VANDALISMO FANÁTICO EN LA UNAM |
Rojetes, los verdaderos enemigos de la inteligencia
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Cuando personas de conocida o supuesta filiación Nacionalsocialista critican procesos electorales y demás prácticas que se consideran como democráticas, se les insulta con toda clase de injurias o simplemente se les descalifica. Les dicen fascistas o nazis y con eso queda concluida cualquier discusión. Cuando emplean la violencia, cae sobre ellos todo el peso de la ley, con todo lo que ello implica: brutalidad policiaca, condenas excesivas y el llamado a su linchamiento en todos los periódicos, radio y televisión. Los detractores aluden inmediatamente al mitin en la Universidad de Salamanca, cuando un militar gritó: "¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!" O recuerdan la ocasión en que el Dr. Goebbels encabezó un acto simbólico en el que se quemaron libracos de autores judíos (Por cierto, ¿cúantos de sus críticos pueden presentar más grados académicos de los obtenidos por él?). Desde entonces, la propaganda demoliberal califica la quema de libros como un acto "típicamente fascista". La verdad es que no es un acto "típicamente fascista" ni "fascista", o, por lo menos, no se le puede atribuir exclusivamente la autoría de actos de este tipo a sujetos de filiación o simpatía fascista o nacionalsocialista. Una historia particular es la siguiente: en una universidad mexicana, a la que se le llama "La Máxima Casa de Estudios", se ha protegido y promovido a numerosas bandas de rufianes marxistas desde hace décadas. No es algo particular, desde luego, pues es algo que existe en muchas otras, pero el ejemplo que expondremos puede ser igualmente representativo. Hace un par de años, las autoridades universitarias y gubernamentales permitieron a los rojos apropiarse de los campus universitarios y que expulsaran a todos los que no pertenecían a su organización parasitaria, so pretexto de una "huelga" estudiantil (!). Luego de casi un año, cuando era una problema grave para el Estado, pactaron la desocupación casi total de las instalaciones. Su más reciente gracejada fue haber robado las urnas de una elección universitaria y quemarlas frente a la Rectoría, golpeando y amenazando a todo el que pareciera querer impedírselos, incluyendo profesoras. Esto fue realmente un acto típicamente comunista. Quizá por eso el vocero de la Rectoría aseguró que se trató de un incidente sin importancia. Alguien hubiera esperado un pronunciamiento que dijera: "las ideas se discuten, no se queman", pero no fue así. ¿Qué habrían dicho las autoridades y los medios de comunicación si estos actos los hubiesen cometido estudiantes con brazaletes con la cruz gamada? La "huelga" permitió a la opinión pública conocer un poco de las costumbres y vicios de estos fulanos: su impulso irrefrenable por la destrucción, su permanente disposición a la violencia, su habilidad para el hurto, su facilidad para empuercar todo a su alrededor, su gusto por la mugre, su dogmatismo discursivo, su odio contra todo lo que consideran como burgués, su incapacidad para dialogar, su miserable aprovechamiento escolar, la pobreza intelectual de su expresividad, la vulgaridad de sus pasatiempos, entre las más evidentes. Por ejemplo, cuando ocuparon por la fuerza la Dirección de Publicaciones, se le preguntó a uno de ellos por qué, y respondió que allí había libros para burgueses. En resumen, se trata de la personificación de la antítesis de lo que debe ser una comunidad universitaria. Ante el escandaloso desprestigio (de por sí) de esta universidad y el rechazo en el mercado laboral a sus egresados, sus autoridades han querido vender la idea (con poco éxito) de que los "megaultras" no son representativos de su comunidad, que son un grupo minoritario por el cual no debe juzgarse a una institución tan grande y añeja. En eso estamos de acuerdo, pero los hechos indican que aunque no son representativos de la mayoría de la comunidad universitaria, estos grupos han sido creados en sus instalaciones, solapados en sus fechorías, y beneficiados con bienes materiales y escolares. Por ejemplo, uno de los dirigentes de estas hordas, a sus entonces 29 años, presumió ante cámaras de televisión que tiene calificaciones de 10 en todas las materias de la licenciatura que estaba "estudiando". Es decir, un completo fraude académico. Un caso obsceno de calificaciones dadas por un director. Si la opinión pública no hubiese tenido conocimiento de las fechorías de este ganador de la Medalla "Gabino Barreda" (otorgada a los alumnos de más altas calificaciones), las autoridades universitarias le habrían entregado su título o las calificaciones que le hubiesen faltado para terminar (seán cuantas séan), como han hecho anteriormente con "n" cantidad de rojos, con el pretexto de quitarse problemas de encima. Un episodio gracioso fue cuando un grupo de profesores entraron a las instalaciones donde se disponían a dar clases o algo así (situación que rara vez se presenta), transgrediendo para ello las aduanas y cercos bolcheviques. Esta osadía la pagaron con unos cuantos golpes y la humillación pública, al obligarlos a desvestirse y marcharse por donde llegaron. No obstante, varios de estos profesores defendieron ante los medios de comunicación a éstos, sus alumnos, porque ellos mismos participaron en las revueltas rojas del año 1968. Aprendieron muy bien de ellos. No cabe duda. Así, mientras decenas de miles de jóvenes son rechazados para ingresar a esta universidad, ante la falta de mejores opciones, las autoridades garantizan la permanencia de éstos, sus hijos pródigos, los consentidos, durante lustros o décadas, como en el caso de un sujeto conocido por el alias de "El Roco", veterano huelguista desde 1968, quien fue aprehendido por dañar una de las pinturas murales en la fachada de la Rectoría. Pero en la mayoría de los casos, luego de que llevan ya bastantes años como parásitos, proceden a inscribirlos en la nómina, como profesores. El resultado en la calidad educativa con este cuerpo docente es juzgado en el mercado laboral en perjuicio de los egresados. En conclusión: son rojetes los verdaderos enemigos de la inteligencia; reproducen la ignorancia y la estupidez, son factor de descomposición social y degradan las instituciones educativas en las que parasitan. Tal vez un poco de fascismo ayudaría a "La Máxima Casa de Estudios" a realmente ser tal. |
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