FREAK FASHION: RECICLANDO A FRIDA
Lo freak se pone de moda de vez en cuando y es vuelto objeto de comercialización en forma de productos de consumo masivo. El capitalismo y sus aparatos publicitarios son capaces de vender todo, incluyendo basura. Y cuando decimos basura no nos referimos a material reciclable, sino a objetos pútridos carentes intrínsecamente de valor alguno.
Lo freak es grotesco, por definición; la exageración de lo defectuoso; la magnificación de la deformidad; un monumento a lo repulsivo. Por ejemplo, el productor cubano del programa televisivo Hasta en las Mejores Familias, Federico Wilkins, presenta un "público" en el estudio en el que lo "normal" es lo excepcional y cada individuo manifiesta una evidente tara o característica grotesca. Wilkins hace esto con toda intención para provocar en el teleauditorio la sensación de estar en un circo o feria de las monstruosidades. Su único propósito es el raiting. Wilkins es un hombre inteligente y jamás consideraría que su producción es artística; difícilmente alguien lo consideraría así. Su producto tiene ya un precio de venta por el que pagan los anunciantes y no hay que hacer para ello una proclama sobre su valor cultural, artístico o político.
Pero en otros casos lo freak es vendido bajo envolturas publicitarias que atribuyen cualidades que no tiene al producto. Aunque carezca de valor de manera evidente, a fuerza de insistir en lo valioso que es, llega a venderse. Hay en los seres humanos dos cualidades que destacamos en este caso: la tendencia a la imitación y la necesidad de aceptación. Por ejemplo, si alguien oye varias opiniones que coinciden en un sentido, la mayoría de las veces manifestará estar de acuerdo con ellas, sobre todo si provienen de personas que tienen un estatus en la sociedad en el que gozan de prestigio y fama ("líderes de opinión"). Teme que si se manifiesta en un sentido distinto o contrario a esas opiniones o juicios se le pueda considerar como un ignorante, imbécil o disidente. Nuestra tendencia a la imitación se hace evidente, por ejemplo, en la moda. Si un grupo de diseñadores y empresarios de la industria del vestido decide poner de moda el "pantashort" (un pantalón con una pierna larga y otra corta), vamos a ver en televisión y revistas que varias celebridades visten el "pantashort" y luego va a estar a la venta en todas las tiendas. Entonces la mayoría, sin cuestionárselo, va a comprar y vestir el "pantashort", y a va a señalar como "pasado de moda" a quien no lo use. Es decir, si alguien quiere influir en los imaginarios colectivos de una sociedad tiene que hacer tres cosas: una campaña propagandística-publicitaria, crear o patrocinar a una o varias élites que "validen" con su opinión la veracidad de esa campaña ("intelectuales orgánicos" o celebridades admiradas por la mayoría); y financiar la producción de obras convenientes a tales intereses (mecenazgo) por medio de "fundaciones" (como la Guggenheim o la Rockefeller o la Rosenblueth) o de manera personal.
Un caso similar es el de Frida Kahlo. Quieren convencernos de que se trata de una genial artista e intelectual y no un fenómeno circense. Frida era freak a más no poder. Sobre su discapacidad no opinamos porque esa condición humana no es para nosotros en ningún caso motivo de mofa, pero no podemos dejar de mencionar que su ceja única de sien a sien bastaría para considerarla freak, si no fuera también por su bigote y facha de piñata; casada con un no menos freak bien apodado como "El Sapo".
Hija de un judío húngaro epiléptico proveniente de Austria, Guillermo Kahlo, (1) e imposibilitada para dar a luz, Frida hizo de sus psicopatologías los motivos de sus pinturas, las cuales muestran una combinación de miseria existencial con podredumbre marxista y el mal gusto que caracteriza a quienes profesan esa ideología. Obsesionada consigo misma, la mayoría de sus pinturas son autorretratos en los que expresa el repudio que siente de sí y el sufrimiento que le causaban "El Sapo" y sus enfermedades, causas también de su dependencia a la morfina. No habría que descartar la posibilidad de un parentesco entre Frida y Kafka (a propósito de la ascendencia judía centroeuropea de ella), otro dañado que llevo sus psicopatologías a sus obras, literarias en ese caso.
Objeto de culto de feministas y de muchos rojotes por su militancia comunista y actividades lésbicas, como una especie de pareja perfecta progresista. La verdad es que Frida se la pasó llorando por las infidelidades de "El Sapo", todas las cuales le soportó y perdonó como la más sumisa y conservadora ama de casa víctima del machismo. Afirmó Dolores Olmedo —la mecenas más conocida de "El Sapo" y poseedora de gran cantidad de obras de Kahlo— poco antes de fallecer: "Este mito según el cual Diego y Frida habrían tenido un gran amor no es verdad. Lo sé porque él me lo dijo. Me decía que nunca tuvieron un matrimonio convencional: no dormían en la misma cama y durante muchos años ni siquiera vivían juntos. Gran parte del tiempo ella no estaba con Diego y por ese motivo él tenía amoríos. Frida, después del accidente que mutiló sus órganos sexuales, no podía hacer lo que una mujer supuestamente debe hacer por su marido. Y en todo caso, era lesbiana". Con esta extraordinaria revelación, pierde todo su brillo el mito de Kahlo y Rivera, los apasionados amantes que no podían vivir juntos ni separados. "Diego le tenía cariño a Frida y la admiraba", cuenta Dolores, "pero no era un ‘gran amor’ en ese sentido. Eran más bien como padre e hija. Él buscaba el amor de mujer en otra parte. Fue ella quien lo hizo ir tras otras mujeres. Diego estaba enamorado de mí. Frida me tenía muchos celos...". (2)
Recientemente, una película producida y protagonizada por una priista derrotada en su pueblo natal y avecindada en California, trae de nuevo el tema de Frida, pero ahora sí (ya que somos una sociedad madura, "desprejuiciada" y tolerante) podemos ver escenas en las que consuma su lesbianismo. Esa parece ser la mayor aportación de esta película, con lo cual supera a anteriores que no se atrevieron a mostrar de manera explícita este aspecto de la vida de la afamada pintora. La directora Julie Taymor ganó anteriormente un Guggenheim fellowship.
También han querido vendernos la idea de que Frida, autora de obras como "El marxismo dará salud a los enfermos" (sic) (no se la dio ni a ella), es muy representativa de "lo mexicano", lo cual es totalmente falso. Aunque se vistiera de tehuana, en realidad fue una apátrida cuya única bandera fue la del comunismo internacional (con la que marchaba públicamente y fue puesta sobre su ataúd), su himno "La Internacional" (el que cantaron en su sepelio en Bellas Artes) y su héroe el judío "Trotsky" (de quien han inventado que hubo un "enamoramiento"). Es decir, no hay nada más opuesto a la nacionalidad mexicana que el cosmopolitismo apátrida de Frida, quizá por eso su éxito fue promovido en y desde Nueva York, y no fue por la aclamación del pueblo mexicano, al que antes de la fabricación mercadólogica-publicitaria sólo le causó indiferencia o desprecio. Frida no tuvo un origen "proletario" ni su obra es representativa de la cultura popular, como en el caso de Posadas; más bien hizo una tergiversación burda de algunos elementos folclóricos que degeneraron en una paranoia de lo kitsch.
Su obra, carente de cualquier mérito artístico, ha alcanzado precios millonarios gracias a los aparatos propagandísticos-publicitarios de grupos influyentes que han promovido altos precios en subastas, como en el caso de Julien Levy (uno de sus amantes, dicen sus biógrafos), el primero que llevó a Frida y a sus cuadros a su galería de Nueva York, donde sus pinturas fueron convertidas de basura a obras de arte, gracias a otros judíos como Jacques Gelman. (3) En aquella época el "arte" no había alcanzado los costos estratosféricos que tiene hoy: "Los Picasso, los Braque, los Bonnard —comenta el pintor Gunter Gerzso, un gran amigo de los Gelman—, Jacques los compró en un precio relativamente bajo. No hay que olvidar que un Picasso o un Monet, después de la guerra, no costaban más de 3000 dólares. Lo mismo para el arte latinoamericano: Jacques me contó que un día, caminando por la calle 57 de Nueva York, vio en el aparador de una galería un Frida Kahlo. Se lo dieron en 300 dólares". (4) Esto nos muestra que en realidad son los mercaderes y dueños de galerías los que inflan los precios de las obras, no por su valor intrínseco, sino de manera especulativa.
Recordemos también que "El Sapo", gran marxista, pintó un mural en el "Rockefeller Center" de Nueva York, en la mismísima capital del capitalismo (y del comunismo). Anteriormente había pintado un mural en el edificio de la Bolsa de Valores de San Francisco, por invitación de William Grestle, presidente de la Comisión de Arte de San Francisco de esa ciudad. Pocos artistas pueden decir que han gozado de tantos privilegios e influencias a nivel de los más altos círculos políticos y económicos, incluyendo al Embajador de Estados Unidos en México Dwight Morrow, además del patrocinio de mecenas como Sigmund Stern y Edsel Ford. (5)
Como mencionábamos, se requieren intelectuales que validen como artístico, cultural e intelectual productos como éstos para que sean reconocidos públicamente como tales. Este trabajo para la creación del fenómeno Frida-Diego ha sido realizado de manera importante por Raquel Tibol, casada con Boris Rossen y proveniente de Argentina, donde cantaba durante su infancia versos en yiddish, (6) y cuyo trabajo como museógrafa, historiadora y crítica de arte es considerado como uno de los más respetables, el cual incluye decenas de libros, artículos y conferencias en los que se ha dedicado a construir el mito fridamaniaco.
En resumen, la "fridamanía" es una invención mercadológica que no surge por aclamación popular ni es un fenómeno que emerge espontáneamente de entre la plebe, como en el caso de José Alfredo Jiménez, "Los Tigres del Norte" o demás grupos musicales que son aclamados como ídolos porque verdaderamente llegan al corazón de los mexicanos, al ser expresión auténtica del alma popular. La "fridamanía" es una fabricación de grandes capitales que han invertido en su producción y comercialización: mecenas, intelectuales, dueños de galerías, museógrafos, promotores de arte y publicistas que "orientan" nuestro gusto y consumo. (7)
Uno de los dueños de galerías más importantes de México ha sido Alberto Jacques Misrachi, quien es considerado como: “verdadero orientador del gusto colectivo por más de seis décadas”, en las que tuvo estrecho contacto con los artistas plásticos y escultores más famosos de México: Diego Rivera, Frida Khalo, José Luis Cuevas, Coronel, Siqueiros, Cauduro y Tamayo, entre muchos más. Su hija Sylvia habla de él como "el negociador de arte más importante de México", y el que más sabía, tanto, que los artistas tomaban en cuenta sus consejos y opiniones, según expone en el libro: Alberto Misrachi, una vida dedicada a promover el arte de México, coordinado y editado por ella misma (1998). A propósito de los talentos específicos para cada ser humano, Sylvia Misrachi explica que, por regla general, "los artistas no saben de negocios, no saben manejar su mercado, por ello necesitan que los administren. La Galería Alberto Misrachi lo hace con los mejores desde hace más de 6 décadas y media". Como lo platica Sylvia Misrachi, lograr que la Galería Alberto Misrachi decida exhibir la obra de un pintor es relativamente fácil, simple: “me basta ver la obra para descubrir su valor”. (8)
El arte es la expresión del espíritu de un pueblo y el artista es el sujeto que lo plasma en una obra. Por eso los productos de inspiración judeo-comunista de Frida y "El Sapo" son completamente opuestos a las creaciones artísticas de inspiración popular y de militancia nacionalsocialista, las cuales representan imágenes de individuos física y psicológicamente sanos, en armonía con su entorno natural y su comunidad, conviviendo con alegría y fortaleza. Es claro que el valor de las ideas y los individuos se expresan en el arte. Comparemos y que cada quien elija con qué arte y qué artistas se identifica.
(1) Guillemro Kahlo nació en Baden Baden, Alemania. Llegó a México en 1891 y abrió la joyería La Perla; también trabajó en la cristalería Loeb y en la Casa Boker. Fue comisionado por José Ives Limantour para fotografiar edificios históricos y los que inauguraba el gobierno; era una especie de fotógrafo oficial del régimen porfirista. Cfr. Enciclopedia de México, Tomo VII, 1977, pp. 1100 y 1101.
(2) "Desde Nueva York, el arte de Kahlo y Rivera. El fin del mito de Frida y Diego", Cosas, 21 de junio de 2002.
(3) Jaques Gelman fue uno de los coleccionistas de "arte contemporáneo mexicano" más importantes. Era un judío neoyorkino proveniente de Rusia, hijo de terratenientes madereros que hizo fortuna en la industria cinematográfica como distribuidor. Cfr. Pierre Schneider, "El Arte de Coleccionar". Un dato interesante es que Gelman apadrinó al cómico "Cantinflas" para convertirlo en estrella de cine, acaso gracias a su matrimonio con una mujer de apellido Schilinsky (ahí está el verdadero detalle), hija de empresarios de carpas y teatros provenientes de Rusia. Parte de la Colección "Jaques y Natasha Gelman" pasó recientemente a formar parte de la Fundación Vergel, encabezada por Robert Littman, anterior director del Centro Cultural Arte Contemporáneo de México. "Cantinflas" fue francmasón, según afirman la Gran Logia de España y el Gran Oriente de la Francmasonería Universal de Uruguay en sus sitios en Internet.
(4) Citado por Sylvia Navarrete en "La Colección Gelman: Figuracion, Surrealismo y Abstracción". La colección, con un valor calculado en más de 300 millones de dólares, fue cedida por la viuda de Gelman al Museo Metropolitano de Nueva York, luego de que falleció. Cfr. La Vanguardia, 7 de mayo de 1998.
(5) "Tras donar 1500 dólares para un pequeño mural en una de las paredes de la Escuela de Bellas Artes de California, Grestle tuvo la esperanza de que Rivera llegara en breve a pintar. Pero Rivera no concluía aún una serie de grandes murales en la ciudad de México. Pasarían cuatro años antes de que Rivera llegara a San Francisco, y entonces pintaría para Timothy Pflueger en la Bolsa de Valores —con un contrato por 2500 dólares—, gracias a los esfuerzos de Stackpole, comisionado por Pflueger para varias de las esculturas del lugar. Sin embargo, el Departamento de Estado de Estados Unidos negó a este "comunista mexicano" una visa por seis meses para residir en Estados Unidos mientras pintaba este proyecto, a la vez que sus mismos camaradas no lo bajaban de lacayo del imperialismo estadounidense y cohorte de pagadores millonarios como el embajador estadunidense Dwight Morrow, bajo cuya férula pintó los murales del Palacio de Cortés en Cuernavaca en 1929. Por suerte, el mecenas del arte Albert Bender, un corredor de seguros que se había dedicado a coleccionar obras de caballete de Rivera, persuadió al Departamento de Estado de que revirtieran la restricción en el visado. De este modo, Rivera llegó a San Francisco en septiembre de 1930 —acompañado de su carismática esposa, Frida Kahlo—, en donde fue cortejado, agasajado y celebrado, y se puso a trabajar en el fresco de Timothy Pflueger en la Torre de la Bolsa de Valores...". Masha Zackheim, Diego Rivera en San Francisco, México, Conaculta, 1998.
(6) "Raquel Tibol: Me he ganado mi libertad", entrevista con Angélica Alballeyra, La Jornada, 23 de julio de 2002.
(7) Un ejemplo de como se forman los grupos que influyen en la promoción artística puede ser el de la pintora Olga Costa, fundadora de la Galería "Espiral" y cofundadora de la Sociedad de Arte Moderno, el Salón de la Plástica Mexicana y el Frente Nacional de Artes Plásticas. Lo que queremos señalar es que son grupos pequeños los que forman y controlan los espacios de promoción artística. Olga Costa es también hermana de la escritora Lya Cardoza, ambas hijas del espartaquista Jacobo Kostakowsky, emigrante que llegó a México con pasaporte Nassen (apátrida), luego del fracaso revolucionario en Alemania; anteriormente había huido de Ucrania por los progromos que entonces había. Véase: Lorena Zamora Betancourt, Olga Costa. Un espíritu sensible, México, Conaculta, 1996.
(8) Vicente Cantú, "Silvia Misrachi de Assael. El arte se siente, no se piensa", Personae N° 32, julio de 2002. Las galerías más importantes e influyentes de México se encuentran en la colonia Polanco de la capital, donde además de las Misrachi se ubican la Schwarcstein, la Schwartzstein Talinski y la del Deportivo Israelita, entre otras.