COMO EL NAZIFASCISMO ES UNA FORMA
DE SOBREVIVENCIA AL MUNDO USURERO

Un articulo sobre la revista española La Codorniz, 1941-1977

Se presentaba como "la revista más audaz para el lector más inteligente". La Codorniz fue uno de los geniales conejos que Miguel Mihura sacó de sus Tres sombreros de copa. Humor del absurdo, ya que no podía hacerse humor de la realidad:

—¡Cómo se parece usted a don Vicente!
—Es que yo soy don Vicente...
—Pues más a mi favor todavía...

Hija de La Ametralladora de la Guerra, la revista de humor para el recreo del soldado nacional, lo que hoy entendemos por La Codorniz, aunque creada por Mihura, es un invento de Álvaro de Laiglesia. Hoy, Álvaro de Laiglesia como autor humorístico está completamente olvidado. Nadie se acuerda de sus libros, de los que se vendieron cientos de miles de ejemplares: Un náufrago en la sopa, En el cielo no hay almejas, Dios le ampare, imbécil. Humor con mucho de Pitigrilli, con mucha Italia y con mucha vieja literatura española. Álvaro hizo La Codorniz a su medida y a la medida de España. Álvaro era un hombre del régimen, ex combatiente de la División Azul, e hizo una revista del régimen. La maldad, en la revista, la ponía el lector, nunca la redacción, compuesta apenas por el propio director Álvaro y por el redactor-jefe Fernando Perdiguero, más aquel hombre-orquesta llamado Marciano, que era secretario, administrativo, contable, pagador... de todo.

Nunca le cerraron la edición a La Codorniz, al menos hasta que llegó Fraga con la Ley de Prensa. Esto es, el temporal que capeó bien fue el de la censura. Hecha a la medida del régimen de Franco y nacida en 1941, no logro sobrevivir a la transición, cerrando definitivamente la edición en 1977 por ruina económica. La España de las libertades ya no leía La Codorniz. Leía, en todo caso, Hermano lobo o Por favor. El humor empezaba a estar en los periódicos, cada día, en los dibujos de Forges, de Peridis, siempre de Antonio Mingote.

Todo el humor español de tres décadas largas del siglo, de los 40 a los 70, está en La Codorniz. Grandes escritores de humor, como Wenceslao Fernández Flores, Ramón Gómez de la Serna o Jardiel Poncela, y, sobre todo, una constelación de estrellas menores, de dibujantes y escritores, que van desde las leidísimas Cárcel de Papel y Comisaría de Papel de Evaristo Acevedo, a los mil y un textos del valencia Pgarcía, que era también Gmartínez. La Codorniz era el imperio del pseudónimo: Kalikatres, Chumy Chumez, Oscar Pin (que era el hijo de Fernando Perdiguero), Dátile. O los más recientes de Forges y Ops, quienes empezaron allí. Una revista  de Madrid, fundamentalmente, aunque desde San Sebastián enviaba Munoa sus dibujos de chicas estilizadas con viejos verdes del monóculo, siempre junto a las marquesas de tinto de Serafín.

Paradójicamente, de Andalucía, tierra de gracia y de humor, hubo muy pocos autores en La Codorniz. Pero es que siendo tan pocos, también han sido olvidados a la hora de los censos y si recordados, con el principal de todos, quizá, Antonio de Lara "Tono", inmenso patriarca sobrado de ingenio. Cuando se ha hecho la historia de la revista, casi han olvidado a Manuel Ferrand, el novelista, que publicó cientos y cientos de textos con el pseudónimo de "Tic" y decenas y decenas de "Críticas de la Vida", sin firma, así como muchísimos dibujos, especialmente de su personaje Don Perplejo, aquel señor que siempre se encontraba una manifestación cuyas pancartas estaban escritas en alfabetos indescifrables. En la fotografía imposible del humor español en La Codorniz, Manuel Ferrand "Tic" está por derecho propio. En esta España de escatimar méritos, casi nadie ha reconocido que Manuel Ferrand fue el inventor de un género hoy tan en boga como la crítica de televisión, que firmaba también "Tic", en la galaxia de los pseudónimos. Y junto a "Tic" hubo también en La Codorniz algunos sevillanos, como José Antonio Garmendia, que allí publicó sus primeros dibujos de Cipriano Telera con su boina y sus botas de becerro, o sus colecciones de objetos tan imposibles como inservibles, cual el cuchillo de dos hojas o la regadera de dos rosas. No debe, empero, extrañarnos el silencio sobre los andaluces de La Codorniz, entre los que también se encuentra el autor de esta evocación, que se firmaba "Coco". La historia la escriben siempre los vencedores. Y los vencedores, ya se sabe, viven siempre en Madrid. "Donde no hay publicidad, resplandece la verdad".