SAPOS INFLADOS

Juan Guerrero

 

Como se sabe, a algunos batracios la naturaleza les dio como defensa inflarse, para verse mucho más grandes de lo que son y así defenderse de sus depredadores.

Ese mismo truco lo ha empleado la humanidad. Infla a artistas, deportistas, escritores, científicos y muchos más; cuando ya no le conviene, los olvida, ya sea porque dejaron de ser productivos ($), pasaron de moda o no conviene políticamente. Incluso en su cumbre a muchos personajes es válido atacar y discutir sus ideas o actuaciones sin ser mal vistos por el Sistema. Pero hay tres sapotes, que se inflaron muchísimo, uno de ellos hasta reventar y ahora ya se puede discutir; otro se está desinflando y se puede hablar sin problema en contra y el tercero es por lo pronto intocable.

Trataré de comentar sobre estos seres, que francamente más que batracios inflados son viles gusanos salidos de un sepulcro y no blanqueado.

Empezaremos en orden cronológico. Carlos Marx (1818-1883) creo que cualquier cosa que se me ocurra, sobre este judío, ya se dijo antes. Por más de un siglo hubo mucha gente que apoyó el sistema que creó. Por años se infló de una manera desorbitada, ¿en cuántas universidades, se daban como verdad suprema las mentiras de ese hijo de un rabino? Se montó una organización para engrandecer a ese individuo: estatuas, marchas y desfiles con carteles exhibiendo su rostro; miles de libros elogiando sus ideas, claro, la mayoría auspiciados por gobiernos comunistas. Afortunadamente, la mentira se desinfló.

En su momento, el monstruoso comunismo eliminó a más de 70 millones de personas, y sigue eliminandolas, aunque en menor escala, en Cuba, Corea del Norte y China (de gobierno comunista, pero de sistema de explotación supercapitalista). Y no precisamente eran sus hermanos de sangre los que lo alababan, miles de otras razas, muchos de ellos oportunistas, se volcaban en alabanzas, sabían que el Sistema los premiaría, o si no, los tendrían en lista de espera.

Se puede decir que terminó la putrefacta pesadilla marxista, quedan restos pero sin la fuerza ni arrogancia de antes, pasó de moda; ahora da más prestigio hablar de la globalización y libre mercado. Pero volviendo la vista atrás, da hasta vergüenza, que tantos "intelectuales" lo hayan apoyado y sin ningún empacho le llamaban "socialismo científico" a ese vómito judaico.

Otro sapo inflado, en franco declive, es el judío Sigmund Freud, quien nació en 1856, vivió casi toda su vida en Viena; cuando fue la adhesión de Austria a Alemania, se fue a Londres, donde murió el 23 de septiembre de 1939. Seré breve al tratar sobre él. Sus tesis se derrumban en esta época, pero cómo lo apoyó la judería en su momento.

El sapo superinflado, de moda actualmente y además se sigue alabando en cientos de publicaciones, televisión y en todos los medios posibles, es Alberto Einsten. Es casi intocable su figura, o por lo menos yo no he visto algún comentario fuerte en contra sobre ese judío, nacido en marzo de 1879 en Alemania, quien pasó su juventud en Munich y vivió en Milán, Italia unos años.

Ha llegado a situaciones en verdad ridículas la veneración, ya no digamos por él, sino por sus tesis. En un programa de Discovery Chanel, se comentaban de ciertas partículas, las cuales desarrollan una velocidad mayor que la luz; el narrador, inmediatamente aclaró que eso no significaba que estuviera contra la teoría de Einsten (según el "sapote" nada puede ser más rápido que la luz) y daba no sé que explicación para no "ofenderlo". ¡A qué extremos se llega!

Un halo de magnificencia rodea su figura, se promueve su nombre como sinónimo de inteligencia. Es difícil encontrar datos sobre su vida privada, el Sistema lo enfoca como un inmaculado; se casó en 1903 con Milena Maritsch, una física, tuvo dos hijos; Hans Albert y Eduardo. En 1914 se divorció de ella y al poco tiempo se casó con una prima de él (al parecer, sólo una pariente con su misma sangre lo aguantaba).*

Antes de la Gran Guerra, Einsten era un destacado pacifista en Alemania. Apoyaba y formaba parte del movimiento sionista mundial. Esto molestaba a lo gran mayoría de los alemanes, pero le fue muy favorable, después de la guerra. Era invitado a todos los congresos científicos como representante de Alemania, los demás profesores que en su momento no fueron "pacifistas", no los tomaban en cuenta.

En 1933, con la llegada al poder del genial Adolfo Hitler, muchos parásitos abandonaron Alemania, entre ellos el repugnante Alberto Einsten (todo sionista lo es), quien se marchó a Estados Unidos Allí, inmediatamente siguieron inflando a este sapo como científico de gran renombre. En Europa, ya el mundo "científico" se había encargado de ponerlo como un sabio, hay que recordar que la ecuación E=mc2 fue descubierta en 1903 por el científico italiano Olinto Pretto, claro, hoy olvidado, porque no debe de hacerle sombra al sapote sionista. Además, los "descubrimientos" de Einsten fueron publicados antes. Espacio-tiempo, Lowachevsky; geomoetría no euclidiana de espacios, Reiman; teorema de Noether, Emmy Noetehr; definición matemática de la relatividad, Hilbert, además de los científicos Reimann, Lowachevsky, Plan y muchos otros. Claro, para el gran público que conoce únicamente la información del Sistema, cree que Einsten inventó todo.

En 1939, el "pacifista" Einsten, envíó una carta al presidente Franklin D. Roosvelt, explicando la factibilidad de la construcción de una bomba atómica, y esa carta influyó mucho para desarrollar el proyecto Manhattan, que hizo la primera bomba atómica, aunque Einsten no formó parte de la investigación ni en la fabricación.**

Después de la guerra, cuando ya no había enemigos a quien lanzarle la bomba, volvió a su "pacifismo" y expresaba su rechazo a la elaboración de armas nucleares, quedando ante el gran público y nuevas generaciones como un santón de la paz.

Cuando murió Einsten, una mañana del 18 de abril de 1955 en Estados Unidos, había dado instrucciones de que su cuerpo fuera quemado y sus cenizas arrojadas a cierto lugar que no se hizo público. No deseaba que su tumba se constituyera en un lugar de peregrinaje. Sin duda, la mejor ocurrencia que tuvo en su vida. Nos libró de ver en periódicos, revistas y televisión ¡a cada imbécil!, haciendo homenaje en su tumba.

Y también hay sapas infladas. Para muestra basta un botón. La polaca de origen judía Marja Sklodwska, era física. Emigró a Francia. Allí conoció en París a Pedro Curie y se casó con él, cambiando su nombre a María Curie. Ambos descubrieron el radio, elemento radioactivo. En 1906 murió Pedro Curie, atropellado por un carro de caballos. Él tenía un amigo, el judío Paul Langavin, que al poco tiempo tuvo amoríos con María Curie.

Bueno, no es para escandalizarse y menos en el siglo XXI de una relación así, pero... Paul abandonó a su esposa y cuatro hijos, y se fue a vivir a un departamento a diez minutos del laboratorio de María Curie. La señora de Paul consiguió las cartas que se enviaban los amantes y parte de ellas fueron publicadas en Le Journal, en 1911; en las que María Curie le decía al "novio" que dejara a los hijos y mandara a un manicomio a su mujer, cartas en verdad monstruosas, inconcebibles entre unos amantes normales. Bueno, ya se han de imaginar el escándalo de la publicación de esas misivas. Pero la conducta poco ética no importó para que a esta sapa la inflaran.

Buscando información en el internet, me encuentro un tango, que dice en su letra:

Maria Curie ...María bondad

si tu me prestaras

tu gracia tan clara...

morir por amor.

Pensé de momento, "sería compuesto a una homónima", pero la siguiente estrofa aclaró mi duda:

novia de la ciencia

divina conciencia de la humanidad.

Ni los narcotraficantes, que pagan por la composición de sus corridos, han llegado tan lejos.

No niego el esfuerzo de la investigación del matrimonio Curie. Lo que molesta es la propaganda exagerada; claro, a eso contribuyó el sionismo. Si ella hubiera sido china, guatemalteca o peruana, dos renglones en una enciclopedia serían más que suficientes para recordarla y un artículo cada 50 años en la revista Selecciones.

____________________

* Algo más o menos frecuente entre judíos, sobre todo con el propósito de conservar o ampliar la fortuna familiar, lo que ocasiona taras mentales y demás enfermedades congénitas entre sus descendientes con mayor frecuencia que en otros pueblos. Nota de la redacción de UR.

** Con el patrocinio de la Fundación Rockefeller. Nota de la redacción de UR.