¡Libertad a Varela!

Así los queríamos ver: quemando libros…

¿Un acto típicamente fascista?

La sentencia contra Pedro Varela ha sido dictada: 5 años de prisión, 750.000 Ptas. de multa, pago de los costos del juicio y de las acusaciones privadas, y la incineración de todo el material secuestrado y los 20,900 libros (cuyo importe podría ascender a los 10 millones de pesetas). Entre ellos se encuentran títulos que ni siquiera se hallan en el sumario y ejemplares de la biblioteca privada del acusado, incluyendo fotografías y objetos personales. Dadas las tergiversaciones, las verdades a medias y las falsedades que se difunden sobre el acusado, se hace necesario ofrecer una visión propia.

 

¿GENOCIDIO?

Se afirma que Varela es culpable de ¡genocidio! Pero no se añade que se trata de una perversión del lenguaje llena de mala fe. Se ha creado una ley políticamente correcta por la que debe ser condenado todo aquel que cometa un genocidio, lo que encuentro justo, o a quien incite a que se cometa, lo que también es lícito. Pero se añade bajo el mismo epígrafe a aquellos que duden (minimicen) o nieguen que en algún momento histórico alguien haya perpetrado un genocidio hasta ahora aceptado como cierto. Se refiere, evidentemente, al denominado ¡Holocausto! de judíos en Europa durante la II Guerra Mundial. Puesto que ningún otro ¡Holocausto! será denunciado (los 60 millones de cristianos víctimas del Gulag soviético os saludan, los millones de alemanes víctimas del fuego y la persecución de postguerra claman por un recuerdo y los holocaustos de Dresde, Hamburgo, Hiroshima y Nagasaki están ahí, por no hablar del exterminio masivo de los indios de las praderas por los liberales norteamericanos), ni ningún comunista español será perseguido por lo que pudiera haber hecho Stalin en Siberia hace unas décadas.

Existen historiadores de la escuela denominada revisionista que dudan seriamente y con argumentos más que sólidos de las cifras y del volumen de la persecución contra los judíos. No niegan los campos de concentración, como se ha dicho en la prensa. Tampoco niegan la persecución de los judíos, como afirma la misma sentencia contra Varela. Pero sí niegan que se llegara a la cifra mítica de 6 millones a la que nos parece querer obligar la sentencia dictada. Pero es que incluso la historiografía oficial no revisionista ha dejado de aceptar hace tiempo esa cifra como válida, barajándose las más variadas, pero que en cualquier caso reducen el número de víctimas sustancialmente. Algunos libros de estos autores son los que ofrecía la Librería Europa, como el reciente de Roger Garaudy, Los mitos fundadores de la política israelí ¿Habrá que calificar a Pedro Varela de genocida por ofrecer esos libros a la curiosidad del lector o el investigador?. He ahí su único ¡crimen!. Y he ahí el verdadero motivo de la intervención policial y el vapuleo mediático.

Ha habido voces inteligentes y libres que han detectado la falsificación del lenguaje. El día de la sentencia, lunes 16 de noviembre de 1998, en un programa de la cadena de radio COPE, en el que participa Jiménez Losantos, se arremetió con dureza contra la sentencia. Al juez se le calificó de loco. Se estimó que era una sentencia peligrosísima por establecer un régimen dictatorial que impide la pluralidad.

Uno de los contertulios dijo que un juez al que le cayesen mal los comunistas podría decir que éstos mataron 100 millones de personas y, por lo tanto, todas las librerías comunistas habrían de ser cerradas.

Se preguntaron también que quién es el autorizado para decir cuándo una ideología es criminal y cuándo no lo es. Asimismo se dijo que lo que debe perseguirse es el delito, no el pensamiento, aunque no nos guste.

También dijeron que cómo iba a poder saber un ciudadano lo malos que eran los nazis si no se le permite ir a una librería y comprar sus escritos. Se dijo también que era penoso y triste cómo se iba poco a poco haciendo que todo el mundo pensara de la misma forma, penando con la cárcel la heterodoxia. Por último, los contertulios hicieron votos para que en la apelación se corrija esta locura y se absuelva a Varela.

Por otra parte, en la emisión del programa radiofónico ¡La Linterna! (Cadena SER) del mismo lunes 16.11.98, los intelectuales allí reunidos criticaron igualmente la condena, añadiendo que si alguien defendía que la luna era cuadrada, tenía todo el derecho a afirmarlo, por mucho que esa opinión contraríe las generalmente aceptadas. Otra cosa sería que se incite a robar bancos o asaltar a los transeúntes y a cometer asesinatos, cosas que evidentemente el Sr. Varela no hace.

En ese mismo sentido se expresaban sendos artículos en los diarios El Mundo y ABC del 18.11.98.



INCITACION AL ODIO RACIAL

La dictadura de los medios de comunicación y la nueva y pésima ley que defiende el juez Santiago Vidal que ha condenado a Varela (irónicamente socio de ¡Jueces para la democracia¡, asociación "progresista" de evidente carácter político), tergiversan nuevamente el lenguaje deduciendo que si alguien vende Mi Lucha de Hitler, forzosamente lo que está haciendo es incitar al odio racial. Contestar a semejante barbaridad supone un insulto a la inteligencia de mi amable lector y le dejo el trabajo a sus propias neuronas.

 

APOLOGIA DEL GENOCIDIO


Una persona medianamente inteligente comprende que bajo este epígrafe se engloba a alguien que no es genocida en sí, pero que propone, difunde o incita, mediante la palabras o el escrito, a que se asesine y mate a un grupo humano. Por ejemplo ¡mueran todos los castellanos! podría entenderse como un enfado de alguien o como apología del genocidio, porque se incita al asesinato de ese colectivo. En el caso de Pedro Varela no se ha podido encontrar ni un sólo texto hablado o escrito donde se propusiera semejante barbaridad. Es más, ni siquiera entre todos los libros históricos encontrados en la Librería Europa se ha podido demostrar que alguien pidiera el asesinato tácito de nadie, y aún así no habría sido responsabilidad del librero.


Pero la mala fe se hace nuevamente patente, porque ellos consideran que dudar de la historia tal y como nos la cuentan es lo mismo que hacer apología del genocidio. Y la dictadura mediática se desgañita sin cesar, reproduciendo lo mismo, hasta que una afirmación demencial se convierte en verdad absoluta por mera repetición ad absurdum.



LA NUEVA CENSURA


En el espíritu de la nueva ley, de todo el proceso y de la campaña de prensa existe un clarísimo espíritu censor, característico de enanos intelectuales que ha habido, hay y habrá siempre en todos los sistemas políticos. Pero antes no se apuntaban a "Jueces para la democracia", ni pasaban de "progresistas". Espíritus pequeños, en fin, que sin embargo no tienen el carácter necesario para pringarse y decidir cuál es el nuevo índice de libros prohibidos, lo que facilitaría el trabajo a las librerías y a los lectores. Simplemente envían a las fuerzas del Estado a que se lleven de forma arbitraria lo que les dé la gana y luego, muy democráticamente, deciden echar al fuego los cerca de 21.000 libros. ¡Admirable!

A estas alturas, sin embargo, se sigue sin saber qué libros están prohibidos en España y dónde se sienta el Gran Inquisidor a quien consultar qué libros vender y cuáles no, para evitar que inopinadamente uno quede convertido en "genocida".


¿LIBROS PROHIBIDOS?


"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión y a buscar, recibir y difundir las informaciones y las ideas" (Art. 19 Declaración de los Derechos Humanos).


Algunos títulos de los ejemplares secuestrados en la Librería Europa podrían contener opiniones contrarias a los principios básicos del ordenamiento constitucional, como por ejemplo el Mi Lucha de Adolf Hitler. Pero eso no supone incitar a nadie a que cometa crímenes de ningún tipo o incitación al odio racial y la discriminación. Nos encontramos nuevamente ante una inequivoca mala fe en la interpretación de la ley. Con su venta no es nuestra intención hacer apología de las ideas que en los mismos se contienen, sino únicamente facilitar su estudio por los especialistas o satisfacer la curiosidad intelectual del lector.

La Librería Europa pide al estimado comprador, una asimilación responsable del contenido del libro y NO SE HACE RESPONSABLE del mismo, lógicamente. Es un problema con su autor y con la historia. Se dispone de ejemplares para la investigación y el estudio.  

Progres?

Policía del pensamiento: todo está permitido, menos negar el holocuento.
Dado que NO EXISTEN LIBROS PROHIBIDOS en España, NO EXISTE UN INDICE DE LIBROS A PERSEGUIR, NO EXISTE UNA CENSURA, NO EXISTE UNA OFICINA DE CONSULTA de libros que pueden o no pueden ser vendidos, nos consideramos sin el derecho a impedir el conocimiento de la existencia de estos títulos al público.