PRESENTACIÓN DE
EL SELLO DE LA MUERTE,
DE RAMIRO LEDESMA RAMOS
Infolibro de Ciberediciones Iberoamericanas
Autopresentación
Comienzo con una reflexión que se constata luego de haber estado en más de tres actos de este tipo. Consiste en los siguiente: así como todo homenaje es en realidad autohomenaje, toda presentación de libro es una autopresentación. Este es, por tanto, también nuestro caso. Celebramos así la publicación --es decir, el hacer público-- de esta novela de Ramiro Ledesma Ramos.
Es entonces una autopresentación, en tanto reconocemos en Ramiro al maestro, al héroe y, sobre todo, al camarada. Celebramos también que esta presentación no es --como pudieran ser otras-- un acto sectario. Y no podría serlo siendo congruentes con la obra de Ramiro. El Sello de la Muerte no es una obra doctrinaria para un grupo de fanáticos, ni manual partidario de militantes ni una cábala esotérica para iniciados.
El Sello de la Muerte es una joya literaria que como tal puede ser reconocida por propios y extraños; por convencidos y críticos; o simplemente por todos aquellos lectores de mente y corazón abierto para reconocer lo noble, lo digno y lo bello.
Este propósito por difundir El Sello de la Muerte no es meramente discursivo, pues para ello el formato de disco flexible permite la reproducción de la obra de manera libre. Es, por fin, una tarea en la que el dinero es poco necesario. Qué cada cual lo imprima, lea en pantalla, lo coloque en internet o lo que quiera. No seremos nosotros quienes pongan restricciones al respecto --como si hiciese falta decirlo--. Esta edición se constituye así, en una alternativa a las impuestas por los criterios y procesos de las editoriales establecidas en las reglas del mercado.
Contribuimos también en otro ahorro, el ecológico. Mérito que nos adjudicamos en una época en la que parece indispensable el discurso llorón y la pose dramática de señoritos que hacen de la bandera ecológica su modus vivendi y negocio personal. A esos también nos los ahorramos.
El estilo
En referencia al texto de El Sello de la muerte, destaca éste por la erudición de su estilo; bella retórica pródiga en pasajes de introversión que dibujan la lucha por la autoafirmación con el intelecto y las entrañas ante el drama de una existencia que reniega de la estrechez que le cerca la desgracia personal y la frivolidad de una sociedad seducida por la falsedad liberal.
Recuerda en esa angustia a la Primera Sangre de Malaparte, a la introversión relatada en El Hombre Acabado de Papini, y al estilo retador del Michael del Dr. Goebbels; pero este texto es un poco anterior a las obras de estos excelsos maestros. Publicada en 1923, a los años 18 años de edad, Ramiro da muestra, desde entonces, de la genialidad con la que edificó el pensamiento y la organización nacional-sindicalista. Dedicada a don Miguel de Unamuno, El Sello de la Muerte es una muestra de aquella vigorosa generación privilegiada de talentos que combinaron con maestría el arte de la escritura retórica y heroica con la lucha contra la canallada internacionalista.
Sobre el pensamiento político de Ramiro no podemos dejar de mencionar que apareció articulado por primera vez en las páginas de la Gaceta Literaria de Ernesto Giménez Caballero; y en la mismísima Revista de Occidente, de nuestro maestro Ortega y Gasset, alternando así con las plumas más brillantes de la época, antes de la imposición de la segunda República.
Habrían de coincidir así Ramiro y José Antonio en una circunstancia histórica y en un sentir nacionalista en la España que reclamaba su unidad de destino en lo universal; coinciden asimismo, como luchadores sociales, en la conducción intelectual y heroica que encontró la verdad de España que ya había sido dibujada en la visión profética del Idearium español de Angel Ganivet.
Novedad
Sería relativamente fácil escribir un texto introductorio sobre José Antonio, porque él ha recibido la gloria de la gesta española, por haberse mantenido al frente del movimiento nacional, lo cual permitió que su obra fuese publicada, estudiada y analizada ampliamente. En contraste, la obra escrita y vivida por Ramiro es muy poco conocida, no obstante que su estatura intelectual no es menos alta ni su capacidad política dista de la de José Antonio. Hay aquí, entonces, una deuda histórica que, por justicia, hay que restaurar.
Cierto que Ramiro, luego de tomar su propio camino, distinto al de José Antonio, no quedó en calidad de perdedor, mucho menos de un perseguido --nada más lejos de las purgas estalinianas y sus réplicas tercermundistas--, pero sí hay que reconocer que Ramiro pasó a un plano meramente nominativo en el medio falangista, y que su obra casi sólo se podía leer en breves citas en otros libros o se medio-conocía por autores que lo comentaban. También por ello cobra importancia la difusión de la obra de Ramiro, por escasa y original en su fuente.
Actualidad
Pero este breve relato histórico no es un ejercicio de nostalgia ni un pasatiempo retrospectivo. Si eso fuera, no tendría ningún caso esta edición. Por el contrario, esta edición constituye una aportación para el debate sobre el curso político que queremos para nuestra Patria Iberoamericana. Prueba de ello es que en estos momentos en España las formaciones políticas de vanguardia, las más críticas y propositivas, tienen como uno de los principales ejes de su reflexión el conjunto de obras de Ramiro Ledesma Ramos. Luego del hartazgo del pragmatismo de las izquierdas corruptas, y de la decepción de las derechas incluyentistas al grado de la sodomía, la figura de Ramiro se erige como faro que ilumina el sendero de la España una, grande y libre.
Y no puede dejarse pasar esta ocasión, hoy que hablamos de Ramiro, para reivindicar su figura como uno de los precursores de la tercera posición.
Ahora que están de moda los discursos débiles de los enanos de la política, qué lejos está la auténtica tercera posición del nacional sindicalismo, de toda la fauna progre, volcada en manada desde el dogmático carril de la izquierda hacia el cómodo y facilón carril de la tercera vía, desde el cual vuelven a sentirse en la ruta de la verdad y con el derecho a colgarse del pescuezo la etiqueta de intelectuales, para así tranquilizar su conciencia de los yerros de su pasado y fingir olvido de las convicciones que antes afirmaron.
Pero ya desde entonces Ramiro había advertido de lo decadente de los contenidos y prácticas de estas ideologías de plástico, así que no nos tiene pendiente la próxima moda ideológica. Nosotros, inspirados en Ramíro y otros pensadores de su generación, seguiremos nuestra propia ruta.
Y que cursis aparecen las historietas de moda de drogadictos, promiscuos o desclosetizados, comparados con El Sello de la Muerte, en la cual hay coraje, energía y voluntad --hombría, para decirlo mejor--, y no los dramitas llorones del victimismo; o la comodidad de un individualismo masturbativo, autocomplaciente; pusilanimería toda ella que tanto venden en cine y televisión.
Sí pasaron
Para concluir este comentario, hago referencia al legado que nos ha dejado Ramiro. Mientras los bárbaros coreaban "no pasarán" --como quienes quieren impedir el devenir histórico de la razón, gritando consignas con los ojos vendados por sus prejuicios y dogmas--, Ramíro construía nuevas formas de organización social, estructuras sindicales alternativas y la formación de consensos que fortalecían la unidad nacional, la identidad cultural y el desarrollo con justicia.
Y no obstante el crimen brutal y cobarde que cegó la vida de Ramiro, pasaron, como el río que busca su cauce y como la planta que busca la luz, pues en ella, y no en las tinieblas, está la vida.
Pasaron y os digo que seguiremos pasando.
Cayeron pues, Ramiro y tantos otros, pues no hay guerra que no cauce bajas, pero tampoco hay martirio que no rinda frutos, no hay lucha que no forme corazones ni heroicidad que no marque destinos. Nobleza de espíritu, claridad de pensamiento y decisión en la acción, es el legado que nos ha dejado, de lo cual nos podemos sentir orgullosos.
Ramiro Ledesma Ramos.
¡Presente!