Por: Suhail
Hani Daher Akel
En los albores
Con sus llanuras ondulantes, sus montañas, su desierto y un mar Mediterráneo golpeando sus playas, fue el ámbito propicio para un clima que prácticamente se concentro en dos estaciones, con un frío templado, nieve por zonas, pocas lluvias y mucho calor, concediendo el valioso clímax para ser una tierra históricamente fértil en minerales y cítricos. Palestina, desde sus albores es una tierra noble, de profetas y grandes sabios. Ella, recibió al Padre de los profetas Abraham; en ella nació, murió y resucito el palestino Jesús, El Salvador y desde ella se elevo a los cielos el profeta Mohammed, convirtiéndose la noble tierra en el pesebre de las tres religiones monoteístas: la judía, la cristiana y la musulmana.
Conocida bíblicamente como Canaan-Palestina.
Aunque su historia es prebíblica, regada por ciudades como Jerusalem con una
vida de 5.500 años, Jericó con 10 mil años de antigüedad, o Belén de 4.000 mil
años de historia. Entre otras ciudades bíblicas que aún se yerguen en
Palestina, figuran: Nazareth, Nablus,
Hebrón, Galilea, Gaza y Affoula. Es propicio recordar entre otros
descubrimientos, los del arqueólogo Parker en 1909, en su hallazgo de tumbas que datan de 4000 aC., identificando
la cultura, el uso de la agricultura, la construcción y del bronce fundido por
los cananeos.
Con sus 27.009 kilómetros cuadrados y su
privilegiada ubicación, Canaan- Palestina, adquirió su definitivo nombre
gracias a la fusión semita de los cananeos-filesteos, imprimiendo en 1175 aC su
definitivo nombre Felestin-Palestina, felistinie-palestinos. Pero su tierra
gracias a su estratégica ubicación sobre el Mediterráneo uniendo a tres
continentes Asia, Africa y Europa se convirtió en altar de las invasiones de colonialistas e imperialistas de
turno.
La erudición colonialista se manifestó con
invasiones como la de los hebreos en 1020 años aC; los persas en el 538; los
macedonios en el 332; los griegos en el 169; hebreos macabeos en el 160 y los
romanos en el 37 aC. Nuevamente los persas en el 614 dC.; los cruzados en el
1.099.;los otomanos en 1517 hasta 1914; los británicos en 1917; los sionistas
desde el principio del siglo XX; la creación del Estado de Israel en 1948 y la
ocupación israelí del resto de Palestina a partir de 1967.
Sin embargo, la presencia palestina se
mantuvo firme frente a la agresión de los invasores y supero las
determinaciones del rey hebreo Herodes cuando envío a matar al recién nacido
palestino Jesús, matando a centenares de niños palestinos, o la del hebreo
Sansón, que llego a Gaza y por medio de su atentado suicida destruyo la casa de
los filisteos (palestinos), matando con su muerte a centenares de ellos, según
reza La Biblia.
Fue erigida 3.500 años aC. por los jebuseos,
una tribu cananea-árabe-semita de la genealogía palestina, llamándola Salem en
honor al dios de la paz e imprimió en 1805 aC su carácter de ciudad administrativa,
capital de Canaan-Palestina, cuando Maleq Sadec (Melquisedec), Sumo Sacerdote
del Dios Altísimo y rey de Jerusalem, recibió al iraqui Abraham que llegó a la
tierra prometida por orden de Dios para ser Padre de las Naciones. El
monoteísta rey palestino repartió el pan y el vino, y Abraham, con gesto de
humildad y sumisión le entregó sus diezmos.
Como parte de los invasores hebreos llegados
en 1020 aC, al filo de la espada,
impusieron sobre una parte de Palestina el Reino de Israel y el Reino de
Juda. El Rey David, que salvo su vida con los filisteos de Belén, y solo luego
que estos mataron a su acosador rey Saúl, quien ocupaba a Jerusalem, su irónica
retribución fue mantener la ocupación, y en el 1004 aC. puesto en rey, le
cambio su nombre por el de Ciudad de David. Sucedido por el hebreo rey Salomón,
edifico el Templo con su nombre. Un Templo al que Jesús profetizo: “En verdad
os digo que no quedara piedra sobre piedra que no sea destruida...”.
Luego del rey palestino Melquisedec, hasta la
fecha, ningún gobernante palestino pudo libremente gobernar a Jerusalem y ésta,
siempre fue ultrajada por reyes y emperadores; generales y dictadores
extranjeros. Mientras su pueblo palestino resistió la ira de la violencia y la prepotencia de los ocupantes, el sufrimiento fue puesto en evidencia por
el propio Jesús, quien expreso: “Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas
y a los enviados de Dios”, La Biblia.
No solo no se pudo gobernar a Jerusalem, sino
Palestina con su antecedente citado de casi 10 mil años, los palestinos,
pudieron gobernar a su país solo durante 2.800 años en periodos separados y
nunca en plena libertad. Vale tomar en
cuenta que el definitivo perfil Sagrado y su carácter árabe definitivamente se
imprimió con la llegada del Islam a partir de 638 dC., acuñando el califa Umar
Ben el Khattab, la tolerancia entre la tres religiones monoteístas, el respeto
y la dignidad entre sus habitantes, posibilitando a Jerusalem ser el ámbito de
la intelectualidad palestina.
Por los tiempos actuales, nuevamente
Jerusalem fue sometida a la prepotencia.
Ocupada por los israelíes en 1967, fue convertida ilegalmente el 30 de
julio de 1980 en ciudad indivisible capital de Israel. El rechazo internacional
no se hizo esperar y fue unánime. La ONU en su resolución 478 del 20 de agosto
de 1980, exigió a Israel su retiro
militar de Jerusalem Este, no convertirla en ciudad indivisible capital y no
modificar su status jurídico, y solicito a los países miembros mantener sus
embajadas en Tel Aviv, capital reconocida a Israel. Estados Unidos, Europa,
Argentina y América Latina mantiene actualmente sus embajadas en Tel Aviv
y pesar de la determinación
internacional y el pedido de la Santa Sede, aún Jerusalem-Al Quds (La Santa)
permanece capturada ilegalmente por Israel.
Con ésta fugaz inserción en la historia, el
interés, es resaltar el derecho legitimo y natural que le asistió al pueblo
palestino en su tierra, a su herencia y a sus raíces. Un derecho que además le asiste por resistir hasta la actualidad
a todas las invasiones y masacres impuestas sobre la vida de su pueblo.
Cuando el siglo 19 se agotaba, la pequeña
minoría palestina-judía que vivía en Palestina, formaban parte del Yishuv
(comunidad) religiosa, en convivencia, sin obstáculos ni persecuciones.
Equidistantes de esta realidad, los
europeos judíos-sionistas reunidos en el primer Congreso Sionista en Basilea,
Suiza, del 29 al 31 de agosto de 1897, tejieron la trama de los principios de
conciencia expansionista de Theodoro Herzl de un Estado judío sobre Palestina,
que signifique: colonizar Palestina; federar y judaizar a los judíos; reafirmar
el sentimiento “nacional y gestionar la suficiente presión sobre los gobiernos
para alcanzar el objetivo sionista.
Como consecuencia de las acusaciones que
pesaban sobre el capitán francés-judío Alfred Dreyfus, el periodista judío
agnóstico Tehedoro Herzel de nacionalidad húngaro se encontró impresionado por
la persecución de los judíos en Francia en 1894, motivándolo a convertirse en
conspicuo sionista y generador del primer Congreso Sionista. Con notable
interpretación del sufrimiento y la persecución, Herzel, no escatimo palabras:
“trataremos de hacer desaparecer a la población árabe (de Palestina)...obteniéndoles
trabajo en países de transito...”. Los deseos ya habían sido anunciados en 1891
por el sionista Ahad Ha´am, quien anticipaba
que los árabes estaban al tanto de las intenciones sionistas.
Con una Palestina convulsionada a principios del
siglo XX, viciada por la ocupación otomano-turca, el punto final de ésta, y el comienzo de la ocupación británica,
posibilito que el cielo palestino se cubriera con el terrorismo sionista en
manos de los europeos judíos, ajenos al país, adversos a la declamación
británica de un Hogar Nacional Judío en Palestina, comprometidos con el terror
colonialista y hasta proclives de un futuro Estado judío con excelentes
relaciones con la Alemania hitleriana, según las declamaciones de Yitzhak
Shamir, jefe de la agrupación terrorista sionista Leji. Sin embargo, amparados
en el promocionado sufrimiento judío en Europa, aplicaron del mismo modo, un encubierto, sufrimiento sobre el
pueblo palestino.
Con conciencias mutiladas y una profunda
crisis europea irresuelta, dio lugar a las fuerzas internacionales interesadas
alcanzar la presión suficiente sobre la recientemente creada Organización de
las Naciones Unidas e insertar en el seno de la misma “el problema palestino”.
Sin la presencia palestina, la ONU decidió con el voto de 33 países sobre 59 y
el voto en contra de Inglaterra, aprobar el 29 de noviembre de 1947, la
resolución 181 que llamó a la “partición de Palestina”. Con enigmática actitud y sin tener en cuenta
al pueblo palestino que habitaba la tierra, la ONU determinó la creación de un
Estado judío con el 55 por ciento. El 45 restante, seria para la continuidad de
una Palestina convertida en Estado. Mientras que Jerusalem, la histórica
capital palestina, seria una ciudad internacionalizada dentro del Estado Palestino, sin que sus limites se tocaran
con el futuro Estado judío.
Sedientos por desestabilizar a Palestina,
nada conformaba al expansionismo sionistas. El director del Fondo Agrario
Judío, Joseph Weitz, escribió el 19 de diciembre de 1940: “esta claro que no
hay sitio para ambos pueblos...”. Por
su parte, Menahem Beguin jefe de la agrupación terrorista Irgún Zvai Leumi,
aseguraba en 1948 que la partición no significaba que privaría a los judíos de
la totalidad de los territorios de Palestina, de Jerusalem e incluso de
Transjordania. En tanto, el líder del
terrorista grupo de la Haganah, David Ben Gurion descargó su filosofía de
violencia al declarar el 19 de marzo de 1948: “El Estado judío no dependerá del
plan de partición de las Naciones Unidas, sino de nuestra fuerza militar”.
Esta partición que mantuvo a los palestinos
como convidados de piedra, en el terreno, significo el recambio de un pueblo
por otro llegado de lejos. El 60 por
ciento del pueblo palestino fue arrojado al mar como secuela del terrorismo
sionista aplicado en las masacres de las aldeas y ciudades como: Deir Yassin
(cercana a Jerusalem) el 9 de abril de 1948; Tiberiades el 19 de abril del ´48;
las portuarias Haifa y Jaffa, el 22 y 28 de abril del ´48; el sector occidental
de Jerusalem el 30 de abril del ´48; Beisan, Safad y Acre el 8, 10 y 14 de mayo
del ´48.
Con un total de 387 aldeas y ciudades
palestinas destruidas, arrasadas y masacradas, el 15 de mayo de 1948, David Ben
Gurion proclamó unilateralmente la creación del Estado de Israel con el 78 por
ciento de Palestina, ocupando militarmente el sector occidental de Jerusalem.
Palestina se desmoronó, y sobre sus escombros los sionistas izaron su bandera
del Nakba(Catastrofe)del pueblo palestino. El resto de Palestina (22 por
ciento) quedo eclipsado. El sector norte quedo reducida bajo administración
transjordana, llamándola Cisjordania o Ribera Occidental. Mientras que Gaza,
fue sometida a la administración egipcia. Finalmente, como corolario de la guerra
árabe-israelí el 5 de junio de 1967, Israel ocupo el resto de los territorios
de Palestina y el sector este de la
Sagrada Jerusalem–Al Quds.
Si bien la ONU preveía dos estados, los
sionistas ensombrecieron la posibilidad del Estado Palestino y utilizaron la
hipocresía mediática para justificar la mayor ocupación de territorio y
difundir su “tragedia de seguridad”,
legitimando su poder militar para expandirse como medio de seguridad por
los ataques de los “países árabes”. En cuanto a los refugiados palestinos, se
desprendieron de la responsabilidad culpando a los árabes de exhortarlos para
irse. Sin embargo nunca los países árabes cruzaron la supuesta línea fronteriza
de Israel y la propia BBC de Londres que
monitoreo las trasmisiones en 1948, reconocieron que no había llamados
de radios o voces árabes al abandono de los palestinos de sus tierras e incluso
los palestinos llamaban a quedarse. Dejando plasmado, que los refugiados
palestinos huyeron del Holocausto impuesto por medio de las masacres y las
atrocidades de los grupos terroristas sionistas.
La resolución 194 de la ONU del 11 de
diciembre de 1948, exigió al flamante Estado israelí el retorno de los
refugiados palestinos a sus hogares y sus tierras. En la practica y la
verbosidad, Israel rechazó esa determinación
y aprobó la ley del Retorno de 1952, que convierte automáticamente en
ciudadano israelí a cualquier judío del mundo que llegue a Israel, fomentando
de ese modo el programa de crecimiento de kibutz y asentamientos ilegales para
asfixiar y borrar la geografía palestina.
El múltiplo de las injusticias, que finalizó
golpeando con el tiempo a ambos pueblos, marcó como primera responsabilidad la
partición de Palestina en dos Estados y la segunda, reconocer en 1949 solo a uno,
al Estado de Israel, y reducir el derecho del otro, el Estado de Palestina en
una simple “cuestión de refugiados”.
Sin embargo, en la búsqueda de alguna explicación, ligando la injusticia sufrida, con los
deseos de Congreso Sionista de 1897, de “ocasionar la suficiente presión sobre
los gobiernos”, encontramos la respuesta en las palabras del Presidente de
Estados Unidos Harry Truman: “Lo lamento, pero tengo que satisfacer a cientos
de miles que están ansiosos de ver el éxito sionista. No tengo a ciento de
miles árabes entre mis electores”.
Muchos judíos se opusieron a la creación de
un Estado judío sobre otro Estado, y formaron parte de la resistencia
intelectual. Como es el caso del científico judío Albert Einstein, a quien el
presidente de la agencia sionista Jain Weizman, le ofreció la primera
presidencia del futuro Estado judío,
Einsten la rechazó y le manifestó, que va a ser de los árabes de
Palestina, la hipocresía de la respuesta fue escalofriante: “.¿Qué árabes?. No
creo que eso tenga importancia”. La respuesta de Waizman, marco la política a
la que tanto le temía Einstein, el deseo sionista y del futuro Estado de Israel
de no reconocer a un Estado árabe palestino, negar los derechos nacionales del
pueblo palestino, arrojar a los palestinos al mar e intentar judaizar a Palestina y Jerusalem.
El propio Ahad Ha´an, uno de los promotores
del primer Congreso Sionista, defraudado con la virulencia sionista en
Palestina, manifestó: “Siervos fueron los judíos en las tierras de la diáspora,
de repente se encontraron en libertad en Palestina y esta situación despertó en
ellos una inclinación al despotismo. Tratan a los árabes con hostilidad y
crueldad, los privan de sus derechos, los ofenden sin causa y hasta se vanaglorian
de estas acciones...”.
El intelectual judío Martín Bober, en 1948 se opuso a la proclamación de un
Estado judío en forma unilateral y expreso: “Solo una revolución interna puede
tener el poder necesario para curar nuestro pueblo de la enfermedad asesina y
del odio sin causa”... “asentamos poblaciones judías traídas de bien lejos,
hemos heredado sus hogares, ahora sembramos y cosechamos sus campos, recogemos
los frutos de sus jardines, huertos y viñedos en las ciudades que les hemos
robado”.
Por su parte, el profesor judío Erich Fromm,
arremetió sobre la teoría de la “tierra prometida”: “...los árabes en Israel
tienen mucho más legitimidad que los judíos...La reivindicación de los judíos
sobre la tierra de Israel no puede ser una reivindicación legitima. Si todas
las naciones se pusieran a revindicar repentinamente territorios en la que sus
antepasados vivieron hace dos mil años antes, este mundo se volvería en un
malcomió...”
Con un Israel constituido, la resistencia se
duplico. El rabino Moshe Hirsch, líder del Movimiento Nuterei Karta, se negó a
reconocer a Israel y ha emplazar a los judíos como una identidad nacional,
igualando al “sionismo con el nazismo”. En una oportunidad, invitado por el
premier Rabin, el rabino Hirsch, le respondió que no tiene problemas de
visitarlo como a un judío más, pero no lo haría en su condición de Primer
Ministro de Israel.
Incluso, la conciencia demolió los
sentimientos de los llamados “héroes de guerra” israelíes, el general Moshe
Dayan, luego de ocupar a Jerusalem en 1967 y palpar el padecimiento palestino,
quebrado reconoció: “llegamos a este país poblado por árabes, y estamos
estableciendo un Estado judío...aldeas judías fueron construidas reemplazando
aldeas árabes...Somos los colonizadores, y sin un casco de acero y sin el cañón
de un fusil no podemos plantar un árbol ni construir una casa...”.
Fue el propio actor norteamericano judío, Woody Allem, indignado de ver las atrocidades del ejercito israelí sobre los niños palestinos en la Intifada de 1987, le comento en enero de 1988 al New York Times: “¿Estoy leyendo bien los diarios? ¿Estamos hablando de brutalidades e incluso torturas permitidas por el Estado? ¿Son éstas las personas cuyo dinero solía robar de esas pequeñas latas de colores azul y blanco para recaudar fondos para un suelo judío?”.
Los palestinos, como un ejemplo de vida, establecieron su resistencia y se mantuvieron firmes frente a la adversidad de las invasiones, conservando su presencia sobre su tierra y la continuidad de su pueblo, desde los fundadores de Jerusalem hasta la actualidad.
A la luz de la década del ´50 del siglo
pasado, el “Movimiento de Resistencia Nacional Palestino-FATAH”, liderado por
sus fundadores el comandante Yasser Arafat,
Farouk Kaddoumi (actual Canciller de Palestina), Abu Jihad (asesinado
por Israel en 1988) y Abu Iyad (asesinado por Israel en 1991), diseñaron la
valiente Revolución Palestina sobre la base de la dignidad y liberación nacional.
Con la fundación de la Organización para la Liberación de Palestina-OLP, el 28
de mayo de 1964 en el Hotel Siete Arcos de Jerusalem y la llegada democrática a
la presidencia del comandante Arafat en 1968, la OLP, se convirtió en la
estructura del Estado de Palestina en el exilio, reconocida internacionalmente
por la ONU en su resolución 3237 de 1974 e invitó al Presidente Yasser Arafat a
pronunciar su primer discurso frente la Asamblea General, el que fue
ovacionado, ante la ausencia de su banca del representante israelí.
Mientras la Potencia Ocupante, Israel,
desprestigiaba y acusaba a la OLP de “terrorista” para minimizar el liderazgo
palestino, con argucias, planificó el exterminio del pueblo palestino y el de
sus altos dirigentes con asesinatos selectivos en distintas partes del
mundo. Por su lado, el sabio liderazgo
de la OLP, atravesando la huerta de espinas, se imponía sobre Israel en el
campo intelectual, militar, político y diplomático.
Con la sensatez intelectual y una profunda discusión
interna en el seno de la OLP, prevaleciendo la política del Presidente Arafat,
en cuanto la libertad palestina no podía ser a expensas de la libertad ajena, a
pesar de la privación de la libertad impuesta por Israel, luego de la Cumbre
Arabe de Fez en 1974, la OLP lanzo su mensaje paz aceptando sentarse con Israel
sobre la base del establecimiento del Estado Palestino con Jerusalem capital
sobre los territorios ocupados en 1967.
El desprecio de Golda Meir, quien luciendo su investidura de premier de
Israel, le expresó al Sunday Times, el 15 de junio de 1969: “¿Qué palestinos?.
No hay nada que se llame palestinos”, fue la resonancia que inspiró a Israel para rechazar la propuesta
palestina.
El revés sufrido por el ejercito israelí en
sus instalaciones de bombeo de agua de Aílabum el 1º de enero de 1965; la
derrota en la batalla del Karameh en Jordania el 21 de marzo de 1976 por las
fuerzas palestinas de Fatah; la estoica resistencia de la OLP frente a la
invasión israelí en Beirut en 1982 y la humillación de un poderoso ejercito
israelí acostumbrado a vencer en las guerras árabes-israelíes, fue desactivado
frente a las piedras de la Intifada en los territorios de Palestina en
diciembre de 1987. Ante esta realidad,
Israel, quedo atrapado entre la valiente determinación popular palestina y los sectores israelíes progresistas, que
acrecentaban sus contactos con la OLP y con el Presidente Arafat, a pesar de
ser concientes que serian castigados con la cárcel a su regreso en Israel.
Promotor de tempestades, Sharon, sembró la muerte en miles de libaneses y refugiados palestinos
en su invasión al Líbano en 1982 y lleno con el tufo de la masacre los campos
de refugiados palestinos de Sabra y Chatila. Sin embargo no pudo descabezar al
liderazgo de la OLP, ni asesinar al Presidente Arafat a cargo de la
resistencia, y ahondando en su fracaso, la comisión de juristas israelíes
encabezados por el juez Ytzhak Kahan, encontró a Sharon junto con el premier israelí Beguin
responsables de la masacre, obligándolos a renunciar a sus cargos. Nobleza
obliga, el movimiento pacifista israelí Gush Shalon,
movilizo en Tel Aviv a 400 mil israelíes repudiando a Beguin y a su ministro de
Defensa Sharon por el exterminio de 5 mil refugiados palestinos, convirtiéndose
en el principal tópico de la nueva conciencia israelí, comprometida con la
realidad de dos pueblos para dos Estados.
En la lectura de la tragedia y el sometimiento de la ocupación estallo el leit motiv de la Intifada el 8 de diciembre de 1987, surgiendo desde los escombros como un Ave Fénix para imponer la piedra de la liberación por sobre los tanques de la ocupación. Es verdad que el precio fue muy alto y la sangre palestina bañó las llanuras. El propio Departamento de Estado de Estados Unidos, reconoce en 1988, “Numerosas muertes y heridas evitables fueron causadas por los soldados israelíes...Los soldados del ejercito israelí utilizaron garrotes para quebrar extremidades y golpear a palestinos que no estaban involucrados en disturbios...”. En este sentido, vale recordar que Israel es el único país del mundo que la tortura esta legalizada por su Tribunal de Justicia.
Con el peso del dolor y la fortaleza del honor, el pueblo palestino
recobro su dignidad y su nombre. En 1948, para la comunidad internacional la
cuestión palestina, era solo un caso de “refugiados”. En 1965 cuando la
resistencia palestina tomo legítimamente las armas en defensa de su
autodeterminación fue llamada injustamente “terrorista”. Gracias a la fuerza de
la Intifada, quien desenmascaro definitivamente el rostro israelí de la
ocupación, el mundo los volvió a llamar por su nombre: “palestinos”.
Coronada la Intifada, luego de la vigésima
sesión del Consejo Nacional Palestino de la OLP (parlamento) llamada “Jerusalem
y los Mártires”, el Presidente Yasser Arafat el 15 de noviembre de 1988 en
Argelia, declaró la Independencia del Estado de Palestina con Jerusalem Este
capital. Sumando una valiente determinación
histórica, reconocer al Estado de Israel junto al Estado de Palestina. La
irresponsabilidad del liderazgo israelí, nuevamente se puso en evidencia cuando
refutó la determinación palestina de alcanzar un entendimiento
palestino-israelí para alejar la violencia que los tenia envueltos en un espiral sin fin y rechazó cualquier
posibilidad de independencia del Estado de Palestina.
Pasada la Guerra del Golfo, una guerra que
los árabes no supieron evitar, el Presidente George Bush, luego de superar las
presiones israelíes que negaron la participación de la OLP y los palestinos de
Jerusalem, el 30 de octubre de 1991, convocó en Madrid a la primera Conferencia
de Paz, donde palestinos (comprometidos con la OLP), jordanos, libaneses,
sirios e israelíes, tuvieron la oportunidad de cruzar sus miradas y sentarse
juntos. Sin embargo, fue el tabernáculo del reproche y no la capacidad de la
tolerancia para poner fin a tan odioso conflicto. La delegación israelí encabezada por su premier Yzthak Shamir, en
estado de letargo, al ser consultado por periodistas españoles sobre la actitud
israelí, luego de estas conversaciones, con respecto al “Gran Israel”, que
incluye Palestina, Jordania, parte de Siria, Líbano, Egipto, Irak y Arabia
Saudita, Shamir respondió: “Esto vive en la mente y el corazón de cada israelí”
Las conversaciones secretas y directas entre
palestinos e israelíes proyectados en otro futuro, encontraron en Oslo un
ámbito ideal presidida por la hábil notabilidad del (fallecido) canciller
noruego Johann Juergen Holst. El
reconocimiento reciproco de la OLP e Israel el 9 de septiembre de 1993, y luego
de la “Carta de Jerusalem” firmada por el canciller israelí Shimon Peres
reconociendo el derecho palestino a Jerusalem Este. El 13 de septiembre de 1993, en un día ventoso y soleado, los
jardines de la Casa Blanca se llenaron de esperanzas y la pluma de la garantía embebida con la
tinta de la paz fue cedida por Rusia y el
Presidente William Clinton al Presidente Yasser Arafat y al Primer
Ministro Ytzhak Rabin, rubricando los Acuerdos de Oslo sobre la base de las
leyes internacionales jurídicas de la
ONU 242 y 338. La “Paz de los
Valientes” propuesta por el Presidente Arafat,
fue sellada con el fuerte apretón de mano, dando lugar a Arafat, Rabin y
Peres, ser los premios Nóbel de la Paz 1994.
Por sobre la reacción negativa del partido
Likud y las criticas de Shamir y Sharon, se había alcanzado el climax
apropiado. Palestinos e israelíes dejaron
de ser enemigos para ser socios en la paz, se mezclaron las alegrías con
las lagrimas, se enlazaron las banderas palestinas e israelíes y los niños
palestinos llenaban de flores los cascos de los soldados israelíes. Producto de
otros acuerdos, todo debía terminar en mayo de 1999. Se debía poner fin a la
ocupación y restablecer el Estado de Palestina con Jerusalem Este capital y de
igual a igual con el Estado de Israel firmar el definitivo Acuerdo de Paz.
El 1º de julio de 1994, victorioso el
Presidente Arafat dejo su largo exilio para retornar a Palestina, instaurar la
Autoridad Nacional Palestina y comenzar a levantar un país libre y democrático
que permita entrelazar el modernismo
con lo milenario de la Tierra Sagrada. Una Palestina y una Jerusalem
abierta patrimonio de la humanidad y
receptora de los hombres amantes de la paz. Como parte de estos
proyectos se estableció el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Se
erigieron ministerios, hospitales e instituciones. Se construyeron edificios y
calles. Se levantaron Universidades y escuelas, y se implantó el primer Programa de estudio palestino, que abarca desde
los jardines infantiles hasta cursos los terciarios. Se elaboro el primer
documento y pasaporte palestino, recuperando la identidad nacional palestina.
Se modernizo la vida y se fortaleció la democracia de Palestina, llamando el 20
de enero de 1996 a las primeras elecciones democráticas, en la que el pueblo
palestino incluyendo los de Jerusalem Este, con el 88,1 por ciento de los votos
eligieron a Yasser Arafat, Presidente.
Si abrimos un pausa y hablamos de democracia
y nos detenemos en la democracia israelí y tomamos como base que Israel se
jacta de ser la única democracia de Medio Oriente, vale un capitulo aparte para
indicar que Israel, es un país teocrático, sin Constitución y sin fronteras
delimitadas presentadas ante las
Naciones Unidas.
Los nubarrones encapotaron el cielo de la
paz. Israel no pudo impedir el
asesinato del premier Rabin en 1995 por un terrorista israelí. La paz quedo
desdibujada y la esperanza fue robada. Ningún otro líder israelí tuvo la
fortaleza de alcanzar la “Paz de los Valientes”, poner fin a la ocupación y
dar lugar al Estado Palestino. Por el
contrario, cada israelí que llegó al poder ejerció su presión para especular,
quedarse con más tierras palestinas y crear nuevos asentamientos israelíes
ilegales en los territorios de Palestina, fundamentalmente en cercanías de
Jerusalem Este con el interés de asfixiar la geografía palestina y utilizar
esos asentamientos y sus colonos ilegales judíos como moneda de cambio al final
de los convenios, dejando convertidos los Acuerdos Internacionales en meros
acuerdos personales.
Los desencuentros de la política israelí. La
obligación de retirarse totalmente de los territorios palestinos ante el
eminente final de los acuerdos el 4 de mayo de 1999 y el derecho del liderazgo
palestino a proclamar el Estado de Palestina, los sumergió en una profunda
crisis que obligó al gobierno israelí llamar elecciones adelantadas. Al tiempo
que la comunidad internacional exhortó al Presidente Arafat no proclamar,
debido a las amenazas de los israelíes de invadir nuevamente los territorios de
Palestina, esperar el nuevo liderazgo israelí y firmar un acuerdo que no supere
un año. Ehud Barak triunfo y llegó al poder, se firmó el nuevo acuerdo y una
nueva esperanza se dibujo en el horizonte del pueblo palestino e israelí.
En la sinfonía de los acuerdos, el nuevo
acuerdo debía finalizar el 13 de septiembre de 2000, habilitando en esa fecha
nuevamente al liderazgo palestino a proclamar el Estado de Palestina con
Jerusalem Este capital. Sin embargo, el 4 de mayo de 2000, cuando Clinton
convocó a Arafat y a Barak para dar forma al acuerdo final en Camp David. Sorpresivamente, el premier Barak presento
un mapa del futuro Estado Palestino dibujado con la pluma de la ocupación y lo
acomodo a los intereses israelíes. Fue inaceptable, Palestina no gozaría de
plena soberanía y se convertiría prácticamente en un Apartheid israelí.
Nuevamente Israel convirtió en tinta sobre papel las resoluciones de las
Naciones Unidas; violó los acuerdos internacionales firmados con Palestina;
violó las leyes jurídicas internacionales y los Convenios de Ginebra de
1949.
La verborragia de la ocupación, negó el
regreso de los refugiados palestinos de 1948 y 1967, previsto en los acuerdos,
rechazo poner fin a la ocupación de Jerusalem Este y solo Barak estaba
dispuesto a “ceder” algunos barrios árabes de Jerusalem. En cuanto al termino ceder, se merece una
reflexión. Israel no tiene nada que “ceder” sino retirarse y poner fin a la
ocupación de toda Jerusalem Este y del territorio de Palestina ocupado en 1967
tal como lo exigen las resoluciones de la ONU y los acuerdos firmados.
Con una falaz influencia mediática, Barak
intentó mostrar como ofertas y súper
ofertas ofrecidas por primera vez a los palestinos y rechazada por exclusiva
responsabilidad de Arafat debido al compromiso del líder palestino con la
violencia. Sin embargo, la señora Leha Rabin, esposa de quien fuera el socio en
la paz, desnudó la conciencia de Barak y desbarató su frágil excusa,
expresándole: “Usted no esta a la altura de la Paz de los Valientes. Usted
tiene un socio en la paz y es Arafat”.
El malestar llegó también del lado del
movimiento israelí Gush Shalon junto con los movimientos israelíes Mujeres de
Negro, Icahd y Yesh Gvul, entre otros, que se opusieron a las actitudes de
Netanyahu, Barak y Sharon, de destruir el proceso de paz, mantener la ocupación
y asesinar a la población civil palestino.
La tempestad de Ariel Sharon revolvió las
aguas de los desencuentros y el 28 de septiembre de 2000, intento entrar por la
fuerza en la Sagrada Vieja Ciudad de Jerusalem y violar el Predio Sagrado de
las Mezquitas. Sharon sabia que es una persona no grata en Jerusalem e iba a
desencadenar la Intifada palestina y despertar la ira de los pacifistas
israelíes. Sharon acertó con su plan, desato la revuelta y se quedo con el
poder.
Sharon, al que le pesaba su fracaso de no
poder asesinar a Arafat en Beirut, llegó al poder para pulverizar la paz que
Rabin construyo con Arafat en 1993, y
gobernó para acusar al Presidente Arafat de la responsabilidad de los
atentados dentro de Israel, con el deseo convertir irónicamente al
Presidente Arafat en su jefe de
seguridad interna. Cuando en realidad,
la responsabilidad de la seguridad de la población civil israelí, es de Israel,
y como Potencia Ocupante, según el Cuarto Convenio de Ginebra, Israel es el
responsable de la protección a la población civil palestina.
Los Organismos No-Gubernamentales de las Naciones Unidas, el Alto Comisionado y
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, venían observando y alertando con
preocupación sobre la política israelí de violación de los derechos humanos
palestinos. El 3 de septiembre de 2001, reunidos en la ONU convoco a la Cumbre
contra el Racismo y la Discriminación, en Durban, Sudáfrica, 3 mil
organizaciones No Gubernamentales, mayoritariamente judías, saltaron el boicot
norteamericano-israelí y condenaron a Israel como “Racista, de Apartheid y
Crímenes contra la Humanidad”.
Favorecido por los atentados sufridos
por Estados Unidos el 11 de septiembre
de 2001, en la que el Presidente George Bush (h), desato la “guerra contra el
terrorismo y el eje del mal”, Sharon busco levantar el altar de la
justificación, cambiar el verdadero sentido del conflicto del ocupante y el
ocupado, mostrarse agredido y agredir;
sentirse victima del terrorismo e imponer el terrorismo de estado y el
terrorismo de los colonos ilegales israelíes, y demostrar un riesgo en la
seguridad de Israel, para poner en riesgo la seguridad del pueblo palestino, de
los pueblos de la región y la de su propio pueblo israelí.
Luego de 15 meses de gobierno, Sharon llevo a
su pueblo israelí a la inseguridad, la muerte y la guerra. Mientras que del
lado palestino, re-ocupo todas las ciudades de Palestina, sacudió a la
población civil con bombardeos de los poderosos aviones de guerra F 16;
helicópteros Apaches; tanques Abram M1; blindados; gases tóxicos CS, CN, CR y
uranio empobrecido, e impuso la limpieza étnica del pueblo palestino, propuesta
el 9 de junio de 2001, por el general Shaul Mofaz, jefe de las Fuerzas Armadas
Israelíes en su documento dedicado a la solución del conflicto
palestino-israelí, como la “solución final”. Algo similar a la solución final
de los nazis con los europeos judíos. En este sentido, la agresiva política
israelí, fue esbozada intelectualmente por el Nóbel de Literatura portugués
José Saramago, quien equiparo el
“sufrimiento judío en manos de los nazis, con el sufrimiento palestino en manos
de los israelíes”.
Victima de la debilidad de su propio fracaso,
Sharon, descargo un poderoso cerco militar sobre el Presidente Arafat en su presidencia
a partir del 1 de diciembre del 2001 y el 29 de marzo de 2002, bombardeo la
presidencia, la saqueo y robo la documentación de Estado, y dejo al Presidente
Arafat en la línea roja para asesinarlo.
Pero con fortaleza de espíritu Arafat, le respondió a la agresión:
“Estoy preparado para ser Mártir y pueden martirizar a todo el pueblo
palestino, sin embargo algún día un niño izara la bandera nacional palestina
sobre Jerusalem”.
Con la mirada comparable a la de Atilas,
Sharon, no se presento el 28 de noviembre de 2001 ante los Tribunales de
Justicia de Bélgica, donde esta demandado como Criminal de Guerra; desoyó los
llamados internacionales; hizo oídos sordos a los reclamos de las resoluciones
del Consejo de Seguridad, 1397,1402,1403,1404 y 1405, las que reconocen el
Estado de Palestino, piden el fin de la ocupación israelí y el fin de la
violencia. Al tiempo, que a la
propuesta del mundo árabe de reconocer al Estado de Israel, si éste, reconoce
al Estado Palestino, emanada el 28 de marzo de 2002, la respuesta de Sharon,
fue declarar al día siguiente, la llamada guerra “Muro de Defensa” donde una
Potencia Nuclear se ensañó en contra una población civil palestina e imprimió
la primera masacre del siglo XXI .
Ante semejante masacre de civiles palestinos
en Jenin y otras ciudades palestinas, la Comisión de Derechos Humanos presidida
por el Ato Comisionado Mery Robinsón, el 15 de abril de 2002, condenó
enérgicamente a Israel por la utilización de torturas; expropiación y
demolición de viviendas; el uso de palestinos como escudos humanos; ejecuciones
extrajudiciales; masacres; prohibición de enterar dignamente a los muertos y
aplastamientos de ambulancias. Se lo imputó por violar las leyes de guerra y se
le exigió que ponga fin a la ocupación y a las restricciones impuestas al
Presidente Yasser Arafat. Israel convirtió a la condena en papel mojado y
prohibió en dos oportunidades (23 de abril y 1 de mayo de 2002), a la Comisión
investigadora de la ONU llegar hasta los campos de refugiados para determinar
el alcance de la masacre.
Frente a un silencio
ensordecedor, las fuerzas de ocupación israelí destruyeron y saquearon las
presidencias de Gaza, Belén y Ramallah, profanaron los Lugares Sagrados en
Belén y Jerusalem, dispararon sobre la estatua de la Virgen Maria en la Iglesia
de la Natividad. Saquearon y destruyeron hospitales y medios de comunicación.
Reprimieron a la prensa extranjera y no permitieron trabajar a los médicos y
para médicos para socorrer a los heridos y levantar los muertos. Aplastaron las
ambulancias y autos particulares con los tanques de guerra. Boicotearon la
electricidad, las comunicaciones, el agua, los alimentos y los medicamentos.
Masacraron al pueblo palestino de Nablus, Tulkarem, Jenin, Qalquilya, Gaza,
Jericó y Hebrón. Convirtieron en polvo a miles de casas de civiles y removieron
los escombros con los cuerpos destrozados para enterarlos en fosas comunes.
¿Fosas comunes?...Como la de los nazis con los judíos...
En los últimos 20 meses,
los mártires civiles palestinos superan los 3.500, de los cuales el 40 por
ciento son niños menores de 12 años, los heridos alcanzan a 100 mil y los
secuestrados palestinos superan los 4 mil. Por su parte, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas-UNPD en su reunión del 7
de mayo de 2002, detallo que las perdidas económicas palestinas superan los 400
millones de dólares.
Hasta donde llegó la locura, el deseo de humillación y la degradación al
pueblo palestino. Como explicar sin exageraciones la barbarie israelí publicitando internacionalmente un Robot destruyendo a un
ser humano, a un palestino simplemente “sospechado” de ser un hombre bomba.
Utilizando las cámaras de la televisión extranjera para mostrar la efectividad
del Robot revolcando al inocente
palestino una y otra vez, elevándolo y arrastrándolo hasta triturarlo, mientras
un fusil en la cabeza y otros dos en los brazos del Robot apuntaban al corazón
y la cabeza del ser humano, al que finalmente el Robot alzo y tiro al palestino sobre un camión
militar israelí con destino incierto (8 de mayo de 2002).
A tanta violencia, por momentos, se respira
un aire cómplice con la justicia. Es el aire de los “objetores de conciencia”,
los soldados israelíes que comenzaron con 52 oficiales de reserva y en la
actualidad superan los 2 mil, los que se negaron a servir en los territorios
ocupados. En su nota presentada al
ministro de Defensa israelí Benjamín Ben Elizer, resaltaron: “Desde el 29 de
septiembre del 2000, el ejercito israelí llevó ha cabo una `una guerra´ sucia
contra la Autoridad Palestina. Esta guerra sucia incluye matanzas
extrajudiciales y el asesinato de mujeres y niños...No tiene nada que ver con
la seguridad (de Israel) y su única finalidad es controlar para siempre al
pueblo palestino”.
En este marco, es habitual preguntarse cual
es la solución. Es usual escuchar a los voceros israelíes, sin asumir
responsabilidades de fuerza ocupante, imponer sus condiciones, pedir el fin de
la violencia y el cese del fuego. Sin
embargo, si en verdad se quiere poner fin a la violencia, la Madre de la
Violencia es la ocupación israelí y la negación permanente a los derechos
nacionales palestinos. La violencia es la osadía de Sharon de injerir en las
cuestiones internas palestinas e intentar remplazar a su democrático liderazgo.
La violencia es la determinación del partido gobernante de ultraderecha Likud
al votar unánimemente en contra del reconocimiento del Estado Palestino en su
congreso del 12 de mayo de 2002.
Desde la Santa Sede, su canciller Monseñor
Jean Louis Tauran, consideró el voto del Likud de: “muy preocupante, porque el
proceso de paz tiene por objetivo la creación de dos Estados independientes”.
El movimiento Gush Shalon por su lado, el sábado 11 de mayo de 2002, alertó sobre la actitud del ultraderechista gobierno de Sharon, y reunió a 100 mil israelíes en la Plaza Rabin en Tel Aviv, repudiando la política de Sharon, Peres, Mofaz y Ben Elizer, firmaron actas para presentarlos como Crímenes contra la Humanidad y esbozaron el eslogan “váyanse de los territorios palestinos ocupados, vuelvan a casa”.
2002, un año especial
Este año es muy particular para la conciencia
nacional palestina. En este año se cumplen los 105 años del primer Congreso
Sionista, que llamó a la caída de Palestina. Se cumplen los 85 años de la
declaración británica para un Hogar Nacional Judío en Palestina. Los 55 años de
la partición de Palestina por Naciones Unidas. Los 35 años de la ocupación
militar israelí a Jerusalem Este y el resto de Palestina y los 15 años de la
Intifada Palestina.
El sufrimiento no es poco, la tragedia lleva
un largo tiempo y la injusticia no puede seguir golpeando las puertas del
pueblo palestino. Tampoco es justo que la comunidad internacional, en cómodos
sillones siga por las pantallas de televisión el baño de sangre que sumerge al
pueblo palestino y el pueblo israelí por exclusiva responsabilidad de Sharon, y
asqueados frente a tanto horror, cambien de canal.
La política ambivalente norteamericana no
puede continuar exigiendo al ocupado y alentar al ocupante, debe poner freno a
la ayuda económica de 10 millones de dólares diarios, que según el ex
presidente Jimmy Carter, Israel lo utiliza para la compra de armas. No pueden
seguir entregando armas sofisticadas de ultima generación como los aviones F16,
que Israel los arrojó sin piedad sobre la población civil palestina. Estados
Unidos debe dejar de lado su relación carnal con Israel, para pasar de la
diplomacia del discurso a la diplomacia de la acción e exigirle que cumpla las
resoluciones de la ONU, los acuerdos y las iniciativas del ex senador
norteamericano George Mitchel y el ex jefe de la CIA George Tenet. Al mismo
tiempo, la comunidad internacional debe exigirle a Sharon renunciar y
presentarse ante los Tribunales Internacionales y dar lugar a que un renovado liderazgo israelí comprometido con la
Paz de los Valientes, cambie el rostro del Estado de Israel y comparta con el
Estado de Palestina un futuro de paz y convivencia, en la que la infancia
palestina-israelí por sobre los Herodes, se desenvuelvan en la cultura de la
vida.
Buenos Aires, Abril 12 de 2002