LOS OTROS FUNDAMENTALISMOS
El dedo acusador del norteamericanismo judaizado apunta contra el fundamentalismo musulmán como el enemigo de "nuestras democracias". Paradójicamente, el discurso maniqueista (con la capital mundial de el bien fincada en Nueva York) que amenaza a todas las naciones con el ultimátum: "el que no está conmigo está contra mí", está plagado de expresiones y señales que exhiben el fundamentalismo calvinista que alimenta el odio a quien nos asuma su inferioridad y sumisión ante el poder del dinero y el destino manifiesto del capitalismo globalizador.
La continua repetición de expresiones como: "Dios bendiga a América" (América entendida como sinónimo de Estados Unidos de América), las oraciones públicas como actos políticos del poder, las expresiones religiosas mediatizadas, y el carácter moralista - pastoral con el que periodistas, comentaristas, analistas y líderes de opinión pontifican en prensa, radio y televisión, nos revelan, en conjunto, el espíritu del capitalismo y el integrismo prevaleciente en la clase política norteamericana.
Desde la lógica de los que se asumen a si mismos como elegidos, la violencia en su contra se define como "terrorismo", en tanto que, si se trata de defender sus intereses o imponer su voluntad, a la violencia se le llama "misión de paz", se expresa en términos técnicamente neutros, como "operación"; o se le dan nombres espectaculares al estilo hollywoodense, como "tormenta del desierto".
La afrenta al orgullo e intereses judíos no se conformará con la entrega, simulación de juicio y ejecución de un solo autor o un pequeño grupo de líderes (al estilo Nüremberg), sino que demanda para ellos una cuota de sangre con un exponente elevado al talmud y demás textos rectores de su relación con los no mosaicos.
En Afganistán, ante la violencia manifiesta y obscena de Estados Unidos en su contra; y la amenaza declarada y definitiva, las víctimas inocentes serán por miles, muchas de las cuales no recibirán un solo tiro, porque morirán por enfermedad y hambre, luego de abandonar sus ciudades y dirigirse hacia las fronteras cerradas de países vecinos.
La ocasión es magnífica para el ejército norteamericano al servicio de Israel, el cual ahora podrá proceder con toda impunidad contra sus enemigos declarados, acusados de terroristas, en África y en Medio Oriente. Inclusive contra los norteamericanos que dentro de sus propias fronteras denuncian el poder judío en su país (que algunos llaman como gobierno de ocupación sionista ) serán victimas de la persecución, de la intolerancia y de la proscripción, acusados de ser potenciales terroristas o complices de terroristas extranjeros. No sería la primera vez. Esta es una forma de darle la vuelta a la legislación que garantiza la libertad de expresión, de difusión de las ideas, de organizarse políticamente.