El esperma, con misiles se lava
El ataque terrorista norteamericano del pasado 20 de agosto a presuntas bases integristas en Afganistán y a una fábrica de fármacos en la capital sudanesa (aparte del misil que por error hizo blanco en territorio pakistaní), como respuesta a los atentados a las embajadas yanquis en las capitales de Kenya y Tanzania, viene a demostrar por enésima vez cómo los imperialistas tratan de desviar la atención de los problemas internos haciendo la guerra fuera de casa. La mejor defensa es un buen ataque, como diría un entrenador de fútbol experimentado.
Nada nos importa la vida de ese demente calvinista apellidado Clinton, ni sus veleidades sexuales con busconas, ni las amplísimas tragaderas de su señora esposa. Sí, por el contrario, recordar a nuestros lectores y lectoras que el ciudadano Clinton, ese tipo de buena familia que se escaqueó de ir a Vietnam (era la época en la que iba de progre y fumaba hierba), especialista en suculentas movidas financiero-inmobiliarias y firmante cuando era gobernador de Arkansas de 21 penas de muerte. Esa es la superioridad moral yanqui. Y, como de casta le viene al galgo, Clinton detectó ipso facto a los culpables, los juzgó, los condenó y fue a por ellos: ¡Juez y parte ¡ ¡Aleluya!
La respuesta calculada yanqui no dice varias cosas. En primer lugar aunque la diplomacia yanqui se ha esforzado lo suyo en desmentirlo, se trata de un atentado contra el Islam, en el marco de la guerra del occidentalismo contra la religión y la forma de vida islámicas. En este sentido, el misil erróneamente caído en Pakistán no es otra cosa que una advertencia de los imperialistas a la nueva criada respondona que ahora dispone de bombas atómicas (los pakistaaníes eran hasta hace poco aliados de los yanquis frente a sus odiados vecinos indúes).
En segundo lugar, que la ONU no sirve absolutamente para nada, Mejor dicho, sirve para corroborar que el orden jurídico internacional(¿?) está en función del palo y tentieso para pobres y perdedores.
En tercer lugar, lugar, la desproporción de los medios empleados; esto es, los misiles mar-tierra teledirigidos, demuestran hasta qué punto el Tío Sam tiene el miedo metido en el cuerpo.
¿Dónde están los famosos marines (¡¡Señor, sí señor !!) cuando hay que enfrentarse a un enemigo fanático con agallas y en un terreno desfavorable? Simplemente, acojonamiento. A los yanquis les gusta jugar siempre a aplastar y, cuando no pueden, pues eso: Vietnam, Líbano, Somalia y alguna que otra zurra más.
¡Ojo! Desde Tribuna de Europa (sic) no apoyamos ni apoyaremos el terrorismo de marchamo islámico. Ahora bien, Yanquilandia es la potencia agresora frente al Islam. Esa entelequia llamada Occidente (Yanquilandia y unos cuantos cabos furrieles) está en guerra con el Islam, en la medida en que el Islam se niega a pasar por cedazo del mercado y el pensamiento único. Las carnicerías de Nairobi y Dar Es-Salaam no son la chispa, sino la consecuencia, la respuesta desgarrada a una agresión que viene de lejos y que tiene su punto culminante en la creación y consolidación del Estado de Israel; esto es, el cáncer occidentalista en pleno corazón geoestratégico islámico.
Por lo que respecta a la patética intervención del Sr. Matutes, que compatibiliza su cualidad de multimillonario y cacique de Ibiza, con ministerio de Asuntos Exteriores y lector de faxes que le envían desde la embajada de EE.UU. en Madrid, muy poco que decir. Es una prueba más que elocuente, por patética, de lo que pinta nuestro gobierno y nuestro país en el mundo civilizado: nada.
Artículo tomado de la magnífica revista Tribuna de Europa, N° 16.

Casualidad: Después de su reciente visita a Israel, la historia de Esther se repite...