elevarse a las más altas funciones si tiene talento para ello. Nadie debe tener automáticamente derecho a un ascenso. Nadie puede decir: "ahora me toca a mí". Precedencia de talento. No hay otra regla
18.- La mezcla de sangre extraña es nociva a la nacionalidad. Su primer resultado desfavorable se manifiesta en el superindividualismo de muchos.
19.- Los partidos políticos nada tienen que ver con las cuestiones religiosas mientras éstas no socaven la moral de la raza; del mismo modo, es impropio inmiscuir la religión en manejos de política partidista.
Las doctrinas e instituciones religiosas de un pueblo debe respetarlas el Fuehrer político mo inviolables; de lo contrario, debe renunciar a ser político y convertirse en reformador, si es que para ello tiene capacidad.
20.- Quien ama a su patria prueba ese amor sólo mediante el sacrificio que por ella está dispuesto a hacer. Un patriotismo que no aspira sino al beneficio personal, no es patriotismo.
Solamente puede uno sentirse orgulloso de su pueblo cuando ya no tenga que avergonzarse de ninguna de las clases sociales que lo forman. Pero cuando una mitad de él vive condiciones miserables e incluso se ha depravado, el cuadro es tan triste que no hay razón para sentir orgullo. Las fuerzas que crean o que sostienen un Estado son el espíritu y la voluntad de sacrificio del individuo en pro de la colectividad. Que estas virtudes nada tienen de común con la economía, fluye en la sencilla consideración de que el hombre jamás va hasta el sacrificio por esta última, es decir, que no se muere por negocio, pero sí por ideales.
21.- Luchar contra la orientación perniciosa en el arte y en la literatura.
22.- Es cuestión de principio que el hombre no vive pendiente únicamente del goce de bienes materiales. Es posible que el oro se haya convertido hoy en el soberano exclusivo de la vida, pero no cabe duda de que un día el hombre volverá a conciliarse ante dioses superiores. Y es posible también que muchas cosas del presente deban su existencia a la sed del dinero y de fortuna, más es evidente que muy poco de todo esto representa valores cuya no existencia podría hacer más pobre a la humanidad.
Estos eran los principios básicos del movimiento Nazi. Este movimiento propugnaba el socialismo como instrumento de justicia para el pueblo, pero lo condenaba como instrumento internacional de influencia política. El movimiento de Hitler coincidía con la aparente finalidad del socialismo teórico en el milenario y justo anhelo de barrer el abuso de las minorías y llevar la justicia social a las masas del pueblo, pero proclamaba enfáticamente que esto debería hacerlo cada nación en forma soberana, según sus costumbres, tradiciones, su religión y su idiosincrasia, sin atender consignas internacionales. Por eso el movimiento de Hitler se llamó nacionalsocialismo, término que se condensó en la palabra "Nazi".
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