LOS ORIGENES DEL SOLDADO ESPAÑOL.          

 

                      

 

Los celtas y su origen.          

 

Provienen de una civilización que se desarrolló en Centroeuropa, a lo largo de la Edad del Bronce, que partiendo del Sur de Alemania llegaron a la Península Ibérica. De una mezcla de tribus forjaron su unidad cultural entre el 2000 y 1800 a.C. La invasión celta de la península se fecha alrededor del 750 a.C., y vivió hasta el siglo I a.C. Con el apogeo de la lucha contra los romanos viven su momento cumbre en el s. II a.C., cuando VIRIATO iguala las fuerzas con el invasor de Roma.

Llama Estrabón montañeses a los pueblos del norte del Duero hasta el Pirineo, abarcando GALAICOS, SATURES, CANTABROS y VASCONES, observando en ellos “sus hábitos de bandidaje” pero con unas características bélicas interesantes, anotando: No beben sino agua, duermen en el suelo, y llevan cabellos largos, aunque para combatir se ciñen una banda a la frente. Comen principalmente carne de cabrón, sacrifican al dios de la guerra este animal y también caballos y cautivos. Viven de modo espartano, se bañan con agua fría y no hacen más que una comida sencilla, beben cerveza, practican lucha ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas campales.

Los celtas llamados LUSITANOS por las fuentes Greco-Romanas, eran calificados  como ligeros de movimientos, rápidos y vivos de espíritu, aunque no faltan textos que extiendan a iberos y celtiberos estas cualidades. Estos guerreros salían de sus pueblos, en plena juventud, para volver cuando pudieran demostrar su valor y madurez, llevando consigo el trofeo de la victoria, la cabeza de un enemigo que colgaba de los herrajes del caballo, para entrar a formar parte del clan de los guerreros.

Así pues todas las tribus vivían alertadas para la guerra. El golpe de mano para obtener un botín, no solo es lícito, sino honroso, pero sobretodo viril. Ante la presencia de un enemigo común, y ante la alternativa de sobrevivir o perecer, las tribus se alinearon entre sí, oponiéndose a dominaciones, traiciones, matanzas y saqueos romanos, y lo que al principio eran pequeñas bandas, se convirtieron en ejércitos, con jefes dignos y capaces, uniendo diferentes tribus, antes enemigas, en aliadas en la lucha.

Claro ejemplo a seguir el de nuestros antepasados, unidad en la lucha frente a invasiones extranjeras.

 

         

 

           Escultura de un guerrero galo moribundo después de la batalla.