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| Origen |
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En los años que precedieron la toma del poder, el N.S.D.A.P.
disponía de dos organizaciones paramilitares: las "Secciones de
Asalto" («Sturm Abteilung» o "S.A."); y los "Grupos de Protección
(«Schutz Staffel» o "S.S."). Como lo indican, por sus respectivos
nombres, la "SA" había sido creada para la lucha callejera contra
las brigadas armadas del Frente Rojo y la policía de la República
de Weimar, mientras que la "SS", tenía como misión proteger
a los jefes, las reuniones y los locales del Movimiento. Por supuesto,
en esta primera fase del proceso revolucionario, la ofensiva era mucho
más importante que la defensa y la SA desempeñaba un papel
preponderante.
La situación cambió una vez alcanzado el Poder. Ya no
había nada más que conquistar mediante la fuerza y por las
armas. Por el contrario, ahora era imprescindible asegurarse la protección,
no ya solamente del Partido, sino también del Estado; y, de modo
más general, de la Revolución. La SA tuvo que ceder el paso
a la SS, lo que algunos de sus jefes no aceptaron de buena gana. Esta situación
desembocó en la misma "Noche de los Cuchillos Largos", en la cual
HITLER sofocó violentamente, con la SS, un conato de sublevación
encabezado por ROEHM, Gregor STRASSER y otros. Esto aseguró, de
un modo definitivo, la supremacía del "Cuerpo Negro" («Schwarze
Korps»), dentro del Partido y del Estado. Supremacía esta
tanto más efectiva en cuanto que HITLER confió además
en el mando supremo de la policía, al mismo «Reichsführer-SS»
Heinrich HIMMLER. De esta forma, la fuerza de seguridad del propio Estado
pasó a depender de la sólida fuerza de seguridad del Movimiento.
Cuando Alemania, ante la guerra que visiblemente parecía se
aproximaba, ya empezó a rearmarse, sólo contaba con ese ejército
de cien mil hombres mal armados que el "Tratado de Versalles" le había
permitido conservar. Pero, éso sí, serían cien mil
hombres magníficamente instruidos, donde los meros soldados rasos
tenían una preparación similar a la de un buen suboficial
de otro país, y así habían sido seleccionados y bien
formados, por el anterior gobierno democrático... Muchos oficiales,
por otra parte, habían recibido su mejor instrucción en la
Unión Soviética. Por más que se hubieran reincorporado
oficiales y suboficiales de la Primera Guerra Mundial, casi todos rozando
los 50 años de edad, la nueva «Wehrmacht» (Poder armado),
encuadraba a muchísimos hombres cuya lealtad política era
altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que obligará a HITLER
a crear la "SS"; como un ejército paralelo y muy fiel con el que
pudiera contar en cualquier circunstancia: Las «Waffen SS»
(SS armadas).
Y por cierto, no se trataba, ni de movilizar a los miembros de las
«Allgemeine SS» (SS generales; es decir, la SS del tiempo de
paz), indiscriminadamente, ni muchísimo menos, constituir con ellos
una especie de "policía militar", sino por el contrario de formar
un cuerpo de élite, que reuniendo una eficacia excepcional en el
campo de batalla a un óptimo ímpetu ideológico (el
derivado de su sincera identificación con el Nacionalsocialismo),
sirviera como de "punta de lanza" para la entera nación armada.
Semejante ejército sólo podía constituirse con voluntarios,
pero duramente seleccionados en función de su biotipo, su concepción
del mundo, su edad y ya tras ello, sometidos a un entrenamiento despiadado.
Por éso, la historia militar de la Segunda Guerra Mundial, es una
clara evidencia de lo que se logró en este campo.
El enorme conflicto de 1939 apareció, en un primer momento,
como otro más, del tipo clásico. Un «casus belli»,
provocado por la diplomacia inglesa en una frontera de Polonia; la declaración
de guerra al «Reich» por parte de Gran Bretaña y Francia,
fue en virtud del juego de sus alianzas y luego una campaña militar
que opuso a los ejércitos nacionales de ambos bandos. El pacto de
no agresión, firmado entre Alemania y la Unión Soviética,
reforzaba esta impresión. El Japón, aliado de los países
del Eje, mediante el pacto «Antikomintern», no se había
movido. Los Estados Unidos tampoco habían intervenido. Aún,
ni siquiera el ejército alemán, después de la campaña
de Francia, había intentado cruzar el canal de la Mancha para ocupar
una Gran Bretaña, ahora manifiestamente indefensa... Dicho con otras
palabras, todo parecía indicar que Alemania combatía meramente
para repeler una agresión provocada por la querella del corredor
de Dantzig. Pero las cosas cambiaron cuando, el 22 de junio
de 1941, se desencadenó la "Operación Barbarroja". La «Wehrmacht»
se adentró en territorio soviético. Aquí, ya no se
trataba de un "conflicto entre naciones" típico, que defendían
o aparentaban defender sus legítimos intereses, sino de un choque
de bandos ideológicamente ahora bien definidos: por un lado, los
países demoplutocráticos, liderados por los Estados Unidos,
con su aliado marxista; por el otro, una Europa nueva y revolucionaria,
encabezada por Alemania. Ya resultaba difícil permanecer neutral.
En casi todos los países del viejo continente entonces había
desde tiempo antes de la guerra, movimientos o partidos que, por su doctrina,
tenían bastante en común con el Nacional-Socialismo alemán.
Muy varios antisemitas, anticomunistas, anticapitalistas y antidemocráticos,
aspiraban a establecer regímenes más o menos revolucionarios
y a la vez, nacionalistas y socialistas. Algunos de ellos -como los de
Italia y España-, estaban el poder. Hasta, no sin reservas, se encontraban
en el mismo bando que Alemania. Otros, como Rumanía con su
"Guardia de Hierro", simpatizaban muy abiertamente con la política
de Berlín. Otros más, como Bélgica, con el "Rex",
estaban tironeados entre dos diferentes lealtades, la territorial y la
ideológica. Y no faltaban los que, en virtud de su nacionalismo,
manifestaban un antigermanismo rabioso, y en especial la "Acción
Francesa"; aunque cuya doctrina, vía Italia, había influido
de modo marcado en el Nacional-Socialismo alemán.
Había, en fin, diferentes movimientos nacionales cuyas posiciones
ideológicas no estaban aún claramente definidas, pero que
aspiran a la independencia de sus países, sometidos a un poder extranjero
que les oprime (el "V.N.V." flamenco, en Bélgica; o la "Ustascha"
croata, en Yugoslavia); y por éso no vacilarían en plegarse
a los postulados doctrinarios de quienes les dieran la libertad.
Las inquietudes suscitadas por el "Pacto Hitler-Stalin", con los comprensibles
escrúpulos nacionales, que paralizaban entonces a los movimientos
y partidos del tipo nacional-socialista, en los países no aliados
de Alemania, se desvanecieron en junio de 1941. Ya no se trataba de saber
por dónde debía correr una frontera muy discutida ni, en
los países que Alemania acababa de vencer, estar alimentando revanchismos
militares de otra época sino de combatir todos reunidos y aceptando
el liderazgo impuesto por la historia, contra el enemigo común y
de echar así los cimientos de la futura Europa unida que pregonaba
la propaganda alemana (a veces, no sin segundas intenciones, en estos primeros
momentos). En toda Europa occidental (menos en Portugal, por las presiones
de Gran Bretaña, y en Irlanda, por razones geográficas),
los Estados o Movimientos crearon legiones de voluntarios que se pusieron
a las órdenes del alto mando alemán. Simbólicamente,
justo la primera de ellas fue la "L.V.F." (o sea la "Legión de los
Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo"). Luego, no tardaron en constituirse
las unidades formadas por los prisioneros de guerra soviéticos (pertenecientes
a las diversas nacionalidades de la U.R.S.S.; sometidas por ella) muchos
de los cuales se rindieron y habían entregado sin combate; precisamente
con el propósito de alistarse en el Ejército Alemán.
Así la "Legión Armenia", la "Legión Tártara"
y varios regimientos de cosacos, etc., etc.; y ésto sin hablar de
los ucranianos, como de los rusos propiamente dichos. Esto a pesar de las
vacilaciones y, a veces, de la total incoherencia de las autoridades alemanas,
que fluctuaban entre una "política de nacionalidades", que tendía
a dividir el antiguo Imperio Ruso, y el apoyo a los nacionalistas panrusos
del General VLASOW... Mencionemos aún los «Schutzkorps»,
formados en Servia, pero con rusos blancos, y donde se alcanzaron los efectivos
de una división.
De todas estas unidades, dos tenían, desde el punto de vista
jurídico, un estatuto especial, pues habían sido creadas
por unos Estados soberanos: la "Legión de los Voluntarios Franceses
contra el Bolchevismo", y la "División Azul" española. Las
demás estaban constituidas en países ya ocupados por el ejército
alemán, y sólo dependían de este último. Pero
este matiz en lo legal desaparecía en el terreno práctico;
puesto que, todas resultaban incorporadas en la «Wehrmacht»
como regimientos regulares.
Decir que el "O.K.W." (Gran Estado Mayor Alemán), se alegró
mucho de la llegada de esos voluntarios extranjeros sería un neto
abuso de palabra... Si la incorporación de los que hablaban algún
idioma germánico no suscitó mayores aprensiones, no paso
lo mismo con los franceses y los valones. El Alto Mando Militar Alemán
era radicalmente pan-germanista, no nacionalsocialista; así, para
él, la mera lingüística primaba, evidentemente, sobre
la raza. No muy diferente, por otro lado, era la evidente actitud de muchos
altos funcionarios del Estado e, inclusive, de altos jefes del Partido.
¿Cómo explicar, si no, que Alemania haya retenido, hasta
el final no sólo a 2.500.000 prisioneros de guerra franceses, sino
también a los mismos valones, cuando liberó de inmediato
a los flamencos? La frase que se atribuía al General VON BRAUCHITSCH
que por aquel entonces era comandante en jefe de la «Wehrmacht»,
sea la hubiera pronunciado o no, era: "¿Franceses?. Les haremos
descargar bolsas de papas" y ésto reflejaba perfectamente la mentalidad
imperante. ¿No había sido el reclutamiento para la "L.V.F."
concienzudamente frenado por la embajada alemana en París; e incluso
solapadamente saboteado por el Servicio de Sanidad de la «Wehrmacht»?.
Nada más comprensible, por lo demás. Porque todos los oficiales
superiores del ejército alemán, excombatientes de la Primera
Guerra Mundial, sólo veían en esta Segunda una simple revancha
patriótica. Y así, "Europa" no pasaba para ellos, de ser
"un hábil falso invento del diabólico Dr. GOEBBELS".
No así, por cierto, el «SS-Reichsführer», Heinrich
HIMMLER, que sí que creía en Europa. Una Europa, sin duda,
bajo conducción alemana, pero una Europa federativa, y en la cual,
cada comunidad de raza aria tendría los mismos derechos y obligaciones
que todas las demás. HIMMLER en persona y muy de cerca, seguía
la actuación de las legiones de voluntarios extranjeros y, en especial,
de las que no pertenecían al "mundo de habla germana". Quedó
estupefacto cuando comprobó el comunicado del Ejército Rojo:
"En el río Bobr, unas unidades blindadas pertenecientes al segundo
frente de Rusia Blanca han tropezado con la resistencia encarnizada de
dos bravas divisiones francesas". ¿Dos divisiones francesas? ¡Tres
compañías de la "L.V.F." y que durante tres días,
habían detenido el avance de todo un ejército!.
HIMMLER quería hacer a esta gran Europa. ¿Por qué
no empezar con forjar un gran ejército europeo?. ¿Por qué
no abrir las filas de las «Waffen SS» para todos los voluntarios,
aunque no alemanes pero del mundo occidental, unidos por una raza, una
civilización, y una historia comunes?. HIMMLER no ignoraba, por
cierto, que iba a tropezar con muchas resistencias, en su mismo Estado
Mayor. Con los escandinavos y hasta con los holandeses y flamencos, no
había habido problemas: eran "especies de alemanes". Con los bosníacos,
tampoco sería difícil: su país ya había formado
parte del imperio austrohúngaro. Pero, ¿y con los ex-enemigos?
HIMMLER no temía las resistencias y hasta estaba acostumbrado a
quebrarlas... Decidió, pues, constituir la "brigada de asalto francesa".
Ya hacía tiempo que Joseph DARNAND, jefe de la Milicia Francesa
-una organización paramilitar ya creada por el mariscal PETAIN-
se lo había pedido.
Un año va pasando, y desde ese mes de septiembre de 1943 que
vió nacer la «Sturmbrigade Frankreich», se constituyen
otras más, rápidamente, como unidades diferenciadas. Pero
el gran cambio se da en 1944, como consecuencia del atentado contra el
«Führer»... Altos jefes del ejército regular han
tomado parte en la traición. Con ello, la «Wehrmacht»
ya no es segura al «Reich». HITLER sólo puede contar
incondicionalmente con las «Waffen SS»; también con
las unidades de no alemanes, pero voluntarios y que combaten por sus ideales
nacionalsocialistas. HIMMLER rápidamente aprovechará la oportunidad:
Presenta al «Führer», que lo firma sin vacilar, un decreto
por el que pasan a la «Waffen SS» todas las unidades no alemanas
de la «Wehrmacht», salvo las que se constituyen con voluntarios
oriundos de la Unión Soviética, y para las que esta incorporación
será selectiva. Se reagrupan, por nacionalidad, a elementos dispersos.
Así se reúnen la "L.V.F." (Regimiento 638, de la «Wehrmacht»),
la "Brigada de Asalto Francia" con unidades de la "Milicia Francesa", replegadas
en Alemania, en la llamada "División de Granaderos Blindados de
las Waffen SS Carlomagno". Inclusive, se incorporan en las «Waffen
SS», unidades militares propias y procedentes de países antes
aliados -Italia, Hungría, Rumania-, cuyos gobiernos han caído
o vacilado.
A fines de 1944, al lado de dieciséis divisiones alemanas, la
«Waffen SS», comporta tres divisiones de «Volkdeutsche»
(son la «Prinz Eugen» o "VII División Alpina"; la «Maria
Theresia» o "XXII División de Caballería" y la «Karstjager»,
"XXIV División Alpina), y diecisiete de otro origen: dos son predominantemente
escandinavas (la «Wiking» o "V División Blindada", y
«Nordland» u "XI División Blindada"), dos croatas, formadas
con musulmanes de Bosnia (la «Handschar» o "XIII División
Alpina", y la «Kama» o "XXII División"), una ucraniana
(«Galizien» o "XIV División"), dos letonas (la «Lettland»
o "XV División" y la «Latvia» o "XIX División"),
una estonia («Estland» o "XX División"), una albanesa
(la «Skanderbeg» o "XXI 21º División Alpina"),
tres húngaras (la «Hunyadi» o "XXV División",
la «Hungaria» o "XXVI División", con una tercera
División en formación, sin nombre ni número oficial),
una flamenca (la «Langemarck» o "XXVII División"), una
valona (la «Wallonie» o "XXVIII División"), una italiana
(la «Italia», como la "XXIX División"), una rutena (la
«Sigling» -antes, denominada como la «Weissruthenien»-,
o "XXX División"), una francesa, pero que incorpora, además,
a miles de españoles de la «Legión Azul», producto
de la "División Azul" o 250 División de la «Wehrmacht»,
tras desaparecer oficialmente la ayuda del régimen franquista al
«Reich» (la «Charlemagne» o "XXXIII División"),
y dos holandesas (la «Nederland» o "XXIII División"
y la «Landstorm Nederland» o "XXXIV División").
A esas grandes unidades, hay que agregar otras unidades que son igualmente
de las «Waffen SS», como una "Brigada de Asalto", rusa-blanca;
un "Batallón de Esquiadores", noruego; un "Batallón Servio",
un "Batallón" de griegos, dos "Batallones" de rumanos", dos "Batallones"
de búlgaros, un "Batallón" de bretones, además de
las "Legiones de Voluntarios Caucasianos", una "Legión Hindú"
y numerosos "Einsatzgruppen" de muy distintas nacionalidades (y, a menudo,
multinacionales). Sin hablar ya de las tres "Divisiones Montadas", de caballería
cosaca que gozarían, en las «Waffen SS», de un estatuto
especial y «sui generis».
Merece una mención aparte la gran «Sankt Kreuz»
de polacos, una "Brigada" (aunque en realidad un regimiento), y constituida
por prisioneros, hechos tras la sublevación de Varsovia. Cuando
se vieron abandonados a su suerte por los ejércitos soviéticos,
detenidos y voluntariamente inactivos al otro lado del Vístula,
muchísimos de estos combatientes polacos habían comprendido,
en el último momento, cuáles eran sus peores enemigos y tras
ello, como las «Waffen SS» les abrió sus filas, se encuadraron
dentro de ellas y en ellas que lucharon hasta el final de la guerra.
A principios de mayo de 1945, justo antes del final, todas las unidades
militares del "Cuerpo Negro" contaban con alrededor de 400.000 combatientes;
pero, de estos, más de la mitad no eran alemanes. Así, del
millón de hombres que, a lo largo de la guerra sirvieron en las
«Waffen SS», 400.000 eran alemanes del «Reich»
y 300.000 «Volkdeutsche» (los "racialmente alemanes"), mientras
que 300.000 pertenecían a otras naciones arias. Esto dicho en números
redondos, sumamente aproximativos. NOTA.- La proporción existente
entre solicitantes y admitidos a las «Waffen SS», no superó
jamás al 10%; o sea, 9 de cada 10, no lograban ingresar en ésta
élite.
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