LOS NUEVOS HOLOCAUSTOS
Y
LA IZQUIERDA RECICLADA
A
hora los genocidas están en nuestra querida tierra
iberoamericana. Ya no son oficiales de la SS ni jefes del partido
Nacionalsocialista, sino militares de las dictaduras de los años
setenta
y también de algunas democracias. En el primer
mundo sólo quedan militantes skinheads que dan de que
hablar por aporrear a uno que otro inmigrante negro o árabe,
pero a éstos se les puede acusar solamente de los delitos de
incitación al odio y racismo. Nunca jamás por genocidio
ni nada por el estilo.
Ya se acabaron los criminales nazis reclamados por el Estado de Israel y varios países europeos para que sean juzgados y condenados por crímenes contra la Humanidad. Si queda por ahí alguno, ha de ser de tan avanzada edad y de tan poco rango que tendrían que acusarlo de algo muy grave por lo menos unos 50 mil gaseados para que valiera la pena montar toda la parafernalia talmúdica de venganza.
Ante esta ausencia de victimarios, urge encontrar genocidas que sigan alimentando las causas victimistas, revanchistas y cobradoras de indemnizaciones multimillonarias. Hay que seguir alimentando el imaginario colectivo con escenas de malvados dictadores y sufridos perseguidos. El relato de Ana Frank es de hace muchos años, quizá no tantos, pero, ciertamente, se refiere a un periodo histórico ya remoto.
Les hacen falta narraciones frescas; de gente que hable en primera persona ante cámaras y micrófonos. Pero ante la falta de campos de exterminio con víctimas judías posteriores a la Segunda Guerra Mundial, surge la necesidad de hallar otros escenarios que recreen esta historia. Parece haber llegado el agotamiento de narraciones cinematográficas como las de Spielberg y géneros como el dramacausto y el comicausto.
Ante este vacío holocaústico se han tenido que fomentar conteos millonarios de víctimas de otras minorías, como las de gitanos, homosexuales, disidentes políticos, etcétera, aportando cada una de ellas su cuota al top ten del exterminio nazi. Pero estos relatos han tenido poco éxito, comparados con los de los judíos. Hacen falta víctimas que digan: "a mí me torturaron los militares por ser demócrata y de ideas progresistas. Yo conozco muchos desaparecidos soy de los sobrevivientes".
¡Buena idea! Los pepenadores del basurero de la historia son los mismos que anteriormente se proclamaron dizque científicamente como la vanguardia del proletariado, forjadores del inevitable devenir de un mundo socialista. Si antes de la caída de su Muro de Berlín y su Unión Soviética se ostentaron como intelectuales y luchadores sociales por recitar el manifiesto comunista y cantar la internacional, hoy, luego de que se les derrumbo su marco teórico-conceptual, se convierten ahora en sobrevivientes de represiones militares y campos de exterminio.
La izquierda tiene ahora nuevas banderas: la lucha por condenar a sus vencedores. Ya que no pudieron derrotarlos en el campo de las ideas ni en el de la arena de las urnas ni en la guerra, su revancha está en las proclamas de linchamiento. Su ascensión al poder fue fruto de su entrega al sistema partidista, desde el cual ahora ocupan posiciones privilegiadas para pedir sangre... y no se conformarán con menos. Tribunales internacionales; nuevos juicios como los de Nüremberg, para saciar su sed de venganza y su frustración. Los simios en el poder envidian al ser humano por ser superior a ellos. Para ello deben calumniarlo, silenciarlo y humillarlo. Esa es la tarea de sus tribunales.
Piden juicio para los militares de la guerra sucia; pero no señalan que en toda guerra hay dos bandos. La guerra fue sucia, sí, por ambas partes. Los desaparecidos y torturados estuvieron en los dos bandos. El secuestro, el homicidio y el terrorismo fueron prácticas de muchos de los ahora acusadores que disfrutan de los fueros y privilegios de un sistema democrático, que combatieron y al que luego se vendieron.
Recientemente en México, la ola delictiva que azota al país ha horrorizado a la sociedad por casos de secuestradores y asesinatos como los cometidos por el llamado "Mochaorejas" y otro de apellido Caletri. Estos criminales no son muy distintos de los que integraron la "Liga 23 de septiembre". La diferencia es que no hay un pretexto ideológico de por medio, como la de implantar el socialismo. Tal vez, si el tal "Mochaorejas" se proclamara marxista-indigenista y afirmara que posee una "base social", recibiría un trato distinto por parte del gobierno y de la opinión pública. El gobierno lo llamaría a dialogar y le ofrecería que participara en elecciones, mientras que la "intelectualidad" y la prensa lo proclamarían como un "luchador social", una especie de Robin Hood que le quita a los ricos beneficiados por el sistema para dar a los empobrecidos por el sistema.
El Libro Negro del Comunismo confirmó e hizo público lo que espacios de resistencia habían denunciado en referencia a los genocidios realizados por los dictadores de los países socialistas. Sin embargo, hasta ahora no hay jueces ni ONG´s que reclamen juicios por crímenes contra la Humanidad a quienes mantuvieron el régimen de horror en nombre del proletariado. Si buscan genocidas, seguramente los encontrarían en las policías de Estado de los países de Europa del Este. Pero es claro que no hay voluntad para hacer justicia.