La Traición del 11 de Septiembre

Un Nuevo Pearl Harbour

En nuestro número anterior lo afirmamos, y al paso de estos meses ya no cabe la menor duda de que los servicios de inteligencia de Israel y de Estados Unidos tenían conocimiento previo del atentado terrorista del 11 de septiembre en Nueva York. El patriota norteamericano David Duke fue el primero en llamar la atención sobre este crimen y comunicarlo así a la opinión pública, señalando en su argumentación, entre otros datos, el hecho de que ese día no se presentaron judíos en las torres babélicas, como prueba una sola excepción en el reporte de las víctimas.

Ahora el presidente Bush trata de probar que no tuvo conocimiento de que iba ocurrir un atentado con tales características o que los servicios de inteligencia tenían conocimiento de que iba a pasar algo, pero no sabían exactamente lo que iba a pasar. Lo que está cada vez más claro es que tenían identificados a los terroristas y seguían sus movimientos. Los dejaron ir y venir, y hacer cuanto quisieron. Claro, ¿qué servicio de inteligencia va a suponer que un terrorista que toma un curso para pilotear un avión, lo haga con el propósito de estrellar alguno contra tal o cual edificio? Si tuvieron conocimiento de la coordinación de sus acciones, seguramente supusieron que si todos ellos iban a tomar distintos aviones a la misma hora, era para trasladarse de un lugar a otro y por eso permitieron que abordaran.

Esta inocencia de los servicios de inteligencia sólo es comparable con la que hubo en el caso de Pearl Harbour en 1941, que conociendo los códigos de clave de la marina japonesa no hicieron nada por prevenir el ataque "por sorpresa" a la base naval, aunque aseguraron que los buques de guerra importantes no estuvieran allí a la hora del bombardeo de ese 7 de diciembre (como en el caso de los judíos que no se presentaron esa mañana en las torres).