Las guardias de la porra

 

Todos los sistemas necesitan poder dominar "la calle", o sea enfrentarse a cualquier fuerza que quiera dominar el espacio público como lugar para imponer una Alternativa.

Los regímenes revolucionarios, que tienen aún el apoyo del pueblo y la juventud de los ideales enraizados, disponen de su propia militancia de choque, capaz de enfrentarse en la calle con cualquier fuerza contraria. Pero a medida que los regímenes pierden la raíz popular, y sus ideales ya no son apreciados pon una militancia política activista deben encontrar una solución a este problema.

La más normal es el uso de la policía, señal evidente de que un régimen ya no tiene idealista en sus filas, sino que debe recurrir a soluciones mercenarias. La policía, además, tiene varios problemas en su uso, básicamente que es impopular y que no puede actuar en lugares como universidades o escuelas, sin causar graves escándalos y una pésima impresión popular.

Por todo ello, los gobiernos que han perdido, o no han tenido nunca, capacidad de aglutinar una militancia política dispuesta a luchar por el sistema que sustenta a ese gobierno, debe recurrir a las Guardias de la Porra, a grupos militantes de ideas distintas a las del gobierno, pero que por diversos motivos, ya sea pon intereses o similitudes comunes, pueden ser manejadas por el Sistema para enfrentarse a los enemigos reales del mismo.

Podríamos poner un ejemplo en las bandas fachas que en los años 70 actuaban contra los marxistas y liberales en las manifestaciones universitarias. Eran muy eficaces, se trataba de bandas de jóvenes de grupos de tendecia ultraderechista, que con la permisividad de la policía franquista se enfrentaban a los grupos marxistas.

Esto hacía que no hubiera una imagen de represión policial directa, y que se pudieran saltar muchas de las limitaciones de una policía oficial, entre ellas actuar en los centros docentes.

Pero lo más curiosos era que estos grupos que actuaban de montones del franquismo todos ellos mantenían una posición política crítica contra el franquismo, al que acusaban de capitalista y corrupto. De forma que se había dado el caso bastante normal de que esos mismos grupos sufrían en otro momento la prohibición y la actuación de la misma policía franquista contra ellos.

Algo similar pasó –y pasa-, por ejemplo, con el régimen mexicano masónico-liberal de l PRI. Usaba a los llamados agrarios o sindicalistas que recibían prebendas del ejecutivo a cambio de su apoyo como fuerza de choque en las elecciones para falsificar votos y asustar a los oponentes.

Durante decenios esos grupos de agrarios echaban a los candidatos independientes de su pueblos, controlaban el voto y falsificaban los resultados de las urnas. No lo hacían por identidad ideológica con el capitalismo gobernante, y muchas veces habían sido ellos mismos despedidos y perseguidos si se pasaban en sus pretensiones de compensaciones o favoritismos.

Durante los años de la guerra fría, cuando el capitalismo trataba ante todo de limitar la influencia de los comunistas, en países como Italia o Francia, en bien reconocido que la CIA y los servicios secretos apoyaron a grupos de fachas para enfrentarse a los comunistas. Desde luego no estoy hablando de los grupos más ideológicamente preparados, sino a grupos de tendencia ultraderechistas. En aquellos años los comunistas podían con cierta razón acusar a esos "nacional-derechistas" de guardia de la porra del capitalismo. Así fue en muchos casos.

Tras la caída del comunismo como peligro real, pero sobre todo tras que los partidos comunistas se convirtieran a la religión del Mercado, aceptarán al Sistema y la mayoría de ellos adoptarán formas absolutamente integradas con el parlamentarismo liberal, las cosas cambiaron totalmente. La calle ya no estaba amenazada por alargadas marxistas, puesto que sus miembros habían sido integrados totalmente por el Sistema. Las universidades dejaron de ser rebeldes y el Sistema fue aceptado por todos… excepto por los nacional-revolucionarios y por minorías anarquistas y heterodoxas de la izquierda.

Estas fuerzas eran las únicas dispuestas a salir a la calle y llevar la política a la militancia activista, mientras que todas las demás abandonan la calle según la norma burguesa de considerar la política como una profesión y no como un hecho ético.

Desde luego, los matones del ultraderechismo dejaron de actuar en cuanto el comunismo dejó de ser un peligro, y se han recluido en los partidos de derechas, como ha sucedido en el ala ultra del PP, dejando de actuar en la calle como fuerza de alternativa radical. Y entonces aparece un fenómeno realmente curioso, los principios de la izquierda progresista son adoptados por la derecha, integrados en las leyes y, lo más interesante, apoyados totalmente por las grandes corporaciones financieras.

La igualdad (en todo menos en lo económico, claro, pero curiosamente la izquierda deja de reclamar la igualdad económica y se centra en la igualdad como utopía general de la persona, en raza, sexo, religión, nacionalidad, edad, etc..), la libertad sexual, el deseo de traer inmigrantes para integrarlos, la oposición a todo lo que huela a militar, las formas artísticas más extravagantes, la aceptación de la droga como algo dentro de la libertad personal y la permisividad moral en general, todo ello queda conformado como "religión oficial" del Sistema.

En los últimos años las grandes fundaciones financieras empiezan a dedicar enormes cantidades de dinero para fomentar estos valores. Asociaciones homosexuales, años contra el racismo, acciones sobre uso responsable de la droga, actos contra el fascimo (¿?), empiezan a recibir dinero a espuertas de las entidades oficiales, Unión europea, Parlamento Europeo. Diputaciones, Universidades, parte de los impuestos del IRPF, pero especialmente de la Fundación Ford, La Caixa, así como de otros bancos y aseguradoras que promocionan y financian este tipo de movidas.

Los grupos de izquierda radical, que se enfrentan al Mercado como base teórica, encuentran pues sus principios ideológicos bajo la protección y financiación de la banca y las fundaciones más puramente capitalistas, y desde luego, de las entidades oficiales mundialistas (ONU, UNESCO, UE, FMI, BM, etc, etc.).

Así se da la paradoja de que actos y ferias sobre igualdad o integración de la inmigración estén financiadas por bancos y multinacionales, pero los asistentes sean radicales de izquierda.

Empresas como Benetton a Levis, entre otras, absolutamente integradas en el Mercado y el capitalismo, llevan los principios de la izquierda progresista a los anuncios mercantiles de sus productos. Las grandes cadenas de información, empresas dependientes de bancos y financieras, dan soporte a esos mismos grupos radicales o presuntamente radicales.

Todo ello ha provocado una situación similar a la que pasaban con las bandas fachas bajo el el franquismo: las bandas de la izquierda radical se han convertido en guardias de la porra del Sistema. Bajo la bandera de progresismo y del antifascismo esas bandas agreden y persiguen a los radicales que se oponen al Sistema o a quien pillen por delante, mientras protegen y difunden las ideas y actos financiados por el Sistema.

Esos grupos dejan de centrar su lucha contra el capitalismo, contra la finanza y la opresión económica y se lanzan a la defensa de los valores asumidos plenamente por el Sistema. Sólo unas pocas formaciones anarquistas y los NR mantenemos un enfrentamiento radical contra "lo oficial ", incluyendo sus bases progresistas totalmente prostituidas por el Mercado, Peor ahora se encuentran que en vez de enfrentarse al Sistema y su policía mercenaria, deben además enfrentarse a una juventud progresitas que defiende al Sistema de Mercado a través de un progresismo aceptado y legal, pero que es vendido por la prensa como rebeldía juvenil, cuando realmente es servicio al Sistemas.