Cuando Osama Bin
Laden señaló como enemigos de los pueblos islámicos a
Israel, Estados Unidos y los cruzados, no se equivocó.
Si en la Edad Media los ejércitos cristianos combatieron
contra los islámicos para conquistar lo que consideraban
como Tierra Santa el lugar donde nació y murió el
fundador de su religión, luego de la creación del
Estado de Israel sobre territorio palestino, incluida la
ciudad de Jerusalén, la Iglesia Católica se ha
convertido en una fiel servidora del sionismo. Ahora,
mientras que el ejército norteamericano asesina
musulmanes por todo el mundo, el ejército israelí
realiza lo propio en el territorio que despojó al nativo
pueblo palestino, así como en los campamentos de
refugiados, extermino avalado por el Vaticano con su
cómplice neutralidad. En lugar de una enérgica condena
al Estado de Israel, dirigen a ambas partes un llamado al
diálogo y a la paz.
La Iglesia
Católica se ha vuelto fiel repetidora y reproductora de lo
políticamente correcto, que equivale a decir de lo políticamente
judaico. Todo el discurso que avala el sistema
usurocrático de dominación judía en el mundo y su
propaganda holocaústica, se ha vuelto doctrina
católica, a grado tal de falsear intencionalmente sus
propios textos religiosos para modificar los contenidos
que hablan de los vicios y crímenes de los mosaicos para
hacerlos parecer virtuosos (Véase el artículo de
magnífico valor revisionista: "El Rey David:
Genocida y Maricón", del camarada Juan Guerrero,)
La
opción preferencial por el pobre no encontró en el
pueblo palestino al sujeto concreto de la caridad y la
solidaridad, sino que toda causa de compasión hacia
ellos se subordinó a la sumisión a los "hermanos
mayores" judíos. La indiferencia y, por momentos,
desprecio hacia el pueblo palestino ha sido una de la
constante característica de la posición vaticana.
Veamos, a propósito, uno de los pocos pronunciamientos
oficiales hechos por la jerarquía romana, en la persona
del Cardenal Roger Etchegaray:
"Soy,
simplemente, el enviado del Papa Juan Pablo II, cuya
única misión, espiritual, es la de proclamar a
todos la Buena Nueva de la Paz, del Amor y de la
Misericordia que fue proclamada por primera vez,
después de los profetas, por Cristo en Esta Tierra
Santa, en esta Ciudad Santa de Jerusalén".
"Vengo, en
nombre del Evangelio, a aportar mi granito de arena a
la gran cantera de la paz abierta en este suelo
ensangrentado. Me dedicaré a ello en solidaridad con
todas las iglesias cristianas".
"Vengo en
nombre de Juan Pablo II que, con empeño no deja de
dar testimonio de respeto y confianza a los dos
pueblos, israelí y palestino, enfrentados hoy en
día, pero unidos por una aspiración profunda a
vivir en la libertad, la justicia y la seguridad a
las que tienen derecho".
"Vengo para
pedir que se haga todo lo posible para regular cuanto
antes la trágica situación de Belén y para que la
basílica de la Natividad se restituya a Dios y a los
creyentes. Todo puede suceder si cada ser humano cree
en su prójimo, sigue el camino del amor y no el de
la violencia".
"Pienso
también en los responsables políticos de los dos
pueblos, israelí y palestino. Acabo de ser recibido
por Moshe Katzav, presidente del Estado de Israel.
Seré recibido esta tarde por Yasser Arafat,
presidente de la Autoridad Palestina. Rezo por todos
aquellos que tienen en sus manos el destino de los
dos pueblos".
"Shalom,
Salam, la paz se construye solamente con las piedras
de un diálogo verdadero".
Sobre esta declaración
hacemos los siguientes comentarios:
- Wojtila no acude a
lugares donde no tiene garantizado el aplauso
fácil y masivo. No importa que sea a la que se
supone su Tierra Santa o la cuna del fundador de
su religión en Belén. Para eso envía a sus
subordinados
- Este Cardenal
atribuye al pueblo israelí la aspiración de
vivir en libertad, justicia y seguridad, con lo
cual ignora las resoluciones de la Organización
de las Naciones Unidas, para asegurar
precisamente la libertad, la justicia y la
seguridad, que no han sido cumplidas por Israel.
(Aquí no ha habido ni habrá Cascos Azules
para obligar a cumplir la voluntad de la ONU,
como ocurrió en Serbia, además de que se
aseguró que Sharon no irá a un tribunal
internacional como en el caso de Milosevic).
- Piensa en "los
responsables políticos de los dos pueblos".
De modo que atribuye responsabilidad de la
situación por igual a ambas partes
- La mismísima cuna de
quien se supone que fundó esta Iglesia (en caso
de que sea la misma) recibió el asedio militar
israelí sin la menor protesta del papado (sólo
pide que "se restituya" a los fieles y
a Dios). Quizá si una acción armada se llevara
a cabo en el Templo de Salomón o en el lugar
donde nació Moisés, hubiera causado una
reacción mucha más considerable.
Los
mismos que exigen o piden perdón porque el Estado
Vaticano se mantuvo neutral durante la segunda Guerra
Mundial, hoy son partidarios de la más absoluta
neutralidad en el conflicto en Palestina, que en un caso
tan injusto y desigual la neutralidad equivale a una
hipocresía a favor de Israel.
Quien
llegara al más alto cargo de la jerarquía católica por
los méritos de su juventud como protector de
delincuentes judíos, no abandona su carrera servil a
éstos, sino que continúa trabajando en la protección
de sus intereses y solapando sus crímenes. La condición
de salud de Wojtila refleja fielmente la descomposición
institucional de una Iglesia que en el pasado no dudó en
condenar al judaísmo como "deicida" y que no
maquillaba o alteraba los textos bíblicos para simular
los crímenes y la inmoralidad judía relatados allí,
pero que ahora se pudre en su inmundicia por dentro y por
fuera.
Mientras en todo
el mundo cunde el escándalo por abusos sexuales contra
niños cometidos por sus ministros de culto y pagan
indemnizaciones millonarias a padres de familia, en
algunos casos cuasilenones, la institución católica
descara su servilismo a los poderes judíos del dinero y
la política. Aquéllos viriles cruzados que con bravura
luchaban por su fe, nada tienen que ver con los
homosexuales abusadores de niños de hoy. Entonces
pelearon por Tierra Santa, mientras que ahora defienden
al Estado judío y sus intereses en todo el mundo.
Dicho de otro modo, la
creciente judaización sionista de la Iglesia católica
es proporcional a su homosexualización criminal. Su
discurso moralista condenatorio del orgullo racial
blanco, el revisionismo histórico y la crítica al
sistema partidocrático-demoliberal, encubría, según
dejan ver los escándalos recientes en varios países del
mundo, una guarida de pedófilos protegidos de manera
institucional.
Por lo menos
entre los musulmanes no hay una bestialidad como esta, so
pena (merecida) de muerte. Cuanta razón tiene "el
hombre más buscado del mundo", Osama, ¿cómo no va
a ver en estos cruzados de sión una presencia diábolica
que amenaza al mundo islámico con llevar esa podredumbre
a sus pueblos que son pobres, pero en los que no hay tal
depravación institucionalizada? Fácil es escandalizarse
del trato discriminatorio contra las mujeres en los
países islámicos, pero que difícil es aceptar que es
mucho más indigno el "trato" que en nuestras
sociedades occidentales se está dando a los niños
abusados sexualmente, peor aun por quienes se esperaría
que fueran capaces de ofrecer su vida por el bien de
estos inocentes a los que su supuesto fundador
(¿Cristo?) tenía como predilectos.
Queremos
seguir oyendo los sermones papales contra el
Nacionalsocialismo y propagando la mentira holocaústica.
¿Con qué calidad moral puede atreverse a juzgar a
cualquiera fuera de la mafia a la que pertenece? La curia
vaticana sólo merece seguir pidiendo perdón al pueblo
judío y convertirse (si no es que ya es) en prosélita
de la puerta.
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