TORQUEMADA.
Fray Tomás de Torquemada nació en Valladolid en
1420. Perteneció a la Orden de los Dominicos. Fue confesor de los Reyes Católicos
y en 1482 fue nombrado Inquisidor General de Castilla y Aragón.
Sobre su figura se han dicho muchas cosas,
generalmente negativas. De origen converso, aún hoy es muy odiado por los judíos
sefarditas, de cuya expulsión de España fue él uno de los máximos
exponentes. Influyo decisivamente en los Reyes Católicos a la hora de tomar
esta importante decisión.
Ya en 1484 había dictado unas Instrucciones inquisitoriales de carácter represivo contra judíos
y musulmanes. Desde el Vaticano se le llamó varias veces la atención por su
excesiva dureza.
Tambien es cierto que desde siempre se ha exagerado
el fanatismo de la Inquisición en España; así mientras Llorente en Historia
de la Inquisición afirma que en los quince años en que Torquemada
permaneció en el cargo hizo quemar vivos a 8800 herejes y castigó a 96504; el
judío Graetz (que dudamos sea fan suyo) en su History
of the Jews reduce el número a 2000 muertos.
En general se le suele “acusar” de la quema de
unos 3000 herejes.
Tambien se le atribuyen los incendios de varias
mezquitas y sinagogas.
Su radicalidad llegó a su plenitud a raíz de la
expulsión de los judíos en 1492 (glorioso año), cuando su persecución de los
falsos conversos fue implacable.
Murió en 1498 en Ávila, y aún quinientos años
después, su nombre sigue causando las más diversas pasiones.
Nos quedamos con una frase del cronista Sebastián de
Olmedo: “azote de los herejes, luz de España, salvador de su país y honor de
su Orden”.