Los protocolos de los sabios de sión
El derecho sólo está en la Fuerza.- La Libertad no es más que una
idea.- El Liberalismo.- El oro.- La locura.- La Autonomía.- El Despotismo del
Capital.- El Enemigo Doméstico.- La Plebe.- La Anarquía.- La Política y la
Moral.- El derecho del más fuerte.- El poder Judío Franc-Masón es invencible.-
El fin justifica los medios.- Las turbas son ciegas.- Las discordias de los
partidos.- La forma de gobierno que mejor conduce a nuestro fin es la
Autocracia.- Los Licores Fuertes.- El Clasicismo.- El Libertinaje.- El
principio y las Reglas del gobierno Judío y FrancMasón.- El Terror.- Libertad,
Igualdad y Fraternidad.- El principio del gobierno dinástico.- Los Privilegios
de la Aristocracia de los Cristianos, destruidos. - La nueva aristocracia. -
Cálculo psicológico.- Abstracción de la Libertad.- Amovilidad de los
Representantes del Pueblo.
Dejemos de lado toda fraseología; estudiemos en sí misma cada idea e
ilustremos la situación por medio de comparaciones y deducciones. Voy, pues, a
formular nuestro sistema desde el punto de vista nuestro y desde el punto de
vista de los cristianos.
Hay que hacer notar ante todo que los hombres dotados de malos
instintos abundan más que los de buenos sentimientos. Por esta razón hay que
esperar mejores resultados cuando se gobierna a los hombres por medio de la
violencia y el terror, que cuando se trata de gobernarles por medio de las
discusiones académicas. Todo hombre aspira al poder; cada uno quisiera
convertirse en dictador; si esto fuera posible al mismo tiempo, muy poco
faltaría para que no estuvieran todos prontos a sacrificar el bien de los
demás, a trueque de conseguir cada uno su propio provecho.
¿Qué es, pues, lo que ha reprimido hasta ahora a esa bestia feroz
que se llama hombre? ¿Qué es lo que ha podido dirigirle hasta el presente? Al
iniciarse el orden social, el hombre se ha sometido a la fuerza bruta y ciega;
más tarde, a la Ley, que no es más que esa misma fuerza, pero disfrazada. De
donde yo saco la conclusión que, según la Ley Natural, el derecho radica en la
fuerza. La Libertad Política es una idea y no un hecho. Se necesita saber
aplicar esta idea cuando es necesario atraer las masas populares a un partido con
el cebo de una idea, si ese partido ha resuelto aplastar al contrario que se
halla en el poder. Este problema resulta de fácil solución si el adversario se
mantiene en el poder en virtud de la idea de libertad, de eso que se llama
Liberalismo, y sacrifica un poco de su fuerza en obsequio de esa idea:
Libertad. Y he aquí por dónde ha de llegar el triunfo de nuestra teoría: una
vez que se aflojan las riendas del poder, inmediatamente son recogidas por
otras manos, en virtud del instinto de conservación, porque la fuerza ciega del
pueblo no puede quedar un solo día sin tener quien la dirija, y el nuevo poder
no hace otra cosa sino reemplazar al anterior debilitado por el Liberalismo
En nuestros días, el poder del oro ha reemplazado al poder de los
gobiernos liberales. Hubo un tiempo en que la fe gobernaba. La idea de libertad
es irrealizable, porque nadie hay que sepa usar de ella en su justa medida.
Basta dejar al pueblo que por algún tiempo se gobierne a sí mismo, para que
inmediatamente esta autonomía degenere en libertinaje. Surgen al punto las
discusiones, que se transforman luego en luchas sociales, en las que los
Estados se destruyen, quedando su grandeza reducida a cenizas
Sea que el Estado se debilite en virtud de sus propios trastornos,
sea que sus disensiones interiores lo ponen a merced de sus enemigos de fuera,
desde ese momento, ya puede considerarse como irremediablemente perdido; ha
caído bajo nuestro poder
El despotismo del Capital, tal como está en nuestras manos, se le
presenta como una tabla de salvación y a la que, de grado o por fuerza, tiene
que asirse, si no quiere naufragar. A quien su alma noble y generosa induzca a
considerar estos discursos como inmorales, yo le preguntaría: Si todo Estado
tiene dos enemigos y contra el enemigo exterior le es permitido, sin tacharlo
de inmoral, usar todos los ardides de guerra, como ocultarle sus planes, tanto
de ataque como de defensa; sorprenderlo de noche o con fuerzas superiores, ¿por
qué estos mismos ardides empleados contra un enemigo más peligroso que
arruinaría el orden social y la propiedad, han de reputarse como ilícitos e
inmorales? ¿Puede un espíritu equilibrado esperar dirigir con éxito las turbas
por medio de prudentes exhortaciones o por la persuasión, cuando el camino
queda expedito a la réplica, aun la más irracional, si se tiene en cuenta que
ésta parece reducir al pueblo que todo lo entiende superficialmente? Los
hombres, sean de la plebe o no, se guían casi exclusivamente por sus pasiones,
por sus supersticiones, por sus costumbres, sus tradiciones y sus teorías
sentimentales; son esclavos de la división de partidos que se oponen aun a la
más razonable avenencia. Toda decisión de las multitudes depende, en su mayor
parte, de la casualidad, y cualquier resolución suya es superficial y adoptada
con ligereza. En su ignorancia de los secretos políticos, las multitudes toman
resoluciones absurdas y la anarquía arruina a los gobiernos
La política nada tiene que ver con la moral. El gobierno que toma
por guía la moral no es político, y en consecuencia es débil. El que quiera
dominar debe recurrir a la astucia y a la hipocresía. Esas grandes cualidades
populares, franqueza y honradez, son vicios en política, porque derriban de sus
tronos a los reyes mejor que el más poderoso enemigo. Estas virtudes deben ser
atributos de los príncipes cristianos; pero nunca debemos tomarlas por guías de
nuestra política
Nuestro objeto es apoderarse de la fuerza. La palabra Derecho es un
concepto abstracto, al que nada corresponde en el orden real y con nada se justifica
Esta palabra simplemente significa: Dame esto que yo quiero, para
probar que yo soy más fuerte que tú..
¿Dónde empieza y dónde acaba el derecho? En un estado en el que el
poder está mal organizado, en el que las leyes y el gobierno se han convertido en
algo impersonal, como efectivamente sucede con los innumerables derechos que el
Liberalismo ha creado, yo veo un nuevo derecho: el de echarme en virtud de la
ley del más fuerte, sobre el orden, sobre todos los reglamentos y leyes
establecidos, y trastornarlos; el de poner mano sobre la ley, el de reconstruir
a mi antojo todas las instituciones y constituirme amo y señor de los que nos
abandonan los derechos que su propia fuerza les había dado, y a los que han
renunciado voluntariamente, liberalmente..
Gracias a la debilidad actual de todos los gobiernos, el nuestro
será más duradero que cualquier otro, porque será invencible hasta el último
momento, y quedará tan profundamente arraigado que no habrá astucia que pueda
causar su ruina..
De todos los males más o menos transitorios que hasta hoy nos hemos
visto obligados a causar, nacerá el bien de un gobierno inconmovible que
restablecerá la marcha normal del mecanismo de la existencia nacional,
perturbada por el Liberalismo. El éxito justifica los medios. Pongamos la
atención en nuestros proyectos, pero fijándonos menos en lo bueno y lo moral
que en lo necesario y en lo útil
Tenemos delante de nosotros un plan en el que están estratégicamente
expuestos los lineamientos de los que no podemos desviarnos sin peligro de ver
destruidos el trabajo de muchos siglos
Para encontrar los medios que conducen a este fin, debemos tomar en
cuenta la cobardía, la volubilidad, la inconstancia de las multitudes; su
incapacidad para comprender y valorizar las condiciones de su vida y de su
bienestar. Es necesario no perder de vista que la fuerza de las multitudes es
ciega e insensata; que no discurren, que oyen lo mismo de un lado que del otro.
Un ciego no puede guiar a otro sin caer ambos al precipicio. Pues de igual
manera los hombres de las turbas, salidos del pueblo, aunque estén dotados de
un genio singular, les hace falta comprender la política y no pueden intentar
con éxito dirigir a los demás sin causar la ruina de una nación
Sólo un individuo preparado desde su niñez a la autocracia puede
conocer el lenguaje y la realidad políticas. Un pueblo abandonado a sí mismo,
es decir, puesto en manos de un advenedizo, se arruina por las discordias de
los partidos que excitan la sed del mando y por los desórdenes que de esto se
originan. ¿Pueden por ventura las turbas populares razonar serenamente, sin
rivalidades intestinas y dirigir los asuntos del Estado, que no pueden ni deben
confundirse con los intereses personales? ¿Pueden defenderse contra los
enemigos de fuera?. Esto es imposible. Cualquier plan dividido entre tantas
cabezas como son las de las multitudes, resulta ininteligible e irrealizable
Sólo un autócrata puede elaborar planes vastos y claros; dar a cada
cosa el lugar que le corresponde en el mecanismo de la máquina del gobierno.
Digamos, pues, en conclusión, que para que un gobierno pueda ser útil al pueblo
y alcanzar el fin que se propone, debe estar centralizado en las manos de un
individuo responsable. Sin el despotismo absoluto, la civilización es.
imposible; la civilización no es obra de las masas, sino del que las dirige,
sea éste el que fuere. La multitud es un bárbaro que en todas las ocasiones
demuestra su barbarie. Tan pronto como las turbas arrebatan su libertad, ésta
degenera en anarquía, que es el más alto grado de barbarie
¡Ved esos animales ebrios de aguardiente, embrutecidos por el vino,
esos hombres a quienes al mismo tiempo que se les ha dado la libertad se les ha
concedido el derecho de beber hasta ahogarse! Nosotros no podemos permitir que
los nuestros caigan tan bajo
Los pueblos cristianos están idiotizados por el alcohol y los
licores; su juventud embrutecida por los estudios clásicos y el libertinaje
precoz al que la han empujado nuestros agentes-maestros, criados, gobernantes,
en las casas ricas; otros agentes nuestros, nuestras mujeres, en los centros de
diversión de los Cristianos. A estas últimas hay que sumar las que se llaman
mujeres de mundo, imitadoras voluntarias del libertinaje de aquéllas y de su
lujo
Nuestra palabra de orden es la fuerza y la hipocresía. Sólo la
fuerza puede triunfar en política, principalmente si permanece velada por el
talento y demás cualidades necesarias a los hombres de Estado
La violencia ha de ser un principio: la hipocresía y la astucia una
regla para los gobernantes que no quieran dejar caer su corona en las manos de
una fuerza nueva. Este mal es el medio único de llegar al fin: el bien
Por lo mismo, no debemos detenernos como espantados delante de la
corrupción, del engaño, de la traición, siempre que ellos sean medios para
llegar a nuestros fines. En política se necesita saber echarse sin vacilaciones
sobre la propiedad ajena, si por este medio podemos obtener la sumisión de los
pueblos y el poder
Nuestro Estado, en esta conquista pacífica, tiene el derecho de
reemplazar y sustituir los horrores de la guerra por las sentencias de muerte,
menos ostensibles, pero más provechosas para mantener vivo este terror que hace
a los pueblos que obedezcan ciegamente. Una severidad justa, pero inflexible,
es el principal factor de la fuerza de un Estado, y esto constituye no sólo una
ventaja nuestra, sino también un deber, el deber que tenemos de adaptarnos a
este programa de violencia y de hipocresía, para alcanzar el triunfo
Tal doctrina basada sobre el cálculo es tan eficaz como los medios
de que se sirve. No es, pues, solamente por estos medios, sino también por esta
doctrina de la severidad como someteremos todos los gobiernos a nuestro Super-Gobierno. Bastará que se sepa que somos inflexibles para reprimir todo
conato de insubordinación
Somos los primeros que en los tiempos que se llaman antiguos echamos
a volar entre el pueblo las palabras: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD; palabras
tantas veces repetidas en el correr de los años por cotorras inconscientes que,
atraídas de todas partes por este cebo, no han hecho uso de él sino para
destruir la prosperidad del mundo, la verdadera libertad del individuo, en
otras épocas tan bien garantizada contra las violencias de las turbas. Hombres
que se juzgan inteligentes, no han sido capaces de desentrañar el sentido
oculto de estas palabras, ni han visto la contradicción que ellas encierran, ni
han comprendido que no puede haber igualdad en la naturaleza, ni puede haber
libertad, y que la naturaleza misma ha establecido la desigualdad de espíritus,
de caracteres, de inteligencias tan estrictamente sometidos a sus leyes;
tampoco han comprendido que las turbas. son una fuerza ciega; que los
advenedizos que ellas escogen para que las gobiernen no son menos ciegos ni más
entendidos en política que ellas mismas; que el iniciado en estos secretos, así
sea un ignorante, será apto para el gobierno, mientras que las multitudes de
los no iniciados, aunque sean grandes talentos, nada entienden de política
Todas estas consideraciones no están al alcance de las inteligencias
de los Cristianos; sin embargo, en ellas descansa el principio de los gobiernos
dinásticos: el padre transmitía a su hijo los secretos de la política,
desconocidos a cualquier otro que no fuera de la familia reinante, a fin de que
esos secretos no fueran traicionados. Más tarde, el sentido de la transmisión
hereditaria y de los verdaderos principios de la política se perdió. El éxito
de la obra fue en aumento
Sin embargo, en el mundo las palabras Igualdad, Libertad y
Fraternidad, con la intervención de nuestros agentes incondicionales,
incorporaron a nuestras filas verdaderas legiones de hombres que tremolaron con
entusiasmo nuestras banderas. Pero estas palabras son la carcoma que roe y
destruye la prosperidad de todos los Cristianos, destruyendo por completo la
paz, la tranquilidad, la unión,- minando todos los fundamentos de sus Estados
Vosotros veréis en seguida que esto contribuye a vuestro triunfo:
nos da, entre otras cosas, la posibilidad de obtener la victoria más importante:
es decir, la abolición de los privilegios de la aristocracia de los Cristianos
y del único medio de defensa que tenían contra nosotros los pueblos y las
naciones. Sobre las ruinas de la aristocracia natural y hereditaria, hemos
alzado nuestra aristocracia de la inteligencia y del dinero. Hemos tomado por
criterio de esta aristocracia la riqueza, que depende de nosotros, y la ciencia
que está dirigida por nuestros sabios
Nuestra victoria ha sido tanto más fácil cuanto que nosotros, en las
relaciones que tenemos con los hombres de que necesitamos para nuestro fin,
sabemos siempre herir las fibras más sensibles del espíritu humano: el cálculo,
la codicia, la insaciabilidad de las necesidades materiales de los hombres;
cada una de estas debilidades explotada separadamente es capaz de ahogar el
espíritu de iniciativa, poniendo la voluntad de los hombres a la disposición
del que compra su actividad
El concepto abstracto de la libertad ha hecho posible el persuadir a
las multitudes de que un gobierno no es más que un gerente del propietario del
país, es decir, del pueblo, y que se le puede cambiar como se cambia un par de
guantes usados. La amovilidad de los representantes del pueblo los pone a
nuestro arbitrio; ellos dependen de nuestra elección
Las guerras económicas son base de la supremacía Judía.- El Gobierno
Visible y los Consejos Secretos.- Los éxitos de las Doctrinas Destructoras.- La
asimilación en Política.- El papel de la Prensa.- El precio del oro y el valor
de las víctimas Judías.
Nos es de todo punto necesario que las guerras, a ser posible, no
confieran ninguna ventaja territorial a los beligerantes. La guerra queda así
transportada al terreno económico, con lo que las naciones verán la fuerza de
nuestra supremacía y esta situación pondrá a los dos adversarios a la
disposición de nuestros agentes internacionales que tienen millares de ojos, a
cuya mirada no sirve de obstáculo frontera alguna
Entonces nuestros derechos internacionales crearán los derechos
nacionales, en el verdadero sentido de la palabra, y gobernarán a los pueblos
de la misma manera que el derecho civil de los Estados normaliza las relaciones
de sus súbditos entre sí
Los gobernantes, elegidos de entre el pueblo por nosotros mismos, en
razón de sus aptitudes serviles, serán individuos no preparados para el
gobierno del país. Así, por este camino, vendrán a ser los peones de nuestro
juego de ajedrez fácilmente manejables por las manos de nuestros sabios y
geniales consejeros, de nuestros especialistas educados y formados desde su
tierna edad para el manejo de los negocios de todo el mundo. No ignoráis que
estos nuestros especialistas han sacado sus conocimientos de gobierno de
nuestros planes políticos, de las experiencias de la historia y del estudio de
todos los acontecimientos notables
Los Cristianos no se guían en la práctica de observaciones
imparciales sacadas de la historia sino por una rutina meramente teórica
insuficiente para poder esperar de ella un resultado práctico. Por eso nosotros
no hemos de tomarlo en cuenta. Dejadlos que se diviertan todavía por algún
tiempo; que vivan de esperanzas o de nuevas diversiones o del recuerdo de las
que ya pasaron. Dejémoslos creer en la importancia que nosotros mismos les
hemos inspirado de las leyes científicas y sus teorías. Precisamente con ese
designio hemos fomentado constantemente por medio de nuestra prensa su
confianza ciega en esas leyes. La clase pensante de los Cristianos se ufanará
orgullosa de sus conocimientos, y sin examinarlos a la luz de la lógica pondrá
en acción todas las enseñanzas de la ciencia acumuladas por nuestros agentes
para guiar sus inteligencias en el sentido que a nosotros nos conviene
No penséis que carecen de fundamento nuestras afirmaciones. Fijaos
solamente en el éxito que hemos obtenido creando el darwinismo o el marxismo o
el nietzchismo. Para nosotros, al menos, la influencia deletérea de esas
doctrinas debe ser del todo evidente
Es necesario que tengamos en cuenta las ideas, los caracteres, las
tendencias modernas de los pueblos, para no incurrir en errores en política y
en el manejo de los negocios. Nuestro sistema, cuyas partes pueden estar
dispuestas diferentemente, según son los pueblos con que tropezamos en nuestro
camino, no puede tener éxito, si su aplicación práctica no está fundada en los
resultados obtenidos en el tiempo pasado comparado con el presente
Los Estados modernos tienen en sus manos una gran fuerza creadora:
la Prensa. Su papel es el de expresar las reivindicaciones que se dicen
necesarias, indispensables; hacer conocer las quejas de los pueblos; crear el
descontento y darle una voz con que expresarlo
En la Prensa está encarnada la libertad de palabra
Pero los Estados no han sabido utilizar esta fuerza que ha caído ya
en nuestras manos. Por la Prensa hemos conquistado toda la influencia, quedando
nosotros ocultos en la sombra, y gracias a ella hemos podido amasar el oro con
nuestras manos como precio de los torrentes de lágrimas y de sangre, en medio
de los cuales hemos podido arrebatarlo... Pero nos hemos rescatado a nosotros
mismos mediante el sacrificio de muchísimos de los nuestros. CADA UNO DE LOS
NUESTROS QUE HA SIDO SACRIFICADO VALE DELANTE DE DIOS POR MILLARES DE
CRISTIANOS
La Serpiente Simbólica y su significación.- La inestabilidad del
equilibrio constitucional.- El terror en los palacios.- El poder y la
ambición.- Las máquinas parlamentarias de hablar.- Los panfletos.- Los abusos
del poder.- La esclavitud económica.- La verdad del Pueblo. - Los acaparadores
y la aristocracia. - El ejército Franc-Masón-Judío. - La degeneración de los
Cristianos.- El hambre y el derecho del Capital. -La venida y coronación del
Amo Universal -El objeto fundamental del programa de las escuelas populares del
porvenir.- El secreto de la ciencia del orden social.- Crisis económica general
-Seguridad de los nuestros.- El despotismo Franc-Masónico y la Revolución
Francesa o reinado de la razón.- Pérdida de un guía.- El Rey déspota es de la
sangre de Israel.- Causas de la invulnerabilidad de la Franc-Masonería.- El
papel de los agentes secretos de la misma.- La Libertad.
Hoy puedo anunciaros que nos encontramos ya cerca del fin. Nos queda
por recorrer un poco de camino y el círculo de la Serpiente Simbólica,
representación de nuestro pueblo, quedará cerrado. Cuando esto se verifique,
los Estados de Europa quedarán aprisionados como con un fuerte tornillo. Muy
pronto quedará destruido el equilibrio constitucional, pues lo hemos falseado
para que no cese de inclinarse ya a un lado, ya al otro hasta que por fin la
balanza se desgaste. Los Cristianos creían haber establecido ese equilibrio
sólidamente y siempre estaban esperando que los platillos de la balanza se
igualaran. Pero los gobernantes, es decir, el fiel de la balanza, están
protegidos por sus representantes que hacen mil tonterías y se dejan arrastrar
por su poder sin control y sin responsabilidad. Este poder lo deben al terror
que reina en los palacios. Los gobernantes no pueden siquiera acercarse a su
pueblo, ni ponerse de acuerdo con él para defenderse contra los que aspiran al
poder. La fuerza clarividente de los gobernantes y la fuerza ciega del pueblo
divididas por nosotros, han perdido toda su importancia; separadas como están,
son tan impotentes como el ciego sin su bastón. Para azuzar a los ambiciosos a
abusar del poder, hemos enfrentado todas las fuerzas desarrollando sus
tendencias liberales hacia la independencia. Hemos estimulado todo instinto
tendente a este objeto; hemos armado a todos los partidos; hemos hecho del
poder el blanco de todas las ambiciones. Hemos transformado todos los Estados
en arenas en que se desarrollan todas las luchas. Un poco más de tiempo, y los
des órdenes y las bancarrotas aparecerán por dondequiera. Charlatanes
inagotables han transformado las sesiones de los parlamentos y las asambleas
gubernativas en torneos oratorios. Periodistas audaces, panfletistas sin pizca
de vergüenza, atacan todos los días a los gobernantes. Los abusos del poder
prepararán finalmente el derrumbamiento de todas las instituciones y todo caerá
destruido a los golpes de las turbas enloquecidas. Los pueblos están
encadenados a un rudo trabajo, más fuertemente de lo que podrían encadenarlos
la servidumbre y la esclavitud. Sería posible entrar en arreglos con ellos;
pero de su miseria nadie puede librarlos. Los derechos que hemos consignado en
las Constituciones son ficticios para las masas, no son reales. Todos estos
llamados Derechos del pueblo no pueden existir sino en la imaginación, pero
nunca en la realidad. ¿Qué puede significar para el proletario, para el obrero
que vive encorvado sobre su rudo trabajo, agobiado por su miseria, el derecho
que se concede al charlatán incansable, al periodista que escribe toda clase de
necedades aun de asuntos serios que no conoce, desde el momento que el
proletario no saca otra ventaja de la Constitución que las miserables migajas
que dejamos caer de nuestra mesa como precio de un voto emitido conforme
nuestra consigna en favor de nuestros agentes e intermediarios?. Los derechos
republicanos, para el pobre diablo no son sino una amarga ironía; la necesidad
de un trabajo diario no le permite gozar; pero en cambio, esos derechos le
privan de la garantía de una ganancia constante y segura, y lo entregan atado
de pies y manos a las huelgas, a los patronos o a los compañeros. Bajo nuestra
dirección ha destruido el pueblo la aristocracia, que era su protectora, su
bienhechora natural, porque sus intereses estaban inseparablemente unidos a la
prosperidad del pueblo. Una vez destruida la aristocracia, el pueblo ha caído
bajo el yugo de los acaparadores, de los ladrones enriquecidos que lo oprimen
de manera despiadada y cruel. Nosotros debemos aparecer como libertadores del
obrero de ese yugo que lo oprime, proponiéndole que se aliste en las filas de
ese ejército de Socialistas, Anarquistas y Comunistas, que siempre mantenemos
en pie, con el pretexto de solidaridad entre los miembros de nuestra Franc-Masonería social. La Aristocracia que disfrutaba, antes, enteramente del
derecho al trabajo de los obreros, tenía interés en que éstos vivieran bien
alimentados, sanos y fuertes. A nosotros, por lo contrario, lo que nos interesa
es que los Cristianos degeneren. Nuestra fuerza radica en el hambre crónica, en
la debilidad del obrero. porque éstas lo subyugan a nuestro capricho, y porque
así carecerá en su impotencia de la energía y la fuerza necesarias para
oponerse a ese capricho. El hambre dará al Capital más derechos sobre el obrero
que los que jamás otorgaron a la Aristocracia la ley y el poder de los monarcas
(!!!)
Mediante la miseria, el odio y la envidia que ella produce,
manejaremos y utilizaremos sus manos para aplastar a los que se oponen a
nuestros designios (!!!). Cuando llegue el tiempo de que nuestro rey universal
sea coronado, esas mismas manos barrerán todo obstáculo que pudiera atravesarse
en el camino a nuestro soberano. Los Cristianos han perdido la costumbre de
pensar por sí mismos algo que sea distinto de lo que nuestros consejeros
científicos les inspiran. Esta es la razón de que no vean la necesidad urgente
de hacer ahora lo que nosotros haremos al advenimiento de nuestro reinado, esto
es, enseñar en las escuelas primarias la única ciencia verdadera y la primera
de todas, la ciencia del orden social, de la vida humana, de la existencia de
las sociedades, que exige imperiosamente la división del trabajo, y por
consecuencia la distinción de los hombres en clases y condiciones. Es preciso
que todos sepan que en virtud de las diferentes actividades a que cada uno está
destinado, la igualdad es imposible, pues no todos pueden ser igualmente
responsables ante la ley. No es la misma, por ejemplo, la responsabilidad del
que con sus actos puede comprometer a toda una clase, que la del que solamente
compromete su propio honor. La verdadera ciencia del orden social, en cuyos
secretos no tenemos costumbre de iniciar a los Cristianos, enseñará a todos que
el lugar y el trabajo de cada uno deben ser diferentes, como una consecuencia
de la necesidad de relación que hay entre la educación y el mismo trabajo. Una
vez que los pueblos estudien y aprendan esta ciencia, obedecerán gustosos a los
gobiernos y al orden establecido por ellos en los Estados, y al contrario, en
el actual estado de la ciencia, tal como nosotros la hemos hecho, el pueblo,
creyendo ciegamente la palabra impresa, se alimenta de los errores que en su
ignorancia, se le van insinuando por los iniciados en nuestros secretos, contra
las otras clases sociales, que él cree superiores, porque no comprende la
importancia de cada una de ellas. Cuando el pueblo ve que en nombre de la
libertad, se le hacen tantas concesiones, y se tienen con él tantas
complacencias, se imagina que es dueño y señor, y se echa sobre el poder; pero,
naturalmente, tropieza como un ciego con una multitud de obstáculos; entonces
se echa a buscar quien lo conduzca a través de esos obstáculos, y no
encontrándolo, acoge la idea de volver a lo pasado y depone todos sus poderes a
nuestros pies
Acordaos, si no, de la Revolución Francesa, a la que nosotros hemos
dado el calificativo de grande; los secretos de su preparación no son demasiado
conocidos, porque esa revolución, tal como fue, es obra de nuestras manos
Desde entonces vamos llevando al pueblo de un desengaño a otro, para
que, al fin, abdique en nosotros su poder, en provecho del Rey Déspota de la
sangre de Israel, que venimos preparando al mundo. En la actualidad, como
fuerza internacional, somos invulnerables, porque, cuando se nos ataca en un
Estado, en otros se nos defiende. Es la cobardía inmensa de los pueblos
cristianos, que se arrastran ante la fuerza, que no tienen piedad para con la
debilidad, ni misericordia para las faltas ligeras, pero sí indulgencia para el
crimen; que no quisieran tolerar las contradicciones de la libertad, pero son
sufridos hasta el martirio, ante la violencia de un audaz déspota; todo esto,
favorece nuestra independencia. Toleran y sufren a los primerosministros de
estos tiempos con abusos, por el menor de los cuales harían rodar
ensangrentadas las cabezas de veinte reyes. ¿Cómo explicar este fenómeno, esta
inconsecuencia de las masas populares en presencia de hechosque parecen de la
misma naturaleza? Este fenómeno se explica por el hecho de que estos
dictadores- los primeros ministros- hacen, por medio de sus agentes, decir a
sotto voce al pueblo, que si ellos causan tantos males a los Estados, es con el
fin inmediato y último de alcanzar la felicidad de los pueblos, la fraternidad
internacional, la solidaridad, la igualdad de derechos para todos. Naturalmente
que no se les dice que esta unidad debehacerse bajo nuestra autoridad. Y aquí tenéis
al pueblo condenando a los justos y absolviendo a los culpables y cada vez más
persuadido de que puede hacer cuanto le plazca. En estas condiciones, el pueblo
destruye toda cosa estable y crea el desorden a cada paso. La palabra Libertad
conduce a las sociedades humanas a la lucha constante contra toda fuerza,
contra todo poder, aunque sea el de Dios y el de la Naturaleza. Aquí tenéis
también por qué a nuestro advenimiento será necesario suprimir del vocabulario
humano esta palabra, como principio de la brutalidad que transforma a las
multitudes en bestias feroces. Es verdad que las fieras se adormecen cuando se
las harta de sangre y que así puede encadenárselas fácilmente. Pero si no se
las da sangre, no se adormecen y sus instintos de lucha se despiertan
PROTOCOLO IV Las
diferentes etapas de una república.- La FrancMasonería exterior.- La Libertad y
la Fe.- La Competencia internacional del Comercio y de la Industria.- El papel
de la especulación.- El culto del oro.
Toda República pasa por distintas etapas. La primera comprende los
primeros días de locura de un ciego que va dando tumbos a diestra y siniestra.
La segundaes la de la demagogia que da origen a la anarquía; después viene
infaliblemente el despotismo; pero no un despotismo legal y declarado, y por
consiguiente, responsable; sino desconocido, invisible, que, sin embargo, se
hace sentir; un despotismo ejercido por una organización secreta que obra con
tanto menor escrúpulo cuanto que lo hace amparado y cubierto por distintos
agentes, cuyo cambio, lejos de perjudicarlo, lo sostiene más, dispensándole de
gastar sus recursos, en recompensar largos servicios. ¿Quién puede
destruir una fuerza invisible? Pues tal es la nuestra. La Franc-Masonería
exterior no sirve más que para encubrir nuestros designios; el plan de acción
de esta fuerza, el punto mismo en que se apoya, quedarán siempre para el pueblo
en el más absoluto misterio. Aun la libertad podría ser inofensiva y existir en
el Estado, sin dañar a la prosperidad de los pueblos, siempre que descansara
sobre el principio de la creencia de Dios, y de la verdadera fraternidad
humana, excluyendo la idea de igualdad, a la que aun las leyes mismas de la
creación son contrarias, supuesto que éstas establecen la subordinación
necesaria. Con esa fe, el pueblo se dejaría gobernar bajo la tutela de sus
pastores espirituales, y caminaría sumiso y tranquilo bajo la mano de su
párroco, resignado con la distribución que Dios ha hecho de los bienes de la
tierra. He aquí por qué es necesario que nosotros arruinemos la fe y
arranquemos de los espíritus cristianos el principio mismo de la Divinidad
sustituyéndolo por los cálculos y las necesidades materiales (!!!). Así, pues,
para que los espíritus cristianos no tengan tiempo para pensar y reflexionar,
es necesario distraerlos por medio de la industria y del comercio. De esta
suerte todos los pueblos buscarán su provecho material, y luchando cada uno por
sus propias ventajas, no darán ninguna importancia al enemigo común
Pero para que la libertad pueda de esa manera disolver y destruir
completamente las Sociedades Cristianas, se necesita hacer de la especulación
la base de la industria, de tal manera que toda la riqueza que la industria
extraiga de la tierra, no quede en manos de los industriales, que se emplee en
especulaciones, es decir, venga a parar a nuestras cajas. La lucha encarnizada
por la supremacía, los choques de la vida económica crearán, mejor dicho, han
creado ya, sociedades sin ideales, frías y carentes de sentimientos. Estas
sociedades sentirán repugnancia por la política noble y elevada y por la
Religión. Su único culto, su única guía será el cálculo, o lo que es lo mismo,
el oro, al que se tributará una verdadera adoración, por razón de los bienes
materiales que proporciona. Entonces, las clases humildes de los Cristianos nos
seguirán en nuestra lucha contra las clases elevadas y pensantes que están en
el poder y son nuestros competidores, y nos seguirán, no ya para hacer el bien,
ni aun siquiera por adquirir riquezas, sino solamente para satisfacer su odio a
los privilegiados.
Creación de un fuerte centro de gobierno. - Manera de adueñarse del
poder la Masonería.- Por qué las naciones no pueden entenderse. -Predestinación
de los judíos.- El oro, motor del mecanismo de las naciones.- Los monopolios en
el comercio y la industria.- Importancia de la crítica.- Las instituciones
según se ven.- Cansancio ocasionado por los discursos.- ¿Cómo adueñarse de la
Opinión Pública?.- Importancia de la iniciativa privada. - El Gobierno Supremo.
¿Qué forma de gobierno puede dárseles a sociedades en las que la corrupción ha penetrado hasta lo más íntimo, en las que no se llega a la riqueza sino por medio de sorprendentes y hábiles combinaciones que pueden ser juzgadas como fraudes o robos disimulados; en las que reina la licencia de costumbres, en las que la moralidad sólo se mantiene por medio de penas y severos reglamentos y no por principios voluntariamente aceptados, en las que los sentimientos de Religión y Patria apenas viven, ahogados por las creencias cosmopolitas? ¿Qué forma de gobierno dar a esas sociedades sino la forma despótica que describiré más adelante?. Nosotros arreglaremos mecánicamente todos los actos de la vida política de nuestros súbditos por medio de leyes nuevas. Esta leyes reprimirán una por una todas las complacencias y las más grandes libertades que fueron decretadas por los Cristianos, y nuestra dominación se distinguirá por un despotismo tan manifiesto y tan grandioso que estará en condiciones en cualquier tiempo y lugar de hacer callar a los Cristianos que intenten oponérsenos y vivan descontentos de nuestro gobierno. Pero se nos podrá objetar que este despotismo de que hablo no está en armonía con los progresos modernos. Yo demostraré lo contrario. Cuando los pueblos veían las personas de los reyes y gobernantes como una verdadera emanación de la Voluntad Divina, se sometían sin murmuraciones al absolutismo de los reyes; pero hoy, que nosotros les hemos sugerido la idea de sus propios derechos, los gobernantes son considerados como unos simples mortales. La unción divina ha caído de la frente de los reyes, después que nosotros arrebatamos al pueblo su creencia en Dios; su autoridad ha rodado por las calles. esto es, por los lugares que son de pública propiedad, y nosotros la hemos recogido y nos hemos adueñado de ella. Además, el arte de gobernar a las masas y a los individuos. por medio de una teoría, de una fraseología hábilmente combinada, por reglamentaciones de la vida social y por toda clase de medios ingeniosos, de los que los Cristianos no entienden una palabra, forma también parte de nuestro talento de gobierno, educado por el análisis. en la observación, en tales sutilezas de conceptos en los que nadie puede igualarnos, así como tampoco en concebir planes de acción política y de solidaridad. Únicamente los jesuitas podrían igualarnos en este respecto, pero ya hemos tenido buen cuidado de desacreditarlos a los ojos de las multitudes estúpidas; porque ellos forman una organización visible, en tanto que nosotros permanecemos en la sombra con nuestra organización secreta. Por lo demás, ¿qué importa al mundo quién será su amo? ¿Qué le importa que sea el Jefe del Catolicismo o nuestro Déspota de la sangre de Sión?. Pero para nosotros, que formamos el pueblo elegido, la cuestión está muy lejos de sernos indiferente. Una alianza universal de los Cristianos podría, tal vez, dominarnos por algún tiempo; pero nos hemos precavido contra este peligro por medio de los gérmenes de profunda discordia que hemos procurado sembrar en sus corazones y que nadie puede ya desarraigar. Hemos enfrentado unos a otros los cálculos individuales y nacionales de los Cristianos; sus odios religiosos y radicales que venimos fomentando y cultivando desde hace veinte siglos. Por esto, ningún gobierno encontrará auxilio en parte alguna. Cada uno pensará que una alianza contra nosotros es desfavorable a sus intereses. Somos muy fuertes. Es necesario que se nos tome en cuenta. Las Potencias no pueden concluir el más insignificante tratado sin que nosotros también tomemos parte en él. Per me reges regnant- por mí reinan los reyes, han dicho nuestros profetas, y que somos los elegidos por Dios mismo, para dominar toda la tierra. Dios nos ha dado el genio para que podamos llegar hasta el fin de este problema. Hubo un caudillo y guía que hubiera podido luchar contra nosotros con éxito; pero el recién llegado siguió un camino distinto del que llevaba el viejo habitante; la lucha contra nosotros habría sido a muerte y tal como el mundo jamás la habría visto. Luego... esos hombres de genio llegarían demasiado tarde. Todas las ruedas del mecanismo de los gobiernos dependen de un motor que está en nuestras manos: este motor es el oro. La ciencia de la Economía Política, inventada por nuestros Sabios, nos ha dado a conocer, después de mucho tiempo, el prestigio y valor del oro. El capital, para tener libertad de acción necesita obtener el monopolio de la industria y del comercio, lo que ya está en vías de realizarse, mediante una mano que opera en todo el mundo, pero que es invisible. Esta libertad dará más importante desarmar a los pueblos, que empujarlos a la guerra; utilizar sus pasiones enardecidas para nuestro provecho mejor que calmarlas; importa más adueñarse de las ideas de otros y comentarlas, mejor que suprimirlas. El problema capital de nuestro gobierno está en debilitar el espíritu público por la crítica; en hacerle perder la costumbre de pensar, pues la reflexión da origen muchas veces a la oposición; en distraer las actividades de los espíritus con banales escaramuzas y torneos de oratoria. Los pueblos, lo mismo que los individuos, siempre han tomado como hechos las palabras, pues, contentándose con la apariencia de las cosas, raras veces se toman el trabajo de examinar si las promesas que se les hacen, relativas a la vida social, sigue su cumplimiento efectivo
Por esta razón nuestras instituciones deberán presentar una hermosa
fachada que demuestre elocuentemente los beneficios que puede reportar el
progreso a todos los hombres. Debemos apropiarnos la fisonomía de todos los
partidos, de todas las distintas tendencias y enseñar a nuestros oradores a
hablar tanto, que el mundo se canse de oírlos. Para adueñarse de la opinión
pública es necesario tenerla siempre suspensa y vacilante, expresando por todos
lados y por largo tiempo tantas opiniones contradictorias, que los Cristianos
acaben por perderse en este laberinto de ideas y por persuadirse que es mejor
para ellos no tener opinión ninguna en política. Cuestiones son éstas que la
Sociedad no debe conocer. Este es el primer secreto. El segundo, necesario
también para gobernar con éxito, consiste en multiplicar de tal manera los
defectos del pueblo, las malas costumbres, las pasiones, los reglamentos de la
vida común, que no haya nadie capaz de desenmarañar este caos y que los hombres
acaben por no entenderse entre sí. Esta táctica nos dará también por resultado
sembrar la discordia en todas partes y disgregar todas las fuerzas colectivas
que no hayan querido sometérsenos; desalentará toda iniciativa personal, aun la
más ingeniosa, y será más poderosa y eficaz que los mismos millones de hombres
en cuyo seno hemos sembrado la discordia. Necesitamos dirigir la educación de
las sociedades cristianas en tal forma, que sus manos caigan abatidas en un
gesto de desesperada impotencia ante cualquier negocio que exija iniciativa. El
esfuerzo que se ejerce sobre el régimen de una libertad sin límites es
impotente, porque tropieza con los esfuerzos libres de otros. De aquí se
originan molestos y enojosos conflictos morales, decepciones y fracasos.
NOSOTROS CANSAREMOS DE TAL MANERA A LOS CRISTIANOS CON ESTA LIBERTAD, QUE LES
OBLIGAREMOS A QUE NOS OFREZCAN UN PODER INTERNACIONAL CUYA DISPOSICIÓN SERÁ TAL
QUE SIN ROMPERLAS, PUEDA ENGLOBAR LAS FUERZAS DE TODAS LAS NACIONES DEL MUNDO Y
FORMAR EL SUPERGOBIERNO UNIVERSAL. En lugar de los actuales Gobiernos,
estableceremos uno verdaderamente terrible que se llamará ADMINISTRACIÓN DEL
SUPERGOBIERNO. Sus manos alcanzarán a todas partes, a manera de unas enormes tenazas,
y su organización será tan colosal que ningún pueblo podrá dejar de
sometérsenos
Los monopolios. - Las riquezas de los Cristianos.- Su dependencia de
esos monopolios.- La Aristocracia despojada de riqueza territorial.- El
Comercio, la Industria y la Especulación. - El lujo. - El alza de los salarios.
- Encarecimiento de artículos de primera necesidad . - La anarquía y la
embriaguez. - La significación secreta de las teorías económicas y de su
propaganda.
Muy pronto constituiremos enormes monopolios, verdaderos almacenes
de riquezas colosales, a los que los capitales de los Cristianos, aun los más
grandes, defenderán de tal manera que al final serán absorbidos, así como
el crédito de los Estados en vísperas de una catástrofe política.
Señores economistas que estáis aquí presentes, ¡Considerad la importancia de
esta combinación!.... Necesitamos por todos los medios posibles tratar de
explicar y desarrollar la importancia de nuestro Super Gobierno,
representándolo como el protector y remunerador de todos los que
voluntariamente se le sometan. La aristocracia de los Cristianos como fuerza
política ha desaparecido y ya no tenemos que tomarla en cuenta; pero como
propietaria de bienes territoriales, puede perjudicarnos en proporción de la
independencia que pueden proporcionarle esos recursos. Es, pues, absolutamente
necesario despojarla totalmente de sus tierras. El medio más eficaz para
conseguirlo es el de aumentar los impuestos sobre la propiedad territorial a
fin de gravar la tierra. Esta medida mantendrá la propiedad territorial en una
dependencia absoluta. Los aristócratas Cristianos, al pasar la propiedad de
padres a hijos, no sabiendo contentarse con menos de lo que tenían, quedarán
arruinados. Al mismo tiempo hay que proteger eficazmente el comercio y la
industria, y más todavía, la especulación, cuyo papel es servir de contrapeso a
la industria. Sin la especulación, la industria aumentaría los capitales
particulares, mejoraría la agricultura, librando las tierras de los gravámenes asignados
por los préstamos de los bancos hipotecarios de crédito territorial. Es
necesario que la industria prive a la tierra del fruto, tanto del capital como
del trabajo, y que ponga en nuestras manos para la especulación todo el oro del
mundo, obligados en fuerza de estas combinaciones a quedar relegados a las
filas del proletariado, todos los Cristianos se inclinarán ante nosotros para
tener como único derecho el de existir. Para arruinar la industria de los
Cristianos daremos un gran impulso a la especulación y al gusto por el lujo,
ese lujo que todo lo devora. Haremos subir los salarios, pero de tal
manera que esta alza no reporte ningún provecho a los obreros, porque al
mismo tiempo habremos provocado el encarecimiento de todos los artículos de
primera necesidad, haciendo creer que ese encarecimiento es debido a la
decadencia y postración de la agricultura y a la misma elevación de los
jornales, y minaremos además profundamente las fuentes de producción habituando
al obrero a la anarquía y a la embriaguez, y tomaremos también todas las
medidas posibles para quitar la tierra de las manos de los Cristianos
inteligentes. Para impedir que esta situación sea conocida antes de tiempo bajo
su verdadero aspecto, disfrazaremos nuestros verdaderos designios con el
aparente deseo de servir y ser útiles a los obreros y de propagar los grandes
principios económicos que enseñamos en los tiempos actuales
Porqué deben aumentarse los armamentos. - Perturbaciones,
discordias y odios en todo el mundo.- Represión de la oposición de los
Cristianos por las guerras y por la Guerra General.- El Secreto, garantía del
éxito en política.- La prensa y la opinión pública.- Los señores americanos,
japoneses y chinos.
El aumento de los Ejércitos y de la Policía es complemento necesario
del plan que hemos expuesto. Es necesario que en todos los Estados no queden
fuera de nosotros sino las masas de proletarios, algunos millonarios que nos
sean adictos, policías y sol dados. En toda Europa, lo mismo que en los otros
continentes, tenemos que suscitar la discordia, el odio y el desorden. El
provecho de estos disturbios es doble. Por un lado, el respeto de todos los
países que así sabrán que podemos, cuando queramos, provocar el desorden o
restablecer el orden, por otro, todos los Estados se acostumbrarán de este modo
a considerarnos como una carga necesaria. En segundo lugar, nuestras intrigas
enredarán todos los hilos que tenemos tendidos en los Gabinetes de las
Naciones, y esto por medio de la política, de convenios económicos y arreglos
financieros. Para llegar a nuestros fines necesitaremos desplegar una astucia
muy grande en el curso de los arreglos y conferencias; pero, en lo que se llama
lenguaje oficial, seguiremos una táctica opuesta apareciendo siempre como honrados
y conciliadores. De esta suerte, los pueblos y los gobiernos de los Cristianos,
a quienes tenemos ya acostumbrados a no ser más que la apariencia de las cosas
que les presentamos, nos tendrán una vez más por los bienhechores y salvadores
del género humano. A cualquier oposición que surja deberemos estar en aptitud
de hacer declarar la guerra por la Nación vecina a los que se atreven a
enfrentársenos; y si esta Nación vecina tuviera el atrevimiento de formar una
alianza contra nosotros, deberemos rechazarla por una guerra general. El camino
que más seguramente lleva al éxito en política es el secreto en todo lo que se
emprende: la palabra del diplomático nunca debe estar de acuerdo con sus actos
Debemos obligar con eficacia a los gobiernos cristianos a obrar
según el plan que hemos concebido con amplitud y que toca ya a su fin. La
opinión pública nos ayudará; esta opinión pública, que es la gran potencia, la
prensa, secretamente ha venido también a caer en nuestras manos. Con pocas
excepciones, sin importancia que es inútil tener en cuenta, la prensa toda
depende de nosotros. En una palabra, para abreviar: he aquí nuestro sistema de
coerción de los gobiernos cristianos en Europa. A uno, le haremos ver nuestra
fuerza por medio de los atentados, esto es, del terror; a todos, si es que
todos se revuelven contra nosotros, contestaremos con los cañones americanos,
chinos o japoneses.*
Debemos apropiarnos todos los instrumentos que nuestros contrarios
pudieran utilizar cont Uso equívoco del derecho jurídico.- Los colaboradores
del régimen Franc-Masón.- Escuelas particulares.- Educación superior
particular.- Economistas y millonarios.- A quién deben confiarse los puestos de
responsabilidad en el gobierno.
Debemos encontrar en las sutilezas y minucias del lenguaje jurídico
una justificación para aquellos casos en que nos veamos en la necesidad de
pronunciar sentencias que pudieran parecer demasiado atrevidas o injustas; pues
importa mucho al formular tales sentencias hacerlo en términos que revistan la
apariencia de máximas morales muy elevadas y un aspecto netamente legal.
Nuestro gobierno debe rodearse de todas las fuerzas de la civilización, en
medio de la que tiene que operar. Conforme a esto, se rodeará de publicistas,
de jurisconsultos experimentados, de hacendistas, de diplomáticos, en una
palabra, de hombres preparados por una educación superior especial en es cuelas
también especiales. Estos hombres deberán conocer los secretos de la existencia
social, todos los idiomas formados de letras y de palabras políticas; deberán
tener conocimiento de las inclinaciones y costumbres de la naturaleza humana,
de sus cuerdas sensibles que deben saber tocar con acierto. Estas cuerdas son:
la ternura del alma de los Cristianos, sus inclinaciones, sus debilidades, sus
vicios y sus cualidades, sus particularidades de clase y condición. Ya se
sobreentiende que esos colaboradores de nuestro gobierno no serán sacados de
entre los Cristianos acostumbrados a desempeñar el trabajo administrativo sin
preocuparse del resultado feliz. Los gobernantes cristianos firman los
papeles sin leerlos; sirven por interés personal o por ambición. Rodearemos
asimismo nuestro gobierno de todo un mundo de economistas. He aquí por qué las
ciencias económicas son las más útiles y por qué importa tanto que se enseñen a
los judíos. Estaremos rodeados de una pléyade de banqueros, industriales,
capitalistas y más que todo esto, de millonarios, supuesto que, en último
término los guarismos son los que todo lo deciden. Por algún tiempo. mientras
llega el momento de confiar sin peligro los puestos de responsabilidad en los
gobiernos de las naciones a nuestros hermanos judíos, los encomendaremos a
individuos cuyo pasado y carácter sean tales que en caso de desobediencia a
nuestros mandatos no les quede otra cosa que esperar sino el destierro o la
muerte; así ellos defenderán nuestros intereses hasta el último aliento
Aplicación de los principios masónicos en la reeducación de los
pueblos. - La palabra de orden del Franc-Masón.- Importancia del
Antisemitismo.- La dictadura de la Franc-Masonería.- El Terror.- Instrumentos
de la Masonería.- La fuerza inteligente y la fuerza ciega de los reinos
cristianos.- Participación del poder con el Pueblo. -- La arbitrariedad
liberal. Usurpación de la instrucción y la educación.- Interpretación de las
leyes.- Los metropolitanos.
En la aplicación de nuestros principios debéis atender al carácter
del pueblo en medio del que vivís y tenéis que operar: Una aplicación general y
uniforme de estos principios, antes que hayamos reeducado al pueblo, no puede
dar buenos resultados. Pero aplicándolos prudentemente veréis que no pasarán
diez años sin que el carácter más obstinado no haya sufrido transformación y que
no contemos con un pueblo más, bajo nuestra dependencia
Cuando llegue nuestro reinado, sustituiremos nuestras palabras de
orden liberal LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD no por otras palabras de orden,
sino por las mismas trasladadas a su rango de meros conceptos abstractos;
nosotros diremos: el derecho a la libertad; el deber de la igualdad; el
ideal de la fraternidad
Cogeremos al toro por los cuernos, sin tapujos ni reticencias: hemos
destruido ya todos los gobiernos excepto el nuestro; más aún, en muchas partes
el nuestro es ya un gobierno de jure. En la actualidad, si hay algunas
naciones que levantan protestas contra nosotros, es por mera fórmula, u
obedeciendo a nuestros deseos o mandatos, porque el Antisemitismo nos es en
cierto modo necesario para gobernar a nuestros hermanos menores
No os explicaré esto con mayor claridad, pues es punto que más de
una vez ha sido tratado en nuestras reuniones
En realidad, no hay ya más obstáculos que nos detengan en nuestro
camino. Nuestro Super-Gobierno se halla en las condiciones extralegales que se
ha convenido en llamar con una palabra demasiado enérgica: DICTADURA En
conciencia, puedo afirmar que actualmente somos los legisladores los que
dictamos sentencias en materia de justicia, los que condenamos a muerte y otorgamos
gracia: Somos como el jefe de un gran ejército y marchamos a su frente, jinetes
en el brioso corcel de su general supremo. Gobernaremos con mano firme, pues
tenemos en ella las riendas de un partido que fue fuerte en otro tiempo, hoy
sometido a nosotros. Tenemos en nuestras manos ambiciones desmedidas, avideces
ardientes, venganzas despiadadas, odios rencorosos. De nosotros proviene ese
terror que todo lo ha invadido. Bajo nuestras órdenes militan hombres de todas
las opiniones, de todas las creencias; restauradores de la monarquía,
demagogos, socialistas, comunistas, y todo género de utopías; a todo el mundo
hemos enganchado en nuestra empresa, y cada uno de ellos va minando las ruinas
de poder y se afana por acabar de derribar lo que aún queda en pie. Todas las
naciones experimentan convulsiones y reclaman tranquilidad; están prontas a
sacrificarlo todo a cambio de un poco de paz; pero esa paz anhelada no se la
daremos mientras no reconozcan nuestro Super-Gobierno abiertamente y con
completa sumisión. El pueblo todos los días está gritando que es necesario dar
una solución a la cuestión social por medio de un acuerdo internacional en la
materia. La división del pueblo en partidos lo ha puesto en nuestras manos,
pues para sostener una lucha es indispensable dinero, y el dinero somos
nosotros los que lo tenemos en nuestro poder. Podríamos temer una alianza de la
fuerza inteligente de los gobernantes con la fuerza ciega de los pueblos, pero
hemos tomado todas las medidas que dicta la prudencia para conjurar este
peligro: entre esas dos fuerzas hemos levantado una muralla, esto es un terror
recíproco. De esta suerte la fuerza ciega del pueblo nos sirve de apoyo y sólo
nosotros la podremos dirigir con toda precisión hacia nuestros fines. Y para
que las manos de ese ciego, el pueblo, no puedan rechazar nuestra dirección,
necesitamos de tiempo en tiempo ponernos en contacto directo con él, si no
personalmente, al menos con la intervención de nuestros hermanos más fieles.
Cuando ya seamos un gobierno reconocido, conversaremos nosotros mismos con el
pueblo en las plazas públicas; lo instruiremos respecto de las cuestiones
políticas en el sentido que nosotros necesitamos. ¿Cómo verificar lo que
se enseña en las escuelas del pueblo?. Lo que diga el comisionado del gobierno
o el mismo gobernante, no puede dejar de conocerse luego en todo el Estado,
porque se difundirá inmediatamente por la voz del pueblo. Para no destruir
prematuramente las instituciones de los Cristianos, hemos movido por medio de
una mano inteligente todos los resortes de su mecanismo. Estos resortes estaban
dispuestos en un orden severo, pero justo; nosotros los hemos reemplazado por
una arbitrariedad desordenada. Hemos desarreglado la jurisdicción, las
elecciones, la prensa, la libertad individual, y más que nada, la educación y
la instrucción, que son las piedras angulares en las que la existencia libre
debe descansar. Hemos corrompido, embrutecido y prostituido la juventud
cristiana por una educación cimentada en principios y teorías que sabemos son
falsos y que no obstante han sido inspirados por nosotros. A más de esto, las
leyes existentes, sin mudarlas en su esencia, las hemos desfigurado con
interpretaciones contradictorias, obteniendo resultados admirables. Estos se
manifiestan desde luego en esas glosas y comentarios, disfrazando las leyes,
han sido ocultadas discretamente a los ojos de los gobernantes y las han dejado
imposibles de reconocer en medio de una legislación por demás embrollada.De
aquí procede la teoría del tribunal de la conciencia. Y vosotros diréis que si
los pueblos se dan cuenta antes de tiempo de estas maniobras, se revolverán
contra nosotros con las armas en la mano; pero si llegara este caso, en todos
los países de Occidente tenemos preparada una maniobra tan terrible, que aún
los ánimos más esforzados temblarán: en todas las grandes capitales se irán
estableciendo los metropolitanos (tranvías subterráneos) y nosotros los
volaremos por medio de la dinamita con todas las organizaciones y todos los
documentos del país
La fuerza de las cosas en política.- La genialidad de la bajeza .-
Lo que promete el golpe de Estado Franc-Masónico.- El Sufragio Universal.- La
estima de sí mismo.- Los jefes de los Franc-Masones.- El guía genial de la
Masonería.- Las Instituciones y sus funciones.- El veneno del Liberalismo. La
Constitución, escuela de disensiones de partidos.- La Era Republicana.- Los
Presidentes, hechuras de Masonería.- Responsabilidad de los Presidentes.-
El Panamá. El papel de la cámara de los diputados y del Presidente.- La Franc-Masonería, fuerza legislativa.- La nueva Constitución Republicana.-
Tránsito a la Autocracia Franc-Masónica. - Momento de la proclamación del rey
universal. - Inoculación de enfermedades y otros crímenes de la Franc-Masonería.
Empiezo hoy por repetir lo que ya os he dicho, rogándoos recordéis
que los gobiernos y los pueblos no ven sino la apariencia de las cosas. y ¿cómo
podrían desentrañar su sentido íntimo cuando sus representantes no sueñan sino
en divertirse? Mucho importa para nuestra plática conocer este detalle, pues,
nos servirá de mucho cuando lleguemos a tratar y discutir sobre la división del
poder, la libertad de palabra, de prensa, de conciencia, el derecho de
asociación, de la igualdad ante la ley, la inviolabilidad de la propiedad y
domicilio, los impuestos y la retroactividad. Todas estas cuestiones son tales
que nunca es necesario tratarlas ante el pueblo directamente y abiertamente. En
los casos en que sea preciso tocarlas, no hay que enumerarlas, sino declarar en
globo que los principios del derecho moderno son reconocidos por nosotros. La
importancia de esta reticencia consiste en que un principio que no se nombre,
nos deja en libertad de excluir esto o aquello, sin que nadie lo advierta,
mientras que si los enumeramos tenemos que aceptarlos sin reservas. El pueblo
siente un amor particular y una grande estimación por los genios políticos y
responde a todos sus actos de violencia con estas o parecidas palabras: . Es un
canalla, pero qué listo!...¡Esto es el colmo de la habilidad! . Qué golpe más
bien dado. ¡Pero qué bribón! Nosotros contamos con atraer a todas las naciones
para la construcción de un nuevo edificio fundamental del que tenemos ya
proyectado el plan. He aquí por qué, ante todo, tenemos necesidad de hacer
provisión de esta audacia y fuerza de espíritu que en la persona de nuestros
actores han de destruir todos los obstáculos que se oponen a nuestro paso
Una vez dado nuestro golpe de estado diremos a los pueblos: Todo iba
horriblemente mal; todos hemos tenido que sufrir por una causa o por otra; esto
era ya insoportable. Hemos destruido las causas de vuestros sufrimientos, las
nacionalidades, las fronteras, la diversidad de monedas. Indudablemente que
sois muy libres de jurarnos obediencia o no; ¿pero podéis hacerlo con justicia
si lo hacéis antes de experimentar lo que os hemos dado?..
Entonces nos exaltarán y llevarán en triunfo con un entusiasmo
unánime, y lleno de esperanzas. El sufragio universal, del que hemos hecho el
instrumento de nuestra entronización, y al que hemos acostumbrado a los más
insignificantes iniciados que forman parte de la colectividad humana, por medio
de reuniones, de grupos y de alianzas, representará por última vez su papel
expresando el voto unánime de la humanidad de conocernos antes de juzgarnos.
Para esto es necesario arrastrar a todo el mundo hacia el sufragio universal,
sin distinción de clases y sin censos electorales, para establecer así el
absolutismo de las mayorías que no se puede obtener de las clases de contribuyentes
y pensantes. Una vez acostumbrado el mundo de esta manera a la idea de su
propio valer, queda destruida la importancia de la familia cristiana y las
trascendencias que tiene en la educación y no permitiremos que surjan
personalidades a las que las turbas, dirigidas por nosotros, no permitirán que
se destaquen ni siquiera que levanten la voz; las multitudes están
acostumbradas a no escuchar sino a nosotros, que les pagamos su obediencia y su
atención. De esta suerte haremos del pueblo una fuerza tan ciega, que no habrá
en el Estado ninguno que esté dispuesto a hacer cualquier movimiento sino bajo
la dirección de los agentes que nosotros pongamos para que los dirijan como
jefes. El pueblo se someterá a esta dirección, pues sabe bien que de esos
nuevos jefes dependen las ganancias, las gratuitas recompensas y toda clase de
bienes. Un plan de gobierno debe ser proyectado por un solo hombre, pues
resultaría incoherente si muchos talentos se distribuyen la tarea de formarlo.
Así, nosotros podemos conocer un plan de acción; pero no debemos discutirlo
para no romper su carácter peculiar, la trabazón de sus partes, la fuerza
práctica y la significación oculta de cada uno de sus puntos. Que el sufragio
universal lo discuta y lo manosee, por decirlo así, y esto sólo bastará para
que adquiera el carácter de todas las falsas concepciones de inteligencias que
no penetran la profundidad y el enlace de los pensamientos
Sean nuestros planes sólidos y bien concebidos como es necesario.
Por eso no debemos arrojar las producciones de talento de nuestros jefes a los
pies de las multitudes, ni abandonarlas tampoco en manos de sociedades de
cortos alcances. Estos planes no destruirán por lo pronto las instituciones
modernas. Solamente modificarán su economía, y en consecuencia, todo su
desarrollo que se orientará de conformidad con nuestros proyectos. Casi en
todas las naciones existen las mismas cosas, aunque tal vez con distintos
nombres: la Representación, los Ministerios, el Senado, el Consejo de Estado,
el Cuerpo Legislativo v el Cuerpo Ejecutivo. No tengo necesidad de explicaros
el mecanismo de las relaciones de estas instituciones entre sí, porque os es
bien conocido; notad solamente que cada una de estas instituciones corresponde
a una función importante del Estado, y os ruego que toméis también en
consideración que es la función y no la institución la que yo llamo importante,
no son, pues, las instituciones las que son de importancia, sino sus funciones.
Las instituciones se han distribuido entre sí todas las funciones del gobierno:
funciones administrativas. legislativas y ejecutivas. De esta manera, las
instituciones desempeñan en el organismo del Estado un papel semejante al de
los órganos en el cuerpo humano. Si nosotros trastornamos una parte de la
máquina del Estado, éste caerá enfermo como el cuerpo humano, y morirá. Después
de haber inoculado en el organismo del Estado el veneno del Liberalismo, toda
su constitución se ha trastornado; los estados están enfermos de una enfermedad
mortal, la descomposición de la sangre; no queda ya más que esperar que el
término de su agonía. Del Liberalismo han nacido los gobiernos constitucionales
que han reemplazado entre los Cristianos a una saludable autocracia, y la
constitución, como sabéis vosotros, no es más que una escuela de desórdenes, de
malas inteligencias, de discusiones, de disputas, de agitaciones estériles de
partidos; en una palabra, es la escuela de todo aquello que hace a un Estado
perder su personalidad e individualidad. La tribuna lo mismo que la prensa, ha
condenado a los gobiernos a la inacción y a la debilidad y los han hecho poco
necesarios, inútiles, lo que fácilmente explica que sean derribados. La era
republicana ha llegado así a ser posible; hemos reemplazado el gobierno por una
caricatura de gobierno, por un presidente que sacamos de la multitud, de entre
los miles de hechuras y esclavos nuestros. Allí está el fondo de la mina cavada
por nosotros bajo el suelo de los pueblos cristianos. En porvenir no lejano,
crearemos la responsabilidad de los presidentes. Entonces, sin molestarnos,
provocaremos acontecimientos de los que nuestra creación impersonal tendrá que
responder. ¿Qué nos importa si las filas de los que aspiran al poder se van
aclarando, si surgen dificultades capaces de desorganizar completamente una
nación?.. En previsión de este resultado, fraguaremos la elección de
presidentes que tengan en su pasado alguna mancha infamante oculta, algún
Panamá. El temor a las revelaciones y al escándalo y el deseo de todo hombre
que llega al poder de conservar sus privilegios y los honores que consigo lleva
el puesto, los convertirán en fieles ejecutores de nuestras órdenes. La Cámara
de Diputados encubrirá, defenderá, elegirá a los presidentes; pero le
quitaremos el derecho de iniciar leyes y de modificarlas: este derecho se le
adjudicará al presidente, que no será sino un juguete en nuestras manos. El
poder del gobierno vendrá a ser blanco de todos los ataques. Nosotros le
daremos el derecho de apelar a la decisión del pueblo, sin tener que acudir a
la intervención de sus representantes, la Cámara; es decir: el derecho de
recurrir a nuestro servidor ciego e incondicional: la mayoría. Además, daremos
al presidente el derecho de declarar la guerra. Fundaremos este último derecho
alegando que el presidente, como jefe de todo el ejército de la nación, debe
tenerlo a su disposición para defender la nueva constitución republicana, de la
que él, el presidente, es el representante responsable. En estas condiciones el
Jefe del Santuario (la llave de la situación) estará en nuestras manos y nadie,
excepto nosotros, podrá encauzar la fuerza legislativa. Retiraremos además a la
Cámara, al implantar la nueva Constitución, el derecho de interpelación, bajo
el pretexto de que ese derecho es contrario a la salvaguardia del secreto político.
Igualmente restringiremos por la nueva Constitución el número de representantes
al mínimum, lo que producirá el efecto de disminuir un tanto las pasiones
políticas y la pasión por la política. Si, contra lo que esperamos, esas
pasiones políticas se despertaran aún en ese corto número de representantes, lo
reduciremos a nada, por medio de un llamamiento a la mayoría del pueblo.
Dependerán del Presidente los nombramientos de presidente y vicepresidente de
la Cámara y del Senado. En lugar de sesiones parlamentarias permanentes,
limitaremos las sesiones a unos meses. Además el Presidente, como jefe del
poder ejecutivo, tendrá el derecho de convocar o disolver el parlamento, y en
este último caso, el de aplazar el momento para una nueva convocación. Pero,
para que las consecuencias de todos estos actos, realmente ilegales, no
recaigan sobre la responsabilidad establecida por nosotros del presidente, en
lo relativo a nuestros planes, sugeriremos a los ministros y demás funcionarios
que rodean al Presidente la idea de sobrepasar las disposiciones de éste, con
sus propias medidas, de tal manera que ellos (los ministros) vengan a resultar
los responsables
Aconsejamos encomendar esta actuación, principalmente, al Senado o
al Consejo de Estado o de Ministros, más bien que a un solo individuo. El
Presidente interpretará conforme a nuestros deseos las leyes existentes que
sean susceptibles de distintas interpretaciones; las anulará cuando le
demostremos la necesidad de hacerlo; tendrá derecho de proponer leyes provisionales,
y aun nuevo cambio de Constitución, con pretexto del bien supremo del Estado.
Estas medidas nos darían el medio de destruir poco a poco y paso a paso todo
aquello que en el momento de posesionarnos del poder nos hayamos visto
obligados a incluir en las Constituciones de los pueblos; por este medio
pasaremos insensiblemente a la supresión de toda Constitución cuando llegue la
ocasión y el momento de agrupar todos los gobiernos bajo nuestra autocracia. El
reconocimiento de ella puede llegar antes de la supresión de la Constitución,
si los pueblos, cansados de tantos desórdenes y de la frivolidad de sus
gobernantes dan engritar. Echadlos y dadnos un rey universal que pueda unirnos
y acabar conlas causas de nuestras discordias: las fronteras internacionales,
las religiones, los cálculos e intereses de Estado: un rey que nos dé esta paz,
esta tranquilidad que no podemos alcanzar con nuestros gobernantes y
representantes. Sabéis muy bien vosotros que para que estos deseos se realicen
es necesario perturbar constantemente en todos los pueblos las relaciones entre
ellos y sus gobiernos, con el propósito de cansar a todo el mundo con la
desunión, la enemistad, el odio, y aun con el martirio, el hambre, la
propagación de enfermedades y la miseria para que los Cristianos no encuentren
otra salvación que la de recurrir a nuestra plena y absoluta soberanía. Si
damos a los pueblos una tregua para respirar, tal vez el momento favorable no
llegará jamás
El programa de la nueva Constitución.- Algunos pormenores del golpe
de Estado proyectado.- Los Cristianos, rebaño de borregos.- La Franc-Masonería
secreta y sus logias de apariencia.
El Consejo de Estado tiene por objeto hacer destacar el poder del
gobierno: bajo la apariencia de un cuerpolegislativo, será en realidad un
comité de redacción de las leyes y de los decretos del gobierno. He aquí el
Programa de la nueva Constitución que preparamos: Crearemos la Ley, el derecho
y el tribunal.- l), bajo la forma de proposiciones al Cuerpo Legislativo. 2),
por medio de decretos presidenciales, por actas del Senado y por resoluciones
del Consejo de Estado, bajo la forma de órdenes ministeriales; 3), en caso de
que se juzgue oportuno, por medio del golpe de estado. Una vez que de manera
aproximada dejamos establecido este modus vivendi, tratemos algo más
detalladamente de las medidas que nos servirán para acabar la transformación
del Estado en el sentido de que ya hemos hablado. Pretendo hablar de la
libertad de la prensa, del derecho de asociación, de la libertad de conciencia,
del principio electivo, y de otras muchas cosas que deberán desaparecer del
repertorio humano, o al menos alterarse radicalmente, tan luego como la nueva
Constitución se haya promulgado. Entonces será cuando nos sea posible promulgar
todas nuestras leyes al mismo tiempo. Después, cualquier cambio sensible sería
perjudicial por esta razón: si la modificación se opera en el sentido de la
severidad y del rigor, puede causar la desesperación provocada por el temor de
nuevos cambios en el mismo sentido; si, por el contrario, es en el sentido de
mayores complacencias, se dirá que hemos reconocido nuestros errores, y esto
debilitará el prestigio de la infalibilidad de nuestro gobierno, o bien se dirá
que hemos tenido temor y nos vimos obligados a hacer concesiones, que nadie nos
agradecerá ni a nadie obligarán con nosotros. Ambas cosas perjudican el
prestigio de la nueva Constitución. Queremos que desde el día de su
promulgación, cuando los pueblos estén aún estupefactos por el golpe de estado que
hemos de dar, cuando estén aún invadidos por el terror y perplejos, en ese
preciso momento reconozcan que somos tan fuertes, tan invulnerables, tan
poderosos, que no contaremos con ellos para nada; que no solamente no
atenderemos sus opiniones y pareceres, sino que estamos dispuestos y a punto de
reprimir toda expresión, toda manifestación de estos deseos y de estas
opiniones, con una autoridad indiscutible; que de un solo golpe nos hemos
adueñado de todo lo que nos era necesario y que en ningún caso estamos
dispuestos a compartir nuestro poder con ellos... Entonces cerrarán los ojos y
dejarán venir los acontecimientos..
Los Cristianos son un rebaño de carneros y nosotros somos para ellos
los lobos. Y ¿ya sabéis lo que sucede a los corderos cuando el lobo llega a
penetrar en el redil? Cerrarán aún los ojos, sobre todo, por las promesas que
les haremos de volverles todas las libertades que les hemos arrebatado, cuando
los enemigos de la paz se hayan calmado y los partidos queden reducidos a la
impotencia. ¡Por supuesto que los Cristianos podrán esperar sentados la vuelta
del pasado!... ¿Para qué habíamos de inventar e inspirar a los Cristianos toda
esta política sin darles los medios de conocerla a fondo, sino para poder
emprender en secreto lo que nuestra raza dispersa no podía intentar directa y
abiertamente? Esto nos ha servido de base para nuestra organización de la Franc-Masonería secreta, que no es conocida y cuyos designios ni aunsiquiera
sospechan los imbéciles Cristianos, alistados por nosotros en el ejército
visible de las logias para distraer las miradas de los hermanos. Dios nos ha
dado a nosotros, su pueblo elegido, la dispersión, y en esta debilidad de
nuestra raza radica nuestra fuerza que hoy nos conduce al solio de un reino
universal. Poco es lo que nos falta edificar sobre estos cimientos.
Interpretación masónica de la palabra Libertad.- Porvenir de
la prensa en el reinado de los Franc-Masones.- El control de la prensa.
Argucias de corresponsales.- Lo que es el progreso para los Franc-Masones.- Su
solidaridad en la prensa moderna.- Exageración de las exigencias sociales.-
Infalibilidad del nuevo régimen.
Con esta medida quedará garantizado nuestro gobierno de todo ataque
por parte de la prensa. En ocasiones, aun sin mérito para ello, impondremos
multas. Estampillas, participaciones y multas producirán un buen ingreso al
Estado. Es verdad que los periódicos de los partidos podrían soportar estas
pérdidas pecuniarias, pero los suprimiremos a la segunda vez que nos ataquen.
Nadie osará tocar impunemente la aureola de nuestra infalibilidad
gubernamental. El pretexto para suprimir un periódico podrá ser, por ejemplo,
que el órgano en cuestión agita los ánimos sin razón ni motivo. Fijaos bien, os
ruego, en que entre aquellos periódicos que nos atacarán, habrá algunos creados
por nosotros mismos; pero éstos dirigirán sus tiros exclusivamente a aquellos
puntos en los que nosotros deseamos algún cambio. Nada se dará a conocer a las
sociedades fuera de nuestro control. Ya desde ahora hemos obtenido este
resultado por el hecho de que todas las noticias se reciben por nuestras
agencias, en las que esas noticias de todo el mundo vienen a centralizarse.
Estas agencias entonces serán exclusivamente nuestras y no publicarán sino lo
que nosotros les ordenemos. Si ya desde ahora nos hemos podido adueñar de las
inteligencias en las sociedades cristianas, a tal grado que casi todos los
hombres ven los acontecimientos mundiales solamente a través de las lentes de
color que ponemos delante de los ojos; si desde ahora no hay ya para nosotros
cerradura que nos impida apoderarnos de lo que los Cristianos torpemente llaman
Secreto de estado, ¿qué será cuando seamos los dueños reconocidos como tales
del mundo, en la persona de nuestro rey universal? Cualquiera que desee ser
editor, librero, bibliotecario, publicista o impresor, tendrá la obligación de
obtener un diploma o credencial que, en caso de que su dueño llegara a hacerse
reo de cualquier delito, será inmediatamente recogida
Con estas medidas, el instrumento del pensamiento y de las ideas
vendrá a ser un medio educativo en manos de nuestro gobierno, que no permitirá
a las masas populares fantasear acerca de los beneficios del progreso. ¿Quién
de nosotros ignora que estos beneficios ilusorios conducen a absurdos
desvaríos? Estos desvaríos han dado origen a las relaciones anárquicas de los
hombres entre sí y con el poder, porque el progreso ha traído las ideas de toda
clase de libertades desenfrenadas... Todos aquellos a quienes damos el nombre
de libera les son anarquistas, si no de hecho, a lo menos de pensamiento. Todos
y cada uno de ellos van persiguiendo la libertad y caen en la anarquía,
protestando por el simple placer de protestar. Volvamos a la prensa. La
abrumaremos, lo mismo que a los demás impresos, con impuestos en sellos o
estampillas a tanto por hoja, y con fianzas: los libros que tengan menos de
treinta hojas, pagarán doble impuesto. A éstos, los registraremos en la
categoría de folletos; por una parte, a fin de reducir el número de revistas,
que son el veneno más peligroso, y por otra, porque esta medida obligará a los
escritores a producir obras extensas que serán poco leídas, principalmente por
su alto precio. Por el contrario, lo que nosotros editemos para el bien moral,
dentro de las tendencias que estableceremos, se venderá barato y será leído por
todos. Los impuestos acallarán el vano deseo de escribir, y el temor del
castigo someterá a los literatos bajo nuestra autoridad. Si hay personas que
intenten escribir contra nosotros, no se encontrará quien quiera imprimir sus
obras. Antes de aceptar alguna para su impresión, el editor o impresor tendrá
que dirigirse a las autoridades para obtener el permiso respectivo. De este
modo nosotros conoceremos anticipadamente los lazos que se nos tiendan y los
destruiremos con las explicaciones previas que hagan el caso. La literatura y
el periodismo son dos fuerzas educadoras de la mayor importancia; por esto
nuestro gobierno será el propietario del mayor número de periódicos. Por esta
misma razón, también, la influencia nociva de la prensa privada será
neutralizada y adquiriremos una influencia moral enorme. Si autorizamos diez
periódicos privados, fundaremos treinta de los nuestros. Todos los periódicos
editados por nosotros serán aparentemente de tendencias y opiniones las más opuestas,
lo que despertará la confianza en ellos y les atraerá a nuestros adversarios
sin recelos ; caerán en el lazo y resultarán inofensivos. Los órganos de
carácter oficial estarán en primera línea. Vigilarán siempre nuestros intereses
y esta razón hace que su influencia sea casi nula. En la segunda fila estarán
los oficiosos, cuyo papel será atraer a los indiferentes y a los tibios. En
tercera fila colocaremos a nuestra pretendida oposición. Un órgano, cuando
menos, será el antípoda de nuestras ideas
Nuestros contrarios tomarán en este pseudo opositor por un aliado
suyo y nos descubrirá su juego. Representarán nuestros periódicos todas las
tendencias: las aristocráticas unos, las republicanas otros, igualmente las
revolucionarias y aun las anarquistas; pero esto, naturalmente se entiende,
mientras esté en vigor la Constitución
Como el dios Wichnou de cien manos, cada una de ellas acelerará el cambio de la sociedad; esas manos guiarán la opinión en el sentido que convenga a nuestros intereses, porque un hombre que vive en un medio demasiado agitado, pierde la facultad de razonar y se abandona fácilmente a la sugestión. Los imbéciles que creerán repetir la opinión del periódico de su partido, no harán otra cosa que repetir y expresar nuestra opinión o aquello que nos agrade. Se harán la ilusión de seguir las opiniones del periódico de su partido, y en realidad seguirán la bandera que nosotros enarbolaremos para que vayan tras ell