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uana de Arco ya tenía una armadura, pero le faltaba aún un arma que empuñar en
la batalla. Juana rechazó cuantas espadas le ofrecieron. Tan sólo quería una, la
que sus "voces" le habían indicado y que ella
sabía dónde encontrar. A través de un sueño,
Santa Catalina le comunicó que
una espada aguardaba, enterrada, tras el altar de la capilla erigida en su honor
en Fierbois.
Juan Pasquerel, dominico y confesor de Juana, acudió al lugar
indicado por el sueño. Mientras cavaba junto con los frailes de la capilla, su
pala chocó con algo metálico: una espada herrumbrosa que yacía sepultada
exactamente donde las "voces" de Juana habían señalado. El prodigio, sin
embargo, aún no había terminado. El óxido, a medida que los frailes bruñían la
misteriosa reliquia, se transformaba en un limpísimo acero, listo para emprender
la batalla. La espada tenía cinco cruces en la hoja.
¿Qué hacía allí esa espada? Se cuenta que era costumbre que los soldados,
después de una batalla, fueran a ofrecer su espada a citada iglesia como
muestra de agradecimiento por haber salido indemnes del combate.
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"Juana de Arco besando la espada
de la liberación" |
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Hay que destacar que Juana de Arco jamás mató a
nadie, su espada nunca se tiñó de sangre, a pesar de participar en
numerosos combates. De hecho, Juana declaro durante el "juicio" que prefería
su estandarte a su espada, seguramente debido a que con el estandarte no había
riesgo de que matase a nadie.
Al igual que Santa Juana de Arco, también
San
Miguel Arcángel, Santiago Apóstol (Santiago Matamoros) y San Pablo,
por ejemplo, son representados con una espada.
A la izquierda de este párrafo podemos ver el cuadro que el pintor y poeta inglés Dante Gabriel
Rossetti (1828 -1882) pintó en 1863, y que lleva por título "Joan of
Arc kissing the Sword of Deliverance" (Juana de Arco besando la espada de la
liberación).
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Santa Juana de Arco, ¡ruega por nosotros!
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