EDITORIAL
El Gobierno Mundial no es una posibilidad futura; es una realidad que ya llegó. El capitalismo global afianza su hegemonía tanto con poderío militar como con su imperio cultural. La acumulación de riqueza de unos cuantos a costa del empobrecimiento de las mayorías es un fenómeno que se presenta tanto en el escenario internacional como en cada país. Surgen así negocios que lucran con la miseria; paradójica realidad. Parece que uno de los mejores negocios es el de "ayudar" a los pobres, como ocurre con los teletones. Danza de millones que circulan entre las mismas manos en espectáculos mediáticos que legitiman el estatus quo y dan baños de pureza y bondad a los grandes capitalistas que donan limosnas a unos cuantos de los desfavorecidos por el sistema. Las manos de los que deberían empuñar las armas para cambiar el orden establecido, abren entonces las palmas para saciarse de migajas. Sus rostros de frustración, angustia y humillación se transforman, durante unos segundos, en caritas lacrimosas; y en lugar de gritos de rabia que claman justicia, se escuchan leves murmullos que dicen "gracias, que Dios se los pague".
La pobreza económica no sería tan grave si con ella no viniera dándose también el empobrecimiento cultural de los pueblos. El arte, convertido en mercancía, queda sujeto a la especulación de los magnates que fabrican o promueven productos chatarra con los que multiplican sus fortunas; a la vez que confunden con sus aparatos propagandísticos el gusto y los imaginarios colectivos. Los pueblos privados de la experiencia estética y las bellas artes, son presas más fáciles, sin duda, de la enajenación, la pasividad y el sometimiento. Los mismos que se enriquecen con el empobrecimiento económico, también se enriquecen con el empobrecimiento cultural de las mayorías.
Un ejemplo de la degradación humana y cultural que promueven las oligarquías capitalistas es el del fenómeno "Frida", expresión de un espíritu sifilítico que conviene a sus intereses difundir, para demoler la voluntad de los pueblos y mantener, así, con mayor facilidad, su dominio. Imponiendo la imagen de Frida como un modelo antropológico y sus pinturas como creaciones artísticas reconocibles para todos como tales, propagan imágenes contrarias a la dignidad de la mujer y minan así la educación de las nuevas generaciones. El buen gusto, como los modales, la disciplina y las virtudes, se forma por procesos educativos (familiares, más que escolares). Rotos esos procesos, encontramos sociedades repletas de pusilánimes, en las que proliferan la criminalidad, los vicios y la insolidaridad. Clima propicio para el individualismo consumista y la explotación indiscriminada.
En la industria cinematográfica también hay una gran producción de podredumbre infectada de ese espíritu sifilítico. De hecho, el primer y principal mecenas de Frida, quien también fabricó su mito desde Nueva York, fue un magnate del cine. Películas con temas como la vida de ese personaje y tantas otras que exaltan la vulgaridad y la degradación humana, son productos para el consumo y enajenación masiva que distraen la atención de los problemas fundamentales. Para producir mayor cantidad de ellas, diputados y senadores mexicanos aprobaron el cobro de un impuesto inconstitucional para que se forme una bolsa multimillonaria que será repartida entre unos cuantos cineastas que en nada contribuyen a elevar el espíritu del pueblo. La igualdad dejó hace mucho tiempo de ser una reivindicación de la democracia. En este caso, mientras todos estamos sujetos a correr la suerte que el mercado nos marca, para ese grupo hay una protección especial para que no arriesgue su dinero en la producción de la basura con la que multiplica su fortuna.
Una vez determinado y sin posibilidad de discusión que la democracia representativa parlamentaria es la única forma de gobierno legítima para todas las naciones, diputados y senadores de México consumaron legalmente el robo de una cantidad equivalente a 2 mil millones de dólares a los trabajadores asalariados que, también legalmente, están obligados a depositar una parte de sus exiguos ingresos para un ahorro forzoso que se les prometió devolver cuando se jubilen; pero esa cantidad fue a parar a la Secretaría de Hacienda para aumentar el gasto gubernamental. De peso en peso se forman las grandes fortunas y los legisladores sirven sólo para que se realice dentro del marco de "un Estado de derecho".
Ante toda esta podredumbre, sólo hay una palabra posible para oponerse: NACIONALSOCIALISMO.
Nuestro reconocimiento y gratitud a todos los camaradas que publican en libros y en Internet imágenes del arte nacionalsocialista. Cualquier argumento que quiera descalificar nuestras convicciones exhibe su falsedad ante la belleza de ellas, que muestran la nobleza del espíritu de quien las creó.