LOS ARTISTAS AHORA FASCISTAS
En Alusión a Enrique Jardiel Poncela
Un antiguo camarada comentó, en una de esas interminables tardes de café, el hecho de que hasta hace algunos años, no sabíamos nada del cine y la literatura de autores nuestros —y por nuestros debemos mencionar aquellos de la época y militancia de los fascismos—. De historia y revisionismo había mucho, pero de arte nada. Los libros que editó CEDADE no llegaban a México y no había quien los promoviera. Toda una generación simpatizante se quedaba sin referentes artísticos. Es verdad, nuestros referentes artísticos estaban en el canon grecorromano, el Renacimiento, etc., pero lo contemporáneo no existía. Al paso de los años descubrimos que existía cine, literatura, escritores y guionistas simpatizantes a nosotros y otras formas que las teníamos cercanas y de las cuales no nos habíamos dado cuenta. El descubrimiento es fascinante: Riefensthal, Brecker, Papini, Hamsun, Guareschi, y un afortunadamente largo etcétera, hasta pintores y escritores iberoamericanos. Sin estos referentes luchamos en los años 80 y siguen llegando cosas "nuevas". Gracias a excelentes camaradas como Ramón Bau, agrupaciones como la extinta CEDADE, el matrimonio Buela en la Argentina, la revista el Barco Vikingo y otras muchas, hoy es posible la difusión de lo cercano a nosotros. Frente a las obras materialistas del capitalismo y el marxismo, oponemos la visión estética nuestra que no es censuradora sino enaltecedora. Debemos encontrar más de estos lazos que hacen de nuestra ideología una cosmovisión.
El sistema adopta a los autores políticamente correctos a niveles de una neurosis talmúdica, hay que buscar los antecedentes para someterlos a un tribunal de olvido y el ninguneo o, en todo caso, adulterar las obras artísticas, como en el caso de Shakespeare, autor al cual en la celebre obra El Mercader de Venecia se sustituye la figura del hebreo usurero y rapaz por la de un "vampiro". Coincidimos en la analogía, pero esta adulteración es una ofensa a cualquier obra artística (verdaderamente artística). En su neurosis adaptativa hacen versiones de "Los Miserables", de Víctor Hugo, actualizándolas para que las escenas sean dentro de un "campo de concentración", auténtica esquizofrenia que no sólo trata de cambiar la historia sino también el terreno de la imaginación debe ser modificado al gusto del judío errante. No hablaremos del teatro y cine actual, pues casi en su totalidad les pertenece, es de ellos y nos les discutiremos esa podredumbre.
El clima de la intolerancia se hizo más radical, diremos, a partir de los años setenta, cuando se desvanecieron los últimos regímenes nacionalistas en el mundo, desde entonces la literatura y el cine de género holocáustico, pro comunista y de enaltecimiento de lo deforme, se ha impuesto gracias a los amos del dinero y ahora invaden el pasado como forma de hacer perder a los pueblos su sentir propio.
La dictadura democrática impone hasta lo que debemos soñar e imaginar, ya vemos según la doctrina freudiana como los sueños tienen un significado libidinoso, tal como los marcan sus historias de la Torá. Alberto Boixados en su terrible libro Arte y Subversión nos ofrece una panorámica de este aspecto cultural.
Una de las tareas de todo grupo orgullosamente de tendencia Nacionalsocialista es sacar a la luz todo aquello que representa la otra cultura y decirlo sin mistificaciones.
Nosotros presentamos en este artículo la obra de un genial escritor del humorismo español Enrique Jardiel Poncela, simpatizante declarado del sistema fascista y anticomunista convencido.
En el transcurso de la Guerra Civil, desde Argentina escribió contra la anarquía resultante de los gobiernos de la "República" y alzó la voz para repudiar el artero asesinato de José Antonio. Esta etapa fascista es poco difundida y no necesita que se efectúe, pues la calidad de sus textos es lo más importante, no su postura política, situación que en estos tiempos no TOLERAN los llamados tolerantes.
La situación para los mosaicos se presenta apta para un cuadro psiquiátrico, ¿cómo podrán borrar de la memoria de los pueblos el arquetipo que representan? Su persecución es profecía de su derrota, no podrán borrar todas las conexiones que la humanidad ha elaborado. Por cierto, recuerdo como aquellos marxistas setenteros se empeñaban en justificar las sandeces de El Capital, diciendo que habían encontrado "el capítulo inédito", a semejanza de los que fabricaron el "diario" de Ana Frank, pues ahora han encontrado la "segunda parte" en medio de un tronco.
Nosotros no encontramos ningún capitulo perdido, solo descubrimos lo que había sido silenciado después de la Segunda Guerra Mundial. Desde luego, las democracias no admiten que un hombre asuma los altos valores de su raza.
Poncela escribió libremente en la España franquista. En México se filmaron algunas películas basadas en sus novelas, época en que no regía por completo el control hebraico. He aquí una filmografía básica del cine mexicano basado en la obra jardielista. Y después, un articulo sobre su paso por el cine gringo.
Usted tiene ojos de mujer fatal (1945)
Producción: Pereda Films (México).
Director: Ramón Peón.
Intérpretes: Adriana Lamar, Ramón Pereda, José Baviera, Luana Alcañiz
¡¡¡Mátenme porque me muero!!! (1951)
Producción: Rodríguez Hermanos (México).
Director: Ismael Rodríguez.
Intérpretes: G. Valdés "Tin Tan", Óscar Pulido "Tun Tun".
Argumento: Basado en Espérame en Siberia, vida mía.
Las cinco advertencias de Satanás (1945)
Producción Abel Salazar (México).
Director: Julián Soler.
Intérpretes: Fernando Soler, Mª Elena Marqués, Abel Salazar.
Espérame en Siberia, Vida Mía.
Intérprete: Mauricio Garces.
Un Marido sin Vocación
(Narración escrita por Enrique Jardiel Poncela sin utilizar la letra "e", la más común en Castellano)
Un otoño —muchos años atrás— cuando más olían las rosas y mayor sombra
daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón
Camomila: la furia matrimonial.
—¡Hay un matrimonio próximo, pollos! —advirtió como saludo a su amigo Manolo
Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más
íntimos.
—¿Un matrimonio?
—Un matrimonio, sí —corroboró Ramón.
—¿Tuyo?
—Mío.
—¿Con una muchacha?
—¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
— ¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
—Lo ignoro.
—¿Cómo?
—No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla...
Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.
A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda,
algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La
moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).
Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!... Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal...
Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó
raudo, y unos gritos brotaron:
—¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!
Y los amigos cogimos otro sandwich —dozavo— y otra copita.
Y allí acabó la cosa.
Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí...
Al contrario: allí daba principio.
Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni
amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma
con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.
—¡Soy un idiota! —murmuró Ramón—. No valgo para marido, y lo noto cuando ya
soy ciudadano casado...
Y corroboró rabioso:
—¡Soy un idiota!
Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los
ojos subía dos mil grados la rabia masculina.
—¡Dios mío! —gruñía Ramón mirándola—. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa
como unas natillas!... No hay ya salvación para mí..., ¡no la hay!
Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.
—¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! —gritó.
(Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).
Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:
—Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco
valgo si
no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada...
Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.
Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón
hizo la burrada inicial.
Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.
—Grupo nupcial, ¿no? —indagó.
—Sí —dijo Ramón.
Y añadió:
—Con una variación.
—¿Cuál?
—La sustitución más original vista hasta ahora... Novio por fotógrafo. Hoy
hago yo la foto... ¡Viva la originalidad!
Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:
—¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión: La cara más alta...
¡Cuidado! ¡Así!... ¡Ya!
Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los
duros y salió con Silvia orondo y dichoso.
—¡Al auto! —mandó.
(Silvia ahora iba llorando)
—¡La cosa marcha! —susurró Ramón.
Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras
una boda.)
Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.
—Yo viajo con los maquinistas —anunció—. Voy a la locomotora... ¡Hasta la
vista!
Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al
arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.
Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y
marchó a la fonda a buscar a Silvia.
Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y
cogido a su brazo mórbido y distinguido.
Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.
Silvia sufría cada día más.
—¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! —murmuraba todavía Ramón. Pronto rogará
Silvia un divorcio total. Sigamos las burradas. Sigamos con la droga
antimatrimonial, multiplicando la dosis.
Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón,
un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los
criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.
Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.
Por fin lo trasladaron al manicomio.
Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia...
ENRIQUE JARDIEL PONCELA
La melodía prohibida
[basada en el guión de Paul Pérez, adaptado por Enrique Jardiel Poncela] ; prólogo de Juan B. Heinink y Robert G. Dickson
La melodía prohibida
Jardiel Poncela en Hollywood: La melodía prohibida
por Juan B. Heinink y Robert G. Dickson
Enrique Jardiel Poncela solía hablar de su paso por Hollywood en un tono entre indiferente y despectivo, como si el trabajo que allí realizó para los estudios californianos no hubiera sido más que un pasatiempo inútil. Lo malo de Jardiel es que era plenamente consciente de su enorme talento y ello le llevaba a pensar que casi todo cuanto hacía quedaba, en mayor o menor medida, por debajo de su potencial creativo. Cierto es que en su primer viaje a Hollywood no tuvo oportunidad de participar en ningún proyecto de especial relieve, porque tampoco los hubo. En 1932, los procesos de producción de cine sonoro todavía se encontraban a la busca de una fórmula satisfactoria y Jardiel había sido contratado para desempeñar un cometido tan ingrato y superfluo como lo era la adaptación de diálogos al castellano con destino al doblaje de películas americanas o para el rodaje de versiones españolas exportables hacia países de habla hispana. Así pues, y dejando de lado otras colaboraciones aún menos substanciales, entre octubre de 1932 y marzo de 1933, Jardiel sacó adelante los doblajes de El beso redentor (Wild Girl, 1932) y Seis horas de vida (Six Hours to Live, 1932), además de la adaptación cinematográfica de La melodía prohibida, film dialogado y cantado en español que produjo la Fox en 1933 bajo la dirección de Frank Strayer, y del que, al parecer, no se conserva ni negativo ni copia alguna.
Entre la información que recopilamos para elaborar nuestros libros Cita en Hollywood (1991) y la segunda parte de Los que pasaron por Hollywood (1992), hay varios documentos que guardábamos en reserva y que ahora nos permiten reconstruir al detalle el proceso de realización de La melodía prohibida. Fue a primeros de diciembre de 1932 cuando al escritor John Stone, bajo cuya responsabilidad funcionaba el departamento extranjero de los estudios Fox, se le ocurre la idea de una película ambientada en los mares del sur de cara a un próximo vehículo de lanzamiento del popular cantante José Mojica, y le encarga a Eve Unsell que fuera desarrollando el argumento, mientras el guionista neoyorquino Paul Perez, de ascendencia portuguesa, se ocupaba de convertirlo en imágenes. Ya en enero de 1933, una vez concluido el trabajo de Eve Unsell, entrarán en el proyecto el músico William Kernell, llamado en esta ocasión a llevar la continuidad, y Enrique Jardiel Poncela, quien entre el 9 de enero y el 25 de febrero se dedicará a traducir del inglés y redactar en castellano el conjunto del guión, incluidos diálogos y letras de canciones.
El rodaje duró tres semanas, del 21 de febrero al 11 de marzo y, aunque no existe constancia de ello, todo parece indicar que Jardiel intervino en el mismo en funciones de director de diálogos o supervisor escénico. Al protagonista José Mojica, para quien estaba destinado el papel del príncipe Kalú, le acompañaron las actrices Conchita Montenegro y Mona Maris, como Tuila y Peggy, respectivamente, y un reparto integrado por Romualdo Tirado (Al Martin), Juan Martínez Pla (Bob Grant), Carmen Rodríguez (tía Olivia), Antonio Vidal (el gobernador), Ralph Navarro (Tom Nichols), Agostino Borgato (Win Ta Tu), Charles Bancroft (Ricky Doyle) y Soledad Jiménez (Fa Uma).
La melodía prohibida se proyectó por primera vez en una función de preestreno que tuvo lugar el 31 de julio de 1933 en el Teatro Loew's State de Los Ángeles, entrando en distribución comercial a partir de septiembre. En los títulos de crédito, en su apartado literario, figuraba escuetamente: «Adaptación cinematográfica de Paul Perez y Enrique Jardiel Poncela», de modo que los nombres de Eve Unsell y William Kernell se perdieron por el camino, cosa bastante habitual en la industria del cine americano.
El desarrollo argumental reproducido a continuación pertenece al narrador anónimo que lo redactó para Ediciones Bistagne en 1933 y que dicha editorial catalana publicó por entonces en forma de novela cinematográfica. Cabe suponer que los diálogos fueran extraídos de la propia película y que algo en ellos habrá de Jardiel, aunque aparentemente renunciara a su autoría cuando en el prólogo del libro Exceso de equipaje (1943) advertía estampado en mayúsculas, para no dejar lugar a dudas, que todo cuanto no estuviera incluido en alguno de los tomos que él mismo recopiló «no es mío ni lo acepto como escrito por mí». Cualquiera puede comprobar que La melodía prohibida no consta en su colección de obras completas, pero tampoco sus restantes adaptaciones para el cine, y resulta difícil creer que renegara de ellas en bloque sino que, más bien, las considerara fuera del ámbito estrictamente literario.
Las canciones intercaladas a lo largo del relato corresponden a los siguientes títulos: País ideal (The Islands Are Calling Me), Siempre (Till the End of Time), La canción del paria (Derelict Song) y La melodía prohibida (Forbidden Melody), compuestas por Harry Akst, con letras en inglés de L. Wolfe Gilbert, adaptadas al castellano por José Mojica y Enrique Jardiel Poncela. También aparecen fragmentos de Como tú y yo y Cuando me vaya (When I Go Away), ambas con letra y música de María Grever (mexicana la que ahora se puede acusar de musicalizar películas fascistas)