EDITORIAL
En un mundo en el que izquierdas y derechas se amasian transexualmente en un centro político estéril en el que pactan sus cuotas de poder, el socialismo nacionalista se confirma como la única opción que se opone verdaderamente a un sistema en el que todos los demás actores políticos representan la misma podredumbre que sólo inspira indiferencia al electorado. Así, Jean Marie Le Pen acrecenta su liderazgo y representatividad como el hombre que llama a despertar a una Francia que pierde su futuro a la par que su identidad.
Por otra parte, aunque en ÚLTIMO REDUCTO respetamos a la religión católica como a muchas otras confesiones, en esta ocasión manifestamos nuestro repudio a su institución, en especial a su jerarquía, la cual dista mucho de aquella que condenó al liberalismo, la masonería y el comunismo, y que contaba entre sus pastores con excelentes guías como los monseñores Jouin o Caro, que denunciaron públicamente la conjura judía. Por desgracia, ahora la institución católica se ha convertido en propagandista de los intereses judíos; defensora a ultranza de lo políticamente correcto con discursos que sirvieron también como fachada que ocultaba una red internacional de pederastas protegidos institucionalmente, como ha quedado demostrado.
La judaización manifiesta del Vaticano con su apoyo al sionismo que roba y mata a los palestinos encuentra, subrepticiamente, al Rey David como el ejemplo de "santidad" que viene siguiendo. Según nos deja ver el camarada Juan Guerrero, con un magnífico trabajo de revisionismo bíblico, el famoso vencedor de Goliat era un homosexual que daba rienda suelta a sus pasiones sodomitas y asesinas. Por eso no debe extrañarnos que un clero católico que reconoce en los judíos a sus hermanos mayores, sea un fiel defensor del Estado genocida de Israel y, a la vez, esté plagado de pederastas, encubriendo a sus propios criminales con el mismo celo con el que modifica los textos que evidencian las perversiones davidianas.
Y hablando de las víctimas de la complicidad Israel - Vaticano, hacemos una reflexión sobre los niños héroes palestinos, comparando su situación con la de los niños judíos. Hijos de extranjeros invasores, los engendros del Estado de Israel se convertirán, con el paso del tiempo, en los sharones que exterminaran niños palestinos en campos de refugiados, y a los que sobrevivan y tomen las armas los presentarán en la prensa como terroristas para justificar su persecución y asesinato. Reconocemos en estos niños que se ven obligados a empuñar las armas a unos auténticos patriotas como aquellos que en la ciudad de México se enfrentaron al invasor norteamericano y son horados como héroes nacionales. Palestina no tiene seis niños héroes, tiene muchos más y no todos sus nombres alcanzaran un lugar glorioso en la historia, pero su sacrificio algo habrá de contribuir a escribir una mejor historia.
Pero como no nos dedicamos solamente a la crítica de la podredumbre y la canallada, ofrecemos a nuestros lectores un texto en el que hacemos un reconocimiento del talento de un novelista que no ha gozado del reconocimiento que merece de parte de las militancias nacionalsocialistas de habla hispana. Nos referimos al maestro Alberto Ortíz, quien ha realizado una obra interesante cuya difusión ha sido completamente marginal. Justo es que hagamos una mención de su valía y que contribuyamos a que se conozca por diversos medios a públicos que en distintos puntos de nuestra patria iberoamericana encontraran en su lectura un peculiar estilo que ensaya sobre la denuncia y la militancia con sentido del humor y cáustica desafiante a la tiranía plutocrática.
Este verano de 2002 vemos con agrado el trabajo de los partidos Nuevo Triunfo y Nueva Sociedad, de Argentina y Chile, respectivamente, los cuales se preparan para competir electoralmente con muchas posibilidades de éxito, a pesar de lo excluyente del sistema y la campaña desinformativa en su contra. Confiamos en que sus orígenes e intereses genuinamente populares y la valía de sus propuestas políticas habrán de ir constituyendo una magnífica opción para sus electorados y que marcan una ruta interesante que puede ir permeando septentrionalmente.