Transfiguraciones y mutaciones de las izquierdas vergonzantes *
Si alguien planteara una encuesta y, consecuentemente, se interrogara sobre la existencia del PCE**, a buen seguro la abrumadora mayoría respondería que no, que el PCE forma parte y desde hace bastantes años- del desván de la historia contemporánea. Y, sin embargo, el PCE existe, existe capitaneando, de forma más o menos brumosa, la nave de IU.
El PCE vive, sí, pero sobre papel, de una forma larvaria, subsumido en una suerte de izquierda ecolo-polista-socialista, acaso como único antídoto para contrarrestar que las crisis personales de los antiguos rouges que aún siguen manteniendo la llamita del leninismo en sus corazones, no acabe, como en tantos y tantos casos, en el felipismo. Ni rastro del PCE stalinista (porque el PCE fue uno de los partidos más stalinistas de Occidente). Ni rastro del PCE post-stalinista de la "reconciliación nacional". Ni rastro del "eurocomunismo" que tanto ayudó a los azules de UCED ha sacar al país del túnel de crucifijo y el Montañas nevadas para ponerlo en la parrilla de salida del neoliberalismo De lo poco que quedaba en la década de los ochenta los cascotes del Muro de Berlín dieron buena cuenta. El comunismo se convirtió, así, en una antigualla, incluso en algo políticamente incorrecto, algo de lo que avergonzarse en público (y en privado). Fuera del PCE hubo, efectivamente, algunos jirones de la gloriosa extrema-izquierda de los sesenta-setenta, pero éstos no eran sino pálidas sombras cuyo discursillo consistía, todo lo más, en deshojar la margarita concentracionaria: Pol-Pot, sí Pol-Pot, no.
Aquí y ahora no existe el comunismo en España. No porque lo dijera una mayoría de ignorantes políticamente hablando, se entiende-, sino porque el pulso de la realidad sólo lleva a ese callejón sin salida. Desde comienzos de la década de los ochenta, la social-democracia se ha convertido en la red del trapecista, en el oasis del extraviado, en el madero salvífico del náufrago. O más: el pan suyo de cada día. De ahí que algunos líderes del comunismo-inserso, como Carrillo Solares, o del comunismo-quiero-y-no-puedo, como Anguita , quien por cierto acaba de abandonar recientemente la secretaría general del PCE, no han dejado de alertar de la penetración (¡!) del neoliberalismo entre las mesnadas de la izquierda, incluido el solar de la hoz y el martillo, en una reedición bastante patética por amnésica- del humo de Satanás contra el que alertaba Pablo VI poco antes de reunirse con su jefe- a su católica grey. El comunismo se ha convertido en su magnifico gestor de ayuntamiento y de restringidísimas áreas de poder donde ha podido sentar sus posaderas IU. Esto es: eficiencia, libertades liberales mercado, al fin y a la postre.
Nada nuevo, dicho sea de paso si, al margen del numantinismo coreano o cubano, o del nacioanal-comunismo ruso, lo comparamos con el resto de comunismos reconvertidos en una suerte de caterva de meritorios al servicio de la globalización ideológica y de la mundialización de la economía. Descarados coreanos (no comen) y cubanos (sueñan con dólares y pasaportes), sólo el nacional-comunismo ruso parece vislumbrar una ruta alternativa sólida a esta especie en vías de extinción. Cuando hace unos años, desde estas mismas páginas, hicimos un llamamiento sincero, que nada tenía de caramelo envenenado, a los comunistas a abandonar a sus jefecillos y integrarse en Alternativa Europea, muchos nos tacharon de paranoicos e incluso fuimos noticia (escandalosa) para quienes, ajenos a nuestra ruta, siguen marcándonos de cerca. Quisimos llamar la atención sobre una ideología anémica cuya perversión no esta tanto dentro, como desde la machacona programada anti.
Insistimos: en el comunismo hay valores nada desdeñables, ingredientes valiosos que incorporar ala arsenal de discurso de quienes pretenden hacer frente al salvajismo (neo)liberal. Que el puñado de comunistas que aún quedan en IU (y aledaños) quieran seguir empeñados en gestionar el capitalismo, no sólo no supone avance alguno, sino que contribuye a que el dichoso humo de Satanás (ya sea forma de Solé Tura, de Curiel, de Tamamés, de Sartorius, de Guerrero, de Almeida, etc., etc.) acabe carcomiendo los pulmones de estos auténticos últimos de Filipinas. Querían jugar a presentables. Lo apostaron todo por la partidocracia a cambio de soñar que Gramsci derrotaría por goleada a Milton Friedman y, a poco que se descuiden, no quedará ni el tiene que apagar la luz. Con y desde posiciones nacional-bolcheviques que los comunistas no tendrían, obviamente, nada garantizado, pero al menos podrían seguir siendo comunistas que, con la que está cayendo, no es poco.
Epílogo desde México
En México la historia reciente de la izquierda no es muy diferente, por no decir que casi idéntica. Véase si no: allí está el partido de los progres, con los militantes radicales en la trastienda; es el PRD, partido que se quedó con las bases militantes, pero que cambio las banderas y discursos reivindicatorios de la clase trabajadora por la defensa de derechos abstractos. Se trata de la fachada "moderna" de los "socialistas" vergonzantes; los que dicen que sobrevivieron al "68", los que se autoproclaman como los promotores de la democracia, siendo que ellos promovían la dictadura al estilo castro-guevarista y repudiaban al sistema de partidos como una fachada burguesa del capitalismo.
Lo interesante es que el PRD no es sólo un partido: es el espacio catártico en el que se reúnen los derrotados tras la demolición del Muro de Berlín. La frustración encuentra una válvula de escape en las prebendas que les brinda ahora el sistema que tanto se esforzaron en repudiar y combatir. Es la vitrina del vedetismo pseudintelectual, del radicalismo autoreprimido bajo consignas políticamente correctas, propias del establishment democratero; de búsqueda de holocaustos ficticios y sobrevivencias sufridas, ficticias, más que reales; de invenciones de causas lloronas y de culto y fascinación por lo más grotesco de la miseria humana subgénero gore que se ha convertido en el predilecto de los defensores ascéticos de los derechos humanos-.
Ahora que sus lideres han renunciado a toda lucha popular-revolucionaria, se enfrascan en pelear por lo más abyecto de la sociedad burguesa, a la que siempre amaron, por ejemplo la absurda entronización de los maricas, una inventada apología ecológica que no es real sino hipotética, rescatar tradiciones que sólo existían en las películas arrabaleras
No somos ninguna clase de antis del pasado, pensamos que los mejores militantes de la izquierda han pasado al anarquismo, desde aquí tendemos el puente
* Nota de la redacción. Artículo tomado de Alternativa Europea.
** Partido Comunista Español.